Conversaciones en el andamio: A golpes. Por Francisco Gómez Valencia

Conversaciones en el andamio

A golpes

– Buenas… ¿a la 6ª?

– Sí, gracias.

– Hoy es martes y trece…

– ¿Eh?

– Nada que: ¿Cómo esta la cosa verdad?

– ¡Si! Ya va haciendo mucho frío…

– ¡No…! A ver, si yo lo digo por lo de los golpes de Estado y eso…

– ¡Ah bueno! Pensaba que hablabas del tiempo, como estamos en el ascensor…

– ¿Has visto lo que dicen? Que la socialista griega del Parlamento en Bruselas como ha robado es de derechas ¿Por robar supongo…? Esto también es un golpe muy duro para la institución.

– Para golpe el que ha pegado ella y sus socios: ¿No te parece?

– ¿Ya pero lo de volverse de derechas por robar?

– Ya lo dijo mi suegra cuando “el Sabina” se cayó del escenario… “con este del hostión se ha vuelto hasta facha”, pues eso…

– Ya te digo, no hay nada como un buen golpe a tiempo…

– Eso parece.

Feliz día de San Hermógenes, Nuestra Señora de Guadalupe, Santa Juana de Chantal y Santa Mercuria.

 

Españistan 13|12|22

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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