Conversaciones en el andamio. La nena de “la Rosi”. Por Francisco Gómez Valencia

Conversaciones en el andamio: La nena de “la Rosi”

La nena de “la Rosi”

– Hola majo, me dejas que me cuele…

– Sí, claro, que remedio.

– Espera no te vayas que así me llevas un par de bolsas.

– Joer…

– ¿Has visto que en Mallorca si no sabes catalán antes de contestar en español hay que hacerlo por señas? Mi Rosita ya me ha dicho que “nanay de la China”; que ella si eso habla bajito pero que en catalán ni loca. Mi nena estudió turismo, ¿sabes? y está de recepcionista en un hotel muy bueno de tres estrellas o cuatro. Yo he estado y tiene “picina”.

– ¿Pero cuánto lleva Rosita allí?

– Treinta años y ahora le dicen que aprenda catalán. Vamos, que ni loca. Antes se vuelve a Jaén.

– Pues nada mujer, que hable bajito con la boca pequeñita y mueva mucho las manos a la vez.

– Eso la he dicho yo; que qué va a hacer ella en Jaén: ¿recoger aceitunas en la finca con su hermano?

– No mujer. Su Rosita vale un Potosí. Sus bolsas. Dele recuerdos…

– Pues eso mismo digo yo.

Feliz día de San Nicasio y San Juan de la Cruz.

 

Españistan 14|12|22

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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