El precio de la integridad: Los Magnicidios y Complots contra Jefes de Estado Negacionistas. Por Lucía Martínez

EL PRECIO DE LA INTEGRIDAD. Los Magnicidios Y Complots contra Jefes de Estado Negacionistas

«Lo que vino a confirmar el magnicidio de Magufuli fue que tres altos cargos de su Gobierno fallecieron con un intervalo de tiempo de meses»

Todas las víctimas de la pandemia son sin duda importantes y hacia todas ellas van mis pensamientos por su eterno descanso al empezar este artículo. Las que murieron como consecuencia directa del virus del COVID19 y los que sucumbieron por otras indirectas pero igualmente luctuosas razones, aún si cabe más dolorosas e indignantes en las que no entraré. Los ciudadanos de a pie anónimos y los conocidos de diversos ámbitos como la ciencia, el derecho, las letras, el mundo del espectáculo y la política. Todos pretendían alertar e intentar evitar en la medida de sus posibilidades, las monstruosas consecuencias de la implementación de la Agenda 2030.

John Pombe Magufuli. Presidente de Tanzania

Quizás recuerden algunos de ustedes una noticia protagonizada por un Presidente africano que fue celebrada por muchos de nosotros aunque no especialmente apreciada por el lobby covidiano y las autoridades mundiales en materia sanitaria. Que no fue otra que la idea de enviar tres PCRs de COVID que había ordenado hacer a una cabra, una papaya y  una codorniz, a los laboratorios dispuestos a tal efecto por la OMS en su país y que dieron positivo en coronavirus. Su ocurrencia fue imitada por científicos de algunos países occidentales, desmintiendo  y desacreditando así tales pruebas, lo cual le puso en el punto de mira internacional. En un principio, sus declaraciones al respecto fueron diplomáticas, señalando que debía haber algún problema con los reactivos importados. Para añadir luego abiertamente, cuando quedó patente que dichos tests eran una engañifa, que «si el hombre blanco quisiese habría desarrollado hace tiempo vacunas para el HIV/SIDA y otras importantes enfermedades de nuestra era» y que «al menos en  Tanzania no permitiría que se les usara como cobayas porque tenía claro que su propósito era el de despoblar África«.Este dirigente político no era otro que John Magufuli, científico, matemático y Doctor en Ciencias Químicas por la Universidad de Dar-Es Salaam y Presidente de la República Unida de Tanzania por el partido mayoritario que lleva décadas en el poder, Chama Mapinduzi de enfoque neoliberal, nacionalista y africanista de izquierdas.  Tras nacer en el seno de una familia de escasos recursos y no haber conseguido estudiar en la universidad hasta los 35 años, dedicó toda su trayectoria política al desarrollo del país en distintos Ministerios con varios Presidentes, antes de resultar elegido él mismo como tal. Emprendió desde su ascenso al Poder, una lucha sin cuartel contra la Corrupción que le valió el sobrenombre de «Bulldozer» y a pesar que se mostró totalitario y represor con la Oposición que hubo de exiliarse en Bélgica y ser excesivamente conservador, revalidó su mandato en las Elecciones Generales de 2020 con un 85% de los votos. El dinero que recortó en gastos superfluos de la Administración lo dedicó en su totalidad a la lucha contra el cólera. Se bajó el sueldo de 15.000 a 4.000 $ y logró que Tanzania experimentase uno de los mayores índices de crecimiento económico del continente (6 % de media anual según el FMI) y pasase de ser un estado de renta baja a media. Otra gran medida implementada fue la total gratuidad de las escuelas estatales.  Era realmente querido por su pueblo, que no dudó en echarse a las calles tras su muerte para expresar su dolor al paso del cortejo fúnebre que recorrió Tanzania.

Cortejo fúnebre de Magufuli

Tras el libelo que The Guardian, patrocinado por la Fundación Bill y Melinda Gates publicó el 8 de febrero de 2021 contra él titulado «Es hora que África controle en Tanzania al Antivacunas«, en el que se vertían graves acusaciones, todo el mundo creyó adivinar que había sido asesinado cuando el 17 de marzo de 2021 y tras estar desaparecido más de dos semanas, su Vicepresidenta, Samia Suluhu Hassan, anunció que había muerto tras más de 10 años de presunta lucha contra un cáncer del que jamás se había hablado antes. El líder de la Oposición, sin embargo, aseguró que se había debido a un infarto como consecuencia del COVID-19. Entre las razones que se adujeron para desacreditarlo figuraba la de que no seguía la Agenda Mundial, por su fanatismo religioso, ya que era ultracatólico.

Titular de The Guardian

Pero lo que vino a confirmar, sin lugar a dudas, el magnicidio fue que tres altos cargos de su Gobierno fallecieron con un intervalo de tiempo de meses.

Magufuli con los tres altos cargos de su gobierno asesinados

De izquierda a derecha: John Pombe Magufuli. El Embajador John Kijazi y Secretario Jefe que falleció el 21 de febrero de 2021 presuntamente por un ataque al corazón después de pasar varios días internado en el Hospital Benjamin Mkapa. A su lado, Oswald Simon Majuva que estaba muy unido a Magufuli tras haber sido su Asistente en la Casa del Estado, siendo destinado luego a la provincia de Mara como Vice Comisionado Provincial. Murió el 12 de marzo del 2021 por causas desconocidas. Y por último, Augustine Mahiga que en el momento en el que se tomó la fotografía ocupaba la cartera del Ministerio Constitucional y de Asuntos Legales. El propio Magufuli reveló al anunciar su deceso el 1 de mayo del 2020, que Mahiga había enfermado el mismo día en que falleció, sin que nada se pudiese hacer por su vida, a pesar de haber sido trasladado de urgencia a un centro hospitalario.

Imagen del Presidente de Haití, Jovenel Moise

El 10 de junio de 2021, la propia agencia Reuters admitía que Haití había tenido un bajísimo índice de COVID-19 durante más de año a pesar de ser un estado muy pobre, con deficientes servicios sanitarios. Sus habitantes habían continuado haciendo una vida completamente normal y el Gobierno no tenía interés siquiera en recibir el Lote Gratuito de Vacunas Astra-Zeneca que las Naciones Unidas les había ofrecido. Las Autoridades insistían en que en un país de 11 millones de habitantes, la cifra de contagios recogida era significativamente menor que la que la Comunidad Internacional aseguraba que había azotado al resto de América y en concreto al Caribe. Tan solo 15.895 infectados y 333 fallecimientos como resultado de ello. Por lo que se empezó en la prensa occidental a hablar de una ola que se habría desatado y que estaría aparentemente diezmando el país, esgrimiendo que no se habían estado haciendo públicos los datos reales hasta entonces. Relato este que fue sorpresivamente adoptado por la Administración Sanitaria del lugar, a pesar de no haber evidencia alguna in situ de que así fuera. Y contar con explicaciones plausibles por parte del Ejecutivo, como era el hecho objetivo que más de la mitad de los haitianos están por debajo de los 25 años y no eran por tanto población de riesgo. Se decretaron medidas como la obligatoriedad de llevar mascarillas, un toque de queda nocturno y se suspendieron las ceremonias de graduación en los Centros de Enseñanza. Pero la gente seguía sin ver la incidencia en las calles, ni la represión por parte del Estado, que tan sólo recomendó a través de su Presidente Jovenel Moise, beber un té medicinal.

Mercadillo haitiano

Escasamente un mes después se produciría su asesinato, el 7 de julio de 2021 en la capital, Puerto Príncipe, a manos presumiblemente de sicarios armados colombianos, que fingiendo ser agentes de la DEA, irrumpieron sin encontrar resistencia alguna en el Complejo Residencial y le descerrajaron 12 impactos de bala, hiriendo  también a su esposa.

Collage de imágenes del asesinato

Seis meses después y a pesar que se contaba ya con todas las respuestas respecto al quién, cómo y por qué, la BBC seguía sin creer en la versión oficial, que aseguraba que un médico haitiano residente en Florida, llamado Christian Emmanuel Santos habría decidido ordenar su asesinato, en lugar de presentarse a las elecciones que por esas fechas deberían haber sido convocadas transcurrido ya el mandato de cinco años de Moise. Desconfiaba entre otras razones porque los detenidos aún no habían sido imputados a pesar del tiempo trascurrido.Una versión de los hechos bastante rocambolesca cuando Moise tenía una trayectoria impecable. Al igual que Magufuli, provenía de una familia humilde, estudió Ciencias Políticas, tuvo una admirable carrera como empresario en la que creó varias empresas dedicadas todas ellas al Desarrollo y Bienestar Rurales y fue incluso Secretario General de la Cámara de Comercio antes de ser elegido Presidente de Haití en el 2016.Haití sigue a día de hoy con un Presidente interino, Ariel Henry, sumida como de costumbre en la violencia extrema en las calles y el cólera que este sí, asola a su población, pero sin prestarse a inocularla de COVID-19 y con una tasa de vacunación a mayo de 2022 de tan solo el 1.1%. Este es el pretexto por el que han optado también finalmente quienes se desembarazaron de Moise para cambiar de actitud y aceptar la rebeldía del pequeño estado caribeño, ya que un segundo asesinato resultaría a todas luces demasiado obvio y la tasa criminalidad y el cólera parecen estar haciendo ya el trabajo.Y es de hecho, el único de los países que se negaron inicialmente a aceptar las mal llamadas vacunas de los que ha trascendido que se opusieron, que no cambió rápidamente de postura tras las muertes de sus Presidentes en extrañas circunstancias porque Madagascar (donde el Presidente Andry Rajoelina consiguió sobrevivir tras desarticular el complot urdido para neutralizarlo) y Tanzania sí que dieron su brazo a torcer al final.

Collage del rechazo a la vacunación en Madagascar y desmantelamiento al complot

Lucia Martinez

Soy Sagitario, nací y me crié en el Sur. Me terminé de formar y cocer en NY y Ginebra. En constante aprendizaje y espero que crecimiento. Eterna Mafalda, con mi continuo afán de arreglar el mundo. Será que tengo un alma judía como me dicen y practico constantemente el Tikúm Olan. La escritura me resulta por ello terapéutica. Me apasiona también la fotografía pero en especial todos los cachorritos, humanos y animales, el cine, el teatro, el arte y los largos paseos por la naturaleza al sol. He sido traductora, docente, trabajado largos años en el mundo de la empresa y en geopolítica en Oriente Medio. Inconformista. Mis principios están por encima de todo.

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