Conversaciones en el andamio: Lo clásico. Por Francisco Gómez Valencia

Conversaciones en el andamio. Lo clásico.

– Fíjate que ayer –día del padre–, tenía visos de que pasaran cositas bonitas…

– ¿Ah sí?

– Sí porque pese al momento familias, la primavera, el buen tiempo, el puente y tal; al final mandaba el deporte ¡y del bueno! No sé, se viene y me pongo tontorrón.

– ¿Ah sí, más?

– ¿No lo crees? Fernando Alonso ha vuelto, Carlitos Alcaraz ¡es im-pre-sio-nan-te! y los del VAR; bueno… se cargan el clásico y marcan otro fuera de juego increíble a favor del VARcelona.

– ¿Otro más?

Lo clásico

– Sí, antes del final. En el minuto 80 yendo 1-1, cuando ambos jugadores estaban claramente en línea y claro; ante la duda benefician al barça alterando la línea marcada desde el hombro del madridista lo justito, para anular el 2° gol del Madrid y acabar “asín” de cutremente con la poca credibilidad que le queda a esta apestosa Liga, quedando además aún el suplicio de 36 puntos en juego y una vuelta de Copa del Rey… ¡también con ellos!

– ¡Ah bueno! ¿Estás mosqueado por eso? Pensaba que era por algo nuevo… pero si eso es lo clásico desde hace 18 años…

– ¡Que mal perdedor eres!

– Lo que tu digas… ¿se puede tener derecho a la duda razonable, o tampoco?

– No sé ¿De quién depende la Fiscalía?

– Pues eso…

De quién depende la Fiscalía

Feliz día de San Martín de Dumio.

Españistan 20|03|23

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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