El sueño de Versalles. Por Susana del Pino

El sueño de Versalles

«El Palacio y Jardines de Versalles reconocidos como Patrimonio de la Humanidad, constituyen uno de los conjuntos arquitectónicos más bellos del mundo»

El monarca francés Luis XIII (1601-1643) acudía con frecuencia a unos terrenos situados a unos veinticinco kilómetros de París en la pequeña villa de Versalles para practicar una de sus aficiones favoritas, la caza. Ante la incomodidad de volver al centro de París al terminar las jornadas cinegéticas, en 1623 decidió construir un pequeño pabellón en el que permanecer los días necesarios para llevar a cabo dicha actividad.

 

Su hijo Luis XIV (1638-1715) decidió ampliar el pabellón de caza de su padre sin destruirlo, proyecto que encargó al arquitecto Luis de Vau (1612-1670) y que en un principio fue un palacio de recreo que paulatinamente se fue ampliando y decorando para convertirse en la sede de la Corte de Francia desde 1682 hasta 1789, fecha en la que estalló la Revolución Francesa.

 

Además del deseo de añadir nuevos edificios a la construcción que iniciara su padre, sorprendido por la belleza de algunos jardines a los que acudía pertenecientes a la aristocracia, Luis XIV decidió construir un inmenso jardín en su palacio que constituyera una auténtica obra de arte paisajística, cuyos trabajos los ejecutó André Le Nôtre (1613-1700) que ya había trabajado en otros jardines en Francia y gozaba de gran prestigio. El Rey tenía un gran interés en la supervisión de las obras. Le Nôtre murió en 1700 pero su influencia en los arquitectos que le sucedieron seguiría durante el reinado de Luis XV (1710-1774), trabajando tanto en el palacio como en los jardines que, aunque con remodelaciones a lo largo de los años en muchos casos provocados por las consecuencias de grandes tormentas, configurarían el aspecto del conjunto que hoy en día podemos apreciar.

 

El Rey Sol, como se conocía a Luis XIV, pretendía construir un edificio que significara la autoridad absoluta de la Monarquía, papel que representaba él mismo en toda Europa. El recinto de Versalles nos muestra el poder y la riqueza de un país determinante en la historia de Europa. Hablar de Versalles es sinónimo de lujo, ostentanción y refinamiento, así como emblema de la autoridad real y del poder establecido, algo que acabaría a finales del siglo XVIII cuando cambió el orden social con la llegada de la Revolución.

Galería de los Espejos

La riqueza ornamental en su interior es sorprendente como se puede apreciar en la Galería de los Espejos con una profusa decoración y trescientos cincuenta y siete espejos que reflejan la luz natural del exterior produciendo un efecto absolutamente deslumbrante. Estancia histórica por ser el lugar donde se firmó el Tratado de Versalles que puso fin a la Primera Guerra Mundial en junio de 1919.

 

Los Apartamentos del Rey y la Reina fueron diseñados para el uso personal de Luis XIV y su consorte la reina Marie Thérèse de Austria y Borbón (1638-1683), aunque después han sido en parte remodelados y decorados con el gusto de sus sucesores, muestran exquisitas obras de arte, techos decorados con temas mitológicos, mármoles policromados y esculturas y bustos entre los que destaca el de Luis XIV, realizado por Gian Lorenzo Bernini (1598-1680) en el llamado Salón de Diana. A la muerte de Luis XIV, el palacio aún no estaba terminado pero el Rey dejó claras las líneas a seguir en cuanto a cómo debían ser ejecutados los proyectos. La Corte se trasladó a París por algunos años y su sucesor, Luis XV volvió para instalarse de nuevo allí en su juventud, continuando las obras, entre ellas la Ópera Real.

La cámara del Rey

La cámara del Rey se ubica en el mismo lugar que la ocupada por Luis XIII en el primitivo pabellón y es extraordinario poder deleitarse con obras de grandes pintores como Caravaggio (1571-1610) o Guido Reni (1575-1642). La disposición del espacio, la decoración , los materiales, las obras de arte, los muebles, todo en su conjunto es grandioso y espectacular.

 

Los pabellones de los Secretarios de Estado o la Capilla Real son otras de las estancias palaciegas todas ellas con rica y profusa decoración.

Los jardines de Versalles

En cuanto a los jardines, representan un atractivo fascinante y constituyen el mayor exponente del conocido Jardín Francés. Un ambicioso proyecto en el que se combinan naturaleza, arte y belleza, cuyo resultado es digno de admiración.

 

El Jardín Francés evoluciona a partir del Renacimiento inspirándose en los jardines italianos del siglo XVI como los de Villa Medici en Fiesole, en la provincia de Florencia o los de Boboli en el magnífico Palacio Pitti de la capital florentina. En ellos se emplean formas geométricas en la distribución de los parterres, se incluye la arquitectura con escaleras, rampas, fuentes monumentales y bustos y estatuas de temática mitológica en muchos casos; en algunos se crean grutas en las que se sitúan bellas figuras alegóricas. Es un ordenamiento de la naturaleza a la que el hombre da forma con simetría, equilibrio y armonía, siguiendo los principios de la estética clásica a diferencia del Jardín Inglés que propone respetar las formas que la propia naturaleza ofrece de tal manera que la vegetación, los árboles, las laderas o cualquier elemento natural muestren sus propias formas sin ser planificado el espacio e incluso “deformado” por el hombre, como argumentan los partidarios de este tipo de jardín.

 

La monarquía francesa contó con arquitectos italianos para la realización de sus jardines en residencias como Amboise o Fontainebleau. Los arquitectos franceses aprendieron de aquellos para satisfacer los deseos de los monarcas como ocurrió con Luis XIV y Versalles.

 

Ocupando ochocientas hectáreas de terreno, las obras para la construcción de los jardines se llevan a cabo a la par que las del palacio, siendo director de las obras Jean – Baptiste Colbert (1619-1683). Charles Le Brun (1619-1690) pintor oficial de La Corte, realizó numerosos dibujos para las fuentes y estatuas de los jardines y tras la muerte de Le Nôtre, Jules – Hardouin Mansart (1646-1708) será el primer arquitecto del proyecto. Los trabajos para su construcción fueron enormes teniendo en cuenta su extensión, los niveles del terreno y todos los elementos que lo configuran.

 

Los jardines en su conjunto son espectaculares, sin embargo hay algunos elementos que son especialmente llamativos como los estanques, la mayoría de ellos dedicados a personajes mitológicos como Flora, Apolo, Neptuno, Baco, el de los Suízos etc.., la Orangerie, El Gran Canal, el invernadero, el Pequeño Trianón, el laberinto o la Gruta de Thysis entre otros.

Estanque del Sol

La representación del sol está presente en todo el palacio como símbolo del Rey. En el Estanque del Sol el arquitecto Jean Baptiste Tuby (1635-1700), según el diseño de Le Brun, realizó una espléndida obra realizada en bronce dorado donde aparece Apolo, dios del Sol, en un carro que emerge de las aguas simbolizando la salida del astro rey, el artista completó la obra con la figura de Faetón con medio cuerpo en el agua. El conjunto es majestuoso y transmite fuerza y vivacidad.

 

El Gran Canal, construido entre 1668 y 1771 se extiende a lo largo de mil quinientos metros y fue un hermoso escenario para las fiestas que se organizaban en los jardines. En 1674 Luis XIV encargó el proyecto de construir lo que se conoció como Petite Venise (Pequeña Venecia) donde se exhibían carabelas, obsequio de los Países Bajos y góndolas, estas últimas regalo del Dux de Venecia, fruto de las buenas relaciones diplomáticas entre las potencias.

El Pequeño Trianón

El Palacio del Pequeño Trianón se sitúa en una zona de los jardines del Versalles. Su construcción fue decisión de Luis XV, muy alentado en su idea por Madame Pompadour (1721-1764), amante y consejera del rey, aunque ésta falleció antes de finalizar su construcción, por lo que fue ocupado con regularidad por Madame du Barry, la nueva favorita del rey que lo utilizó hasta la muerte del monarca. Posteriormente Luis XVI se lo regaló a su consorte María Antonieta que en este lugar se sentía libre del protocolo de La Corte. Allí creó su propio mundo y acompañada por numerosos aristócratas disfrutaron de fiestas, conciertos y bailes organizados con frecuencia.

 

El edificio, de planta cuadrada sigue el estilo neoclásico y difiere del gran Palacio de Versalles en cuanto a decoración, en este caso acorde con los nuevos tiempos. No es de grandes dimensiones pero sí de gran belleza y está rodeado de jardines entre ellos uno de estilo inglés que pretendía romper con el estilo clásico del resto del recinto.

 

A partir de 1833 el Palacio alberga el Museo de La Historia de Francia en el que a través del arte se muestra un interesante recorrido de lo que ha sido la historia del país galo.

 

El Palacio y Jardines de Versalles reconocidos como Patrimonio de la Humanidad, constituyen uno de los conjuntos arquitectónicos más bellos del mundo, un emblema del absolutismo, que forma parte de nuestra historia, con aciertos y errores pero en definitiva, historia de Occidente.

 

Quedémonos con conocer esa historia y sobre todo con la belleza al contemplarlo y la agradable sensación al pasear por los bellos jardines que nos transmiten paz y nos hacen soñar.

 

 

 

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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