La Semana Santa y Francisco Salzillo, el gran imaginero español. Por Susana del Pino

Los Azotes. Salzillo

Comienza la Semana Santa y con ella la conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, días de especial importancia para los cristianos en todo el mundo que con fervor, devoción y sentimiento reviven más de dos mil años después el sacrificio del Hijo de Dios. Semana en la que se unen fe, arte y pasión.

Las primeras comunidades cristianas, perseguidas por los romanos, ya celebraban en la clandestinidad cultos como la Eucaristía o La Pascua del Señor. A partir del siglo IV cuando el emperador Constantino otorgó la libertad de culto a todos los ciudadanos del Imperio con el Edicto de Milán en al año 313, los cristianos ya pudieron celebrar sus reuniones y organizarse con libertad, aún más cuando Teodosio I El Grande (347-395) en el año 380 proclamó al cristianismo como religión oficial del Imperio.

San Ambrosio (circa 340-397) se refiere con la expresión Triduum Sacrum a los días en los que Jesús fue torturado, murió y resucitó. El Triduo Pascual, Viernes Santo, Sábado de Gloria y Domingo de Resurrección, ya se comenzó a celebrar en estos primeros siglos del cristianismo, los seguidores de Jesús sentían la necesidad de compartir estos hechos para difundir la fe católica y poner de manifiesto el sacrificio de la Pasión.

Para conocer la liturgia de este periodo, son interesantes los datos que nos han llegado a través de personajes que viajaron a Tierra Santa para visitar los lugares en los que Cristo vivió. Santa Helena de Constantinopla (250-329), madre del emperador Constantino, fue una de las primeras mujeres que viajó a estas tierras para conocer los lugares de la Pasión. Mujer muy devota, demostró un gran interés por la vida de Jesús y llevó numerosas reliquias a Roma, que aún hoy en día se veneran. Otras mujeres con buena situación económica, decidieron seguir sus pasos e incluso se instalaron allí creando monasterios y difundiendo el cristianismo.

La Caída

Egeria, procedente de la provincia romana de Gaellecia en Hispania, de la que se sabe que vivió en el siglo IV, fue una de estas mujeres que decidió emprender también un viaje a Tierra Santa. Escribió sus vivencias describiendo los lugares que iba visitando y las costumbres de las comunidades cristianas y todo ello en forma de diario de viaje dedicado a sus amigas. El descubrimiento de sus escritos fue todo un hallazgo en 1884 cuando el historiador y arqueólogo italiano Gian Francesco Gamurrini (1835-1923) los descubrió en la Biblioteca de la Confraternità de Arezzo en La Toscana italiana, aportando más información acerca de la liturgia de estas primeras comunidades cristianas.

Los cultos eran cada vez más numerosos ya que el cristianismo iba creciendo en toda Europa. En un principio, tenían lugar en las iglesias o conventos y se realizaban en latín, lo que hacía que no todos los entendieran. Se hacía necesario que el pueblo pudiera participar de esta celebración por lo que en el siglo XII surgieron las primitivas procesiones en las que se exponían las primeras tallas de imaginería española, con fieles que se unían para pedir la intervención divina en situaciones difíciles como podían ser las epidemias.

La formación de cofradías y hermandades comienza a establecerse a partir del siglo XV llegando a su apogeo en el Barroco, siglo XVII y parte del XVIII, hasta la llegada de la nueva estética neoclásica. La Iglesia de Roma vio en estos desfiles la oportunidad de impulsar la fe católica tras la Reforma de Martín Lutero (1483-1546) por lo que, aunque ya tenían lugar en España, se impulsó la representación de los días de pasión. Tras el Concilio de Trento que tuvo lugar entre los años 1545 y 1563 en el que participaron varios papas, se intentó reprimir el protestantismo de Lutero; en este sentido, este tipo de celebraciones acercaban más la liturgia al pueblo dentro de lo que se ha llamado la Contrarreforma con el objeto de fortalecer la Iglesia Católica y hacer frente a las medidas propuestas por el fraile alemán.

Por tanto la escultura española del barroco será fundamentalmente de temática religiosa ya que será demandada mayoritariamente por la Iglesia para la decoración con retablos, relieves, púlpitos o imágenes exentas en edificios
religiosos y tallas para las cofradías, que se iban organizando en torno a diferentes advocaciones.

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El material utilizado por los escultores barrocos españoles será la madera policromada, lo que supone una singularidad frente al resto de Europa y que hizo que esta tallas fueran subestimadas en el siglo XIX ya que se alejaban del ideal clásico, esto ocurrió antes de saber que incluso los mármoles de edificios de la Grecia antigua como el Partenón estaban policromados, fue entonces cuando se revalorizó la escultura española barroca a la que se le reconoció el profundo sentido realista y cómo la policromía reforzaba su expresividad.

Hubo dos grandes escuelas barrocas en España, la castellana y la andaluza. La Escuela Castellana muestra en las figuras de pasión la emoción y el dolor con más intensidad que la andaluza, hasta el punto de poder calificarlo como hiriente, con imágenes en las que se representa con gran verismo la crueldad del sufrimiento y muerte de Cristo, algo que conectaba enormemente con el sentimiento religioso cada vez más arraigado en el pueblo. Un buen ejemplo de
ello es el Cristo yacente de El Pardo, una de las obras maestras del magnífico escultor Gregorio Fernández (1576-1636) que es considerado uno de los más representativos artistas de esta escuela junto a Juan de Juni (1506-1577) o Alejo de Vahía (¿?- 1515) entre otros.

La Escuela Andaluza, aunque muestra también un gran realismo, busca más la belleza aunque con un gran contenido espiritual. Podríamos decir que intenta llegar al alma más que avivar los sentidos. Juan Martínez Montañés (1568-1649), Alonso Cano (1601-1667), Pedro de Mena (1628-1688), autor de extraordinarias figuras de Dolorosas o Juan de Mesa (1583-1627), escultor de la talla de Jesús del Gran Poder en Sevilla que despierta una gran devoción, son algunos de sus representantes.

Francisco Salzillo. Retrato. Juan Albacete

En el siglo XVIII además de escultores como José Montes de Oca (1668-1754)) o Cristóbal Ramos (1725-1799) destacó la figura de Francisco Salzillo (1707-1783.)

Hijo del escultor napolitano Nicola Salzillo (1672-1727) establecido en Murcia, Francisco Salzillo y Alcaraz se hizo cargo del taller de su padre y trabajará en esta ciudad toda su vida. Asociado a los escultores que trabajaban en la zona de Levante, era más partidario de grupos escultóricos que narraban las secuencias de la Pasión, a diferencia de otras partes de España en las que se representaban imágenes en solitario. Salzillo, hombre con gran devoción religiosa, está más al servicio del pueblo que de la Iglesia, aunque tuvo numerosos encargos para conventos y órdenes religiosas. Su arte fue muy admirado por la sensibilidad y la belleza de sus figuras con una rica policromía.

Museo Salzillo, Murcia

El Museo Salzillo de la capital murciana fue creado en 1941 y su inauguración tuvo que esperar al año 1960 ya que hubo que remodelar la Iglesia de Jesús, que desde el siglo XIX servía como escenario para mostrar las obras del maestro murciano, y realizar varias ampliaciones. Existía un gran interés popular en la remodelación de un espacio museístico propiamente dicho. “El arte eleva y mejora a quien lo contempla”, estas palabras pronunció Emilia Pardo Bazán en una visita a la mencionada iglesia, apoyando la petición de mejorar las instalaciones y el acceso al edificio que permitieran admirar mejor la obra del genial artista.

Hoy en día el Museo es un espacio bien organizado en diversas salas en las que se muestra la biografía del autor, la historia del Museo y de la Cofradía de Jesús, bocetos, grabados, piezas de orfebrería, enseres y magníficas obras del artista como La Última Cena o Los Azotes, además de otras esculturas que no forman parte de los episodios de pasión. El Museo alberga también el hermoso Belén que realizó por encargo de Jesualdo Riquelme, con una notable influencia napolitana y está decorado con unas bonitas pinturas murales alusivas también a la pasión de Cristo, realizadas por el pintor milanés Paolo Sístori en 1792.

Salzillo es considerado como uno de los mejores imagineros españoles del siglo XVIII, su arte cierra la etapa del Barroco y da paso al nuevo gusto por lo clásico.

Museo Salzillo. La Verónica

Hablar de la Semana Santa de Murcia es hablar de Francisco Salzillo, donde la procesión más destacada es la conocida como la de Los Salzillos con obras como La Oración del Huerto, El Prendimiento, La Verónica, La Caída, San Juan o La Dolorosa, además de las anteriormente citadas.

La tradición imaginera en España ha sido muy seguida desde la creación de las grandes escuelas de referencia, muchos han sido los imagineros que han dejado su legado para las cofradías que hoy en día se procesionan en muchos pueblos y ciudades de España y muchos son los que siguiendo esta tradición siguen creando nuevas imágenes hoy en día.

Los desfiles procesionales han evolucionado mucho desde sus orígenes, las cofradías han ido creciendo, aumentando su patrimonio e introduciendo numerosos elementos que han aportado un carácter propio a cada una de ellas.
Habría mucho que decir sobre todo ello, los hombres de trono o costaleros, los penitentes y el significado de los colores de sus túnicas, los enseres y lo que representan y por supuesto la estética de los tronos diseñados según diferentes estilos.

Lamentablemente los trágicos sucesos que tuvieron lugar en España en 1931, destruyeron una gran parte del patrimonio artístico ya que el bando republicano, instigó a la población a salir a la calle para atacar a la Iglesia y a todo aquello que la representaba, esto provocó que una multitud enloquecida realizara actos vandálicos, guiados por la irracionalidad y ocasionando daños irreparables, quemando iglesias, archivos, enseres y edificios religiosos lo que supuso la pérdida de importantes tallas de gran valor histórico-artístico.

La Santa Cena

Málaga fue una de las ciudades españolas que más sufrió estos ataques. Tras la Guerra Civil, las cofradías tuvieron que reorganizarse y volver a crear nuevas esculturas. Muchos cofrades, artistas y personas anónimas durante la contienda escondieron algunos bocetos y figuras que pudieron salvar a tiempo. Esto ayudó a que muchas de las tallas que hoy podemos contemplar fueran realizadas en el siglo XX, siguiendo los grabados y bocetos antiguos como ocurrió en la Congregación de Mena en Málaga con el Crucificado de la Buena Muerte, cuyo Cristo original fue realizado por Pedro de Mena, del que solamente se pudo salvar una pierna, acto que protagonizó el escultor Francisco Palma Burgos (1918-1985) en una despavorida carrera a la Iglesia malagueña de Santo Domingo
donde se encontraba expuesto. Fue él el que realizó la imagen que se procesiona actualmente que es también una talla de gran valor. Mariano Benlliure también colaboró en la recuperación del patrimonio cofrade con las esculturas realizadas para las cofradías de la Esperanza y La Expiración de la Semana Santa malagueña.

De cualquier modo, nos guste o no, eso ya forma parte de nuestra historia. La Semana Santa, junto a la celebración del nacimiento de Jesús, representan las fechas más importantes en el año litúrgico de la Iglesia Católica. Muchos son los lugares que ofrecen una representación magnífica de estos días de pasión, cada una con sus particularidades y tradiciones. Días de devoción, de recogimiento y de entender el verdadero mensaje de la Pasión y la Resurrección, esperanza en una nueva vida.

 

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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