La calidad oculta de Amaral. Por Rafael Gómez de Marcos

Amaral

«La calidad de Amaral muchas veces ha quedado oculta, antes por concesiones demasiado comerciales y ahora por una pizca de falta de riesgo»

¿Cuántos artistas pueden sonar en la carnicería o en la peluquería del barrio al tiempo que en emisoras alternativas como Radio 3 o STRIM? En Zaragoza una chica servía copas en el Azul Rock Café  y con lo ganado se pagaba clases de canto. En ese trasiego, incluidas actuaciones en baretos de la capital aragonesa bien en solitario o junto a otros proyectos, conoció a un chico donostiarra, tres años menor que ella, que había abandonado su vocación por la Arqueología para tocar la guitarra.

 

Congeniaron en muchos aspectos, también en el musical, por lo que decidieron formar un tándem. Se patearon la ruta de los circuitos para artistas noveles, donde cobraban una miseria, tenían que ayudarse ejerciendo de voluntariosos camareros y abusar de la generosidad de algunos amigos que les prestaban una cama para dormir. Los bocadillos eran demasiado habituales en su dieta alimenticia, y así se pasaron varios años.

 

Se instalaron en Madrid para probar fortuna, actuaciones en salas como El Rincón del Arte Nuevo, Libertad 8, La Boca del Lobo, hasta que llegó el día en que Jesús Ordovás los pinchó por primera vez en Radio 3, luego el día en que un tipo se acercó después de un concierto: «Hola, soy de la compañía Virgin, me gustaría hablar con vosotros».

 

Se hacían llamar Amaral. Para mí su segundo trabajo  “Una pequeña parte del mundo” (2000) de la mano del productor Cameron Jenkins, es su mejor disco, en apenas dos años, el salto de calidad del dúo, se había hecho evidente. Su inusual propuesta, capaz de sonar digamos que algo garajera y comercial a la vez les convirtió en ídolos de masas. La calidad de Amaral muchas veces ha quedado oculta, antes por concesiones demasiado comerciales y ahora por una pizca de falta de riesgo. Y es que a veces les mataría, y otras en cambio les quiero comer.

Rafael Gómez de Marcos

Enamorado de la vida, reivindico mi infancia, mi verdadera patria, tres pilares, El Capitán Trueno, The Beatles y Joan Manuel Serrat, me fascina la ópera, me encanta bailar bachata y considero que decir cine americano es una redundancia. TVE no vio en mí ningún talento tras más de treinta años de servicios, Talento que me concedió la Academia de las Artes y las Ciencias de la Televisión en reconocimiento a mi trayectoria profesional. Nunca he estado afiliado a ningún sindicato y jamás he militado en ningún partido. Mi cita de bandera es una frase de José Ortega y Gasset: "Ser de la izquierda es, como ser la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral".

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