
«Don Narciso SÍ tiene quien le escriba y el ‘cartero’ del que les hablo no es otro que el vocero y zascandil Félix Bolaños»
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Don Narciso, señores, SÍ tiene quien le escriba,
como supo, recién, por el mismísimo ‘cartero’;
pero hay remitentes por los que no siente ninguna estima;
y apenas, sus cartas, en sus manos aterrizan,
las usa para limpiarse su presidencial trasero.
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El ‘cartero’ del que les hablo, ya habrán comprendido,
no es otro que el vocero y zascandil Félix Bolaños:
-Es ‘el gallego’, Pedro, que respuesta te ha pedido
porque, según él, las elecciones ha ganado.
¡Jo: yo… es que me descuajaringo!
-Pobre Feijóo; y qué ganas de hacer el ridículo;
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sigue, el tío, sin querer enterarse
de que, con nuestros socios inseparables,
todo lo tenemos ya hablado y apalabrado.
.¡Pero Pedro, si aún no nos hemos reunido!
-¿Y desde cuándo, dime, tiene, Pedro,
que reunirse con ninguno de ellos
para saber que su apoyo ya ha logrado?
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-Verás, Pedro; más que nada era
por ver de adjudicarme algún mérito
que apuntale mi carrera.
-Toda tu ‘carrera’, Félix, la tienes a mi lado:
el día que te separes de mi vera,
nadie, sobre la faz de la tierra,
te querrá… ni siquiera como abogado.
-Pues lindo futuro el que me espera.
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-Tranquilo: el que me sirve bien, tiene recompensa;
y, además, pienso gobernar… otros cuarenta años!
-¡Oh; porfa: deja que siga en presidencia!
-No sé, no sé; últimamente,
estoy pensando mucho en Iván Redondo:
su ‘tesis’ del ‘reencuentro total’
me está poniendo muy cachondo.
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-¡Porfa, porfa, Pedro; deja que te proteja
como el más fiel de los soldados!
-Pues aguza más la lengua,
que me tienes el ojete muy abandonado.
-¡Lo que Ud. mande, excelencia!
-Espera, pues, que ya mismo
me quito el taparrabos.
(Llegado a ese punto, el avezado cronista
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resolvió abandonar el garito sanchista:
un tercero, al espectáculo por nadie fue invitado.
Por cierto, amigos:
La petulancia proverbial
de ‘Ivanete y Redondillo’
se hizo ya tan ‘monumental’,
que un monumento, en efecto,
tendrá, el ilustre caballero, al final,
justo al lado mismo
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del ‘trono real’ de don Narciso.
Se ignora aún quién a esculpirla vaya;
pero se sabe ya la inscripción o título
que rezará al pie del pedestal o la peana:
‘El Sublime Lametraserillos’
La envidia de Bolaños,
huelga decirlo, fijo que va a ser de lo que no hay…
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y hasta dudo de que alcance a resistirlo:
puede liarse contra la estatua a cabezazos,
y a saber quién desistirá antes: su cráneo,
o la férrea mole de pura roca de granito.
En fin: ya llegado el día se lo explico.

