En este desfile de avaros, siempre ganan los mismos caraduras. Por Rodolfo Arévalo

En este desfile de avaros, siempre ganan los mismos caraduras. Ilustración de Linda Galmor

«Total que me levanté para comprobar que no, que nada ha cambiado y, que en este desfile de avaros, siempre ganan los mismos caraduras»

Dieron las ocho en el reloj de la iglesia del pueblo. Me despertó su sonido lejano. Una suave brisa, para variar en este verano, entraba por mi ventana abierta de par en par. Una hora más tarde después de rezongar en la cama acabé de desperezarme. Supe que era Miércoles por el ruido que emitían lo que yo llamo los “soplagaitas”, que no son otra cosa que unos artilugios que utilizan modernamente los jardineros para agrupar todas las hojas caídas y césped cortado de las praderas. El aire huele a eso a hierba cortada y fresca. No es que apetezca comerla, no soy una vaca, aunque a veces me gustaría serlo para no tener que compartir el mundo con políticos “raros”, pero si inspirar su frescura y olor húmedo.

 

Un día más por fin el día me devuelve a la consciencia ¡estoy vivo! De inmediato al primer movimiento, constato que sigo igual que el día anterior con dolores de artrosis en las articulaciones. No extraño nada todo resulta igual que ayer y seguramente igual que mañana. Es curioso que ya no intente levantarme rápido de la cama para ponerme a trabajar. Me mareo. Nunca he sido vago, pero hoy me resisto a sentir dolor cuando me alce sobre mis rodillas, cuando me ponga el pantalón de estar por casa tirando de él hacia arriba por los lados y mi hombro izquierdo me dé un aviso de dolor.

 

No sé si alguien me estará haciendo “Jujuy” con alguna imagen de muñeco de trapo. Teniendo en cuenta que pasé cinco años en Santos, una ciudad de Brasil, no me extrañaría nada. De todas maneras dudo que alguien quiera hacerme daño sesenta y un años después. Mis culpas por el delito que haya cometido incluso contra los seres de la magia negra ya me los habrán perdonado los hados de la infancia.

 

Hoy la costa, kilométrica ella, de la playa de Boqueirao, seguirá guardando los juegos y carreras, los castillitos hechos con mi hermana en su arena mojada, en la que como náufragos llegaban, a veces, ramas de platanero con sus frutos aún anclados a ellas. Lógicamente estaban negros por las horas pasadas a la deriva como náufragos de algún otro lugar costero, no se podían comer. Por las noches a veces mi madre o mi tata a quién llamábamos “la Tala”, nos llevaban a pasear por la arena en las cercanías del paseo marítimo que se encontraba junto a nuestro domicilio.

 

Recuerdo oír el ruido de un automóvil muy potente, de carreras, decía “Tala”, salir del interior de la casa de los “locos” como decía mi madre. Estaba en un chalet enfrente de nuestro piso que daba a un canal. Yo podía oírlos mientras posaba con paciencia para mi padre. Nos hacía cientos fotos en blanco y negro. Gracias a ellas puedo saber como éramos mi hermanita y yo en aquella época. En una de ellas parece que estoy dormido. Nada más lejos de la realidad, según un fotógrafo profesional, amigo de mi padre, yo posaba muy bien y salía muy favorecido en las fotos.

 

Fue por eso que mi madre me apuntó para hacer un pase infantil de ropa. Se hacía a beneficencia. Yo no tenía ni idea del por qué debía salir a una pasarela con pijama, con ropa de calle y por último con bañador. Para este último pase me habían comprado una enorme pelota de plástico hinchable de playa de vivos colores. Me dijeron que cuando acabase el desfile me la regalarían. Jamás la volví a ver, algún jeta se la habría apropiado del camerino que nos habían asignado.

 

Ya desde aquel día empecé a tomar consciencia de que en esta vida casi todo el mundo roba o distrae cosas que no le pertenecen o merece. Pero estos días he vuelto a hacer presente este hecho, cuando he visto que el mentiroso primero de España y, por la gracia de Europa, nada de Alemania, puede volver a formar gobierno a pesar de haber perdido las elecciones.

 

A raíz de eso pienso que el pueblo Español o al menos una gran parte de él es tan inocente como lo era yo con cinco años, se dejará robar durante otros cuatro años, por los sinvergüenzas mata patrias, a mayor gloria de un socialismo ya rebasado por la historia. Se repartirán prebendas y golosinas a mayor beneficio de sus bolsillos. Robaran los balones de vida en libertad que puedan tener los Españoles, aspirando el aire de democracia que contengan, con tal de seguir haciendo un desfile para enseñar sus plumas de indio, no de América, ni siquiera de la india, con turbante que te crió, sino de su cara dura.

 

Dieron las ocho en el reloj de la cercana iglesia del pueblo. Me despertó su sonido lejano. Una suave brisa, para variar en este verano, entraba por mi ventana abierta de par en par. Una hora más tarde después de rezongar en la cama acabé de desperezarme. Total para comprobar que no, que nada ha cambiado y, que en este desfile de avaros, siempre ganan los mismos caraduras.

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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