
«Políticos mentirosos y trampas democráticas. ¿Por qué no nos dicen la verdad? ¿Es diferente la mentira política de otros tipos de mentiras?»
La mentira es una práctica que tradicionalmente la opinión pública relaciona con la profesión política. Esta postura ampliamente aceptada entre los miembros de las sociedades democráticas, con independencia de su edad o color político, se construye sobre una imagen artificial en la que habitualmente pensamos que la política en general y los dirigentes políticos en particular eran más sinceros y francos en el pasado, mientras que los candidatos políticos de las actuales democracias representativas aparecen como mentirosos compulsivos.
Esta idea ha llegado a extenderse en España especialmente conforme los nuevos partidos surgidos en la última década han hablado de la “vieja” y la “nueva política”. Sin embargo, y tras observar la evolución de fuerzas políticas como Ciudadanos, Unidas Podemos, Vox, PP o cualquier otro partido sea grande o pequeño es un argumento y una comparación susceptible de ser discutida.
Por tanto, este tipo de valoraciones moralistas sobre la política de tiempos anteriores frente al presente suelen estar erradas. Existe una larga tradición del pensamiento político que acepta positivamente que los políticos mientan a los gobernados. Por suerte, actualmente la mentira del político puede ser penalizada por sus votantes.
Un recorrido histórico por la mentira en la vida política.
La mentira, la ocultación de información, la tergiversación y el secretismo han estado presentes en la vida pública de cualquier sociedad humana organizada en cualquier época. Desde el imperio griego y romano hasta la Edad Media europea, pasando por las primeras dinastías chinas, la ausencia de veracidad ha acompañado a las élites políticas.
Muchos ciudadanos se sienten secuestrados en el ejercicio de sus derechos por unas organizaciones que monopolizan el poder. Se hace necesario un mayor equilibrio entre los grupos políticos y la sociedad.
Los políticos que roban, mienten y engañan son impunes de sus delitos en España.
Si es político, tres años.
Para los políticos que roben durante su ejercicio y no puedan justificar el enriquecimiento a partir de 250.000 euros se les impondrá un castigo de hasta 3 años de cárcel como máximo. Si es menos de un cuarto de millón de euros, tendrá vía libre.

