De Déspota a Dictadorzuelo (Justicia Creativa). Por Antonio E.

De Déspota a Dictadorzuelo. Ilustración de Tano y Tita

«Está en su naturaleza, un dictadorzuelo es como la mortaja de un cadáver putrefacto, a todos espanta, a todos molesta, y a todos les huele fatal»

Lamento mucho ser repetitivo en los temas a tratar, les puedo asegurar que tengo un repertorio extenso, pero la actualidad de nuestra Nación dificulta cualquier atisbo de huir de la actual realidad, y por tanto de adentrarnos en lo que todos estamos deseando: normalidad democrática sin las excrecencias social comunistas, a las que estos sujetos tratan de acostumbrarnos. 

Lamentablemente no hay ni un solo día donde el marasmo en que se mueven esta especie de imposible denominación, hace que aún sin desearlo, tengamos que hablar de lo que están perpetrando con nuestro futuro y el de la Nación en que vivimos. 

El título no hace más que definir lo que a este sujeto le retrata con toda exactitud. El que se comporta como un déspota, evoluciona continuamente y acaba convirtiéndose en dictadorzuelo, ya que este individuo ni siquiera tiene categoría para convertirse en dictador. Un dictador ostenta y detenta el poder, y gobierna, sin más. Ni siquiera le hace falta comprar a nadie, lo tiene todo, luego no tiene que vender la nación a trozos, para que una recua de bestias inmundas, le permitan gobernar, y de paso pisotearnos al resto. 

¿Alguien imagina a un dictador al uso comprando apoyos entre el lumpen carcelario, para poder gobernar? ¿Alguien entendería que un dictador “formal” haga mofa y befa de las instituciones que le garantizan un mínimo de respeto institucional, además de internacional? Aquí sucede. 

En una democracia formal, digna y respetable, se acatan las sentencias de la justicia, ni se las anula vía modificación del código penal, ni se modifican apelando a los que previamente fueron sus serviles lacayos. Ni siquiera se las maquilla ad hoc, para posteriormente poder instruirlas desde los zahurdas del poder. Tampoco se sirve uno de ellas, para llegar al poder por la puerta falsa utilizando casquería leguleya.  

Ni poner a amigos, o allegados, o mejor dicho sus lacayos, pues lacayos son los que incumpliendo su sagrado deber de impartir justicia con los ojos cerrados, sirven como tales al déspota que les ha puesto para ello, convirtiendo la egregia deidad de la justicia ciega, en la figura de una ramera sucia maloliente y despeinada. 

Nos estamos acostumbrando a todo tipo de atropellos componendas y artificios judiciales, orillando los artículos de la Constitución, sin tener el mandato de la ciudadanía vía referéndum tal y como viene establecido en la misma. El ejemplo alemán puede servirnos de modelo.  

Durante el III Reich siguió rigiendo la Constitución de Weimar, no se tocó ni una coma, pero los nazis confeccionaron las llamadas “Leyes habilitantes”, permitiendo al dictador gobernar a su antojo con el resultado que todos sabemos. En aquella época también hubo jueces que cooperaron con Adolf Hitler para vaciar de contenido aquella constitución que estuvo vigente prácticamente sin reformarla debido a la derrota nazi, hasta el año 1949, en que se promulgó la actual constitución.  

Más recientemente el dictador Hugo Chávez utilizó el mismo método, hasta hacer de la Constitución venezolana papel mojado. Los consejos de la hez comunista le ayudaron a triunfar en su traición al pueblo venezolano. Hoy día esta carroña imparte lecciones de democracia desde sus púlpitos, comprados con el hambre de muchos, la desesperación de bastantes y la ruina social y humana de la inmensa totalidad. 

Fue otro ministro socialista, de justicia como no, el que sorprendió a la ciudadanía hablando de “periodo constituyente”. ¿Con qué mandato? ¿Con quiénes lo ha pactado? ¿Dónde? ¿De quién parte tamaña felonía? Otra vez la justicia como método, otra vez algunos jueces como instrumentos, otra vez el espantajo del totalitarismo, con los mismos protagonistas, otra vez la misma liturgia macabra que tanto gusta a esta ultra extrema izquierda sectaria y totalitaria. 

Hasta ahora ningún mandatario había llegado a hacer tamaña ostentación de chulería y despotismo, al decir que el fiscal general era su “lacayo”, pues era él el que lo había nombrado, y como tal solamente debería servirle a él. Literal. 

Ni poner a otro reconocido sectario al frente de la más alta magistratura judicial, que dado su talante y su más que reconocida predisposición a la soberbia y al descaro, sólo está para servir al que le nombró. El mismo que no dudó al declarar que nunca daría curso a un recurso presentado por un partido político, totalmente legal, constitucional y de pleno derecho. Literal. 

Hasta otro reconocido sectario, con cartera ministerial se permite enmendar la plana a la JEC, como si ésta tuviera que estar al servicio del dictadorzuelo, al que sirve con formas y maneras serviles. Refocilarse entre aspavientos y mentiras es propio de truhanes, mezquinos y saltimbanquis, en este caso dichos atributos son su mejor carta de presentación, las ínfulas del sujeto francamente deleznables y la pose más propia de un mequetrefe que la de un hombre digno y refinado. No lamento ser tan descriptivo, lo lamentaría de veras si no lo escribiera con tan suntuosas y magníficas palabras, además de con estruendosa fruición. 

Qué se puede esperar de un sujeto que la misma noche electoral, incumpliendo una ley no escrita, se negó a felicitar al partido que había ganado las elecciones, que él mismo había convocado de aquella forma tan sumamente descriptiva. Al mismo tiempo, daba por hecho el apoyo del partido de ETA, del golpismo catalán y del más que profundamente rancio y execrable partido comunista y adosados. Se ve que, con tales compañías, el estafermo está feliz y dicharachero, ignorando el muy fatuo que su infamia tarde o temprano le será hartamente “recompensada”. 

Un dictadorzuelo sólo tiene valor para ejercer su repugnante calificativo contra el pueblo que le va a soportar, al que va a hundir, al que va a masacrar. Este dictadorzuelo se arrastra y suplica al lumpen carcelario, para que le permita seguir su zarrapastrosa obra. Implora a un huido de la justicia, lame la bota del jefe de los asesinos, se hinca de rodillas ante golpistas y malversadores. Yo diría que caer de hinojos sólo lo reserva para el que vale más por lo que calla, que por lo que oculta. 

Está en su naturaleza, un dictadorzuelo es como la mortaja de un cadáver putrefacto, a todos espanta, a todos molesta, y a todos les huele fatal. 

 

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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