Los cuatro pilares del sanchismo. Por Antonio E.

Los cuatro pilares del sanchismo. Ilustración de Tano

«Los que tanto recuerdan el pasado deberían darse un garbeo por él, aunque para hacerlo tengan que demostrar gallardía decencia y dignidad»

En el mundo actual existen tres modelos de ejercer el poder, a saber: los que lo hacen dignamente, gobernando por igual para toda la ciudadanía le hayan votado o no, respetando al adversario político, ejerciendo el poder con moderación, ateniéndose a las reglas y leyes vigentes, cumpliendo y haciendo cumplir la constitución si la hubiera etc. Luego están las dictaduras, generalmente de izquierdas o de tipo religioso, casi todas ellas musulmanas. Y por último tenemos a Sánchez, y su particularísima forma de interpretar la democracia, ni un solo vestigio de la primera y muy mucho de la siguiente. 

A él se debe una nueva corriente política: el sanchismo. El sanchismo vino desde el principio apoyándose en tres líneas de trabajo, que, a la vista de los resultados obtenidos ha cosechado magníficos resultados. Son los mismos principios básicos que definen a la perfección esta nueva corriente política: mentiras, manipulaciones y maldades. De manual, no sólo para resistir, sino también para acabar con la resistencia de todo un país, España. 

El genio de este estadista de nuevo cuño, se forjó en base a su expulsión como máximo preboste del socialismo renqueante que, en lugar de echarlo a patadas, lo hicieron, pero en plan petisú, o sea, con cremosidad empalagosa y pellizquitos en los carrillos. Los cimientos para el advenimiento del déspota estaban echados, excesivamente pronto vieron en su partido que el progresismo del nuevo Adenauer sería su tabla de salvación, el sueldo perpetuo para miles de advenedizos con carnet era posible, y el horizonte carcelario de la cúpula socialista andaluza, y otros, podría alejarse.  

Concitar apoyos en base a la pasta hizo de argamasa, nunca como hasta ese momento el hormigón armado había sido tan progresista, y ahí empezó a fraguarse la historia de un embaucador, algo rudimentario, pero eficaz. 

Los cimientos empezaron a consolidarse, pero, para sojuzgar a toda una sociedad no bastaba con ser deleznable, tendría que rodearse de otros aún peores que él, aunque esto último también era, y sigue siendo negociable.  

De comunistas no hablo, ni de narcos ni de cárteles, que el miedo es lo único que es libre, cuando de esa escoria se trata. Maldita ideología, sucia pueril y deslenguada. El único grupo reconocido que alberga amistades peligrosas, no hay terror que no hayan ensayado, ni forma para escenificarlo. De comunistas no hablo. 

En España, por desgracia, existen otros seres, muy superiores al resto, son razas elegidas por el “Supremo”, de costumbres según pregonan nobles y milenarias, aunque su historia empezara en los suburbios del siglo pasado. Gentecillas muy amables y superiores, altos rubios y de ojos azules, como Jon Idígoras. Otegui o el mismo Oriol Junqueras, ganador de varios certámenes de belleza, interior.  

Dichos seres de luz, mortecina, cuasi cadavérica, tirando a sepulcral, aunque lo que les molaba de veras era el arte del tiro en la nuca, o la bomba lapa. Los ancestros de estas beldades con capucha, mamaron debajo de una cruz gamada, aunque el factótum máximo de la movida e inventor del nazismo ibérico fue un orate llamado Sabino Arana, cuyos huesos han viajado más que el jamonero de Sánchez. Lo he leído en el libro de Iñaki Ezquerra, lo del jamonero no. 

Por otra parte, estaba el otro clan, a la derecha del mapa, hacia arriba, políticamente muy cerca del que inventó el fascio. Precursores del asesinato religioso, aguerridos y valerosos “maulets”, sus hazañas asesinando religiosos-as y jóvenes cristianos en retaguardia, muy lejos del frente, en la Guerra del 36, llegaron a ser legendarios. Si Benito Mussolini venía del socialismo, no había razón alguna para que el partido hecho a imagen y semejanza del Duce, no pudiera apellidarse “Ezquerra Republicana”. Los pastiches con barretina generalmente funcionan, lo malo es que el hedor que desprenden recuerda y mucho las andanzas de los que lo manejaron. 

Los que tanto recuerdan el pasado deberían darse un garbeo por él, aunque para hacerlo tengan que demostrar gallardía decencia y dignidad, justo lo que nunca tendrán, por mucho que hablen para que nadie les entienda, ni a los de las nueces, ni a los que se perfuman con orín, alardeando de lo muy hombres que son. 

Ya tenemos tres pilares, perfectamente identificados, he tratado de hacerlo con generosidad calculada, una pizca de desprecio y mucha mala baba. Me fastidian los inútiles, me cargan los macarras, me sublevan los falsos, me indignan los pusilánimes, me abochornan los fantasmas, pero hay un grupo que me indigna sobre manera, son los hijos de la gran puta que, sabiendo que lo son, blasonan de ello con repugnante arrogancia. Supremacistas vascos y catalanes, independentistas ambos, racistas y xenófobos de salón, asesinos y canallas. Extorsionadores perpetuos, chantajistas con ventaja, la peor derecha europea, la más reaccionaria, la más sectaria, meapilas de cuna, granujas de medio pelo, los “todovale”, con tal de destruir España 

Y vamos a por el cuarto, que es par y no pasa. No hay tiranía o despotismo, sin que alguien se oponga a ello con mayor o menor éxito, en este caso ha habido triunfo, aunque como diría el gran Mariscal Erich von Manstein, más bien se ha tratado de una victoria frustrada. 

Me duele mucho decir que en este caso la derecha mayoritaria ha actuado como cuarto pilar del sanchismo, haciendo de un triunfo largamente ansiado, la peor derrota en el peor momento. Feijóo no accedió a tener con el déspota seis debates, cuando tenía que haber exigido seis diarios. Le bastaba con recitar en cada uno de ellos dos o tres “hazañas” de su contrario, sin entrar a debatir nada de nada con quién solo sabe rebuznar, dar coces y poner malas caras.  

Le hubiese bastado con no dar cancha a las “guardiolas” de turno, a los “bendodos” y demás adláteres de su cobardiana “ganadería”. Embridar a los tibios, bobos y petulantes, dando paso a las Cayetanas u otros tantos, que de buenos hay unos cuantos en su partido. Atemperar a tontulianos y estrellas mediáticas, mesías y estrellitas de panfleto, dioses sin vergüenza, inútiles de casino y aburridas antiguallas. Usted se ufanó sin tener motivo ninguno, el pucherazo existió desde el momento en que se convocaron elecciones generales, sabiendo que para entonces más de media España estaría de vacaciones, sin que ustedes dijeran nada. En política se puede ser pipiolo, pero pipiolo y gilipollas a la vez no, y menos cuando el déspota domina todos los resortes del poder. 

Usted no necesita consejos, ni yo soy quién para dárselos, pero asuma que el buen líder aglutina, junta y apelmaza, no desune ni hace trizas, la esperanza de más de media España. Mire usted Don Alberto, al aliado necesario se le respeta, aunque no se le comparta, tampoco se desprecia su fuerza, porque más tarde le va a ser necesaria. Usted con sus ciento treinta y tantos, no es nada, si suma treinta y tres, empieza a ser algo.  

Aprenda la lección: para comer chorizo jamón o lomo, antes hay que sacrificar al cerdo.  

 

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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