La inmortal Revoltosa de Ruperto Chapí. Por Rafael Gómez de Marcos

Ruperto Chapí. Por Ramón Casas

«Don Ruperto Chapí, compuso una partitura para La Revoltosa, en la que lo culto y lo popular se dan de la mano como nunca»

Lo dicen los propios artistas: la zarzuela ha sido a menudo menospreciada, vilipendiada, o simplemente ignorada, pero es un género único, que no existe en ningún otro lugar del mundo, como ocurre con el teatro kabuki de Japón, pero mientras allí se cuida y se mima el kabuki, aquí ha habido una cierta indiferencia.

 

El 25 de noviembre de 1897, todo Madrid estaba pendiente del nuevo estreno del Teatro Apolo, se estrenaba La Revoltosa, sainete lírico de José López Silva y Carlos Fernández Shaw con música de Ruperto Chapí.

 

Desde el primer compás de su preludio se reconoce la obra más inmortal de uno de nuestros más grandes compositores, Don Ruperto Chapí, en la que se narran los amores y desamores, en una típica corrala madrileña, de Felipe y Mari Pepa.

 

El preludio de La Revoltosa es una obra habitual en los repertorios de prestigiosas orquestas internacionales, hoy en día es un modelo de composición en muchos conservatorios europeos y no es sorprendente porque es una verdadera obra sinfónica y popular, que cautiva desde las primeras notas. Don Ruperto Chapí, compuso una partitura, en la que lo culto y lo popular se dan de la mano como nunca.

Rafael Gómez de Marcos

Enamorado de la vida, reivindico mi infancia, mi verdadera patria, tres pilares, El Capitán Trueno, The Beatles y Joan Manuel Serrat, me fascina la ópera, me encanta bailar bachata y considero que decir cine americano es una redundancia. TVE no vio en mí ningún talento tras más de treinta años de servicios, Talento que me concedió la Academia de las Artes y las Ciencias de la Televisión en reconocimiento a mi trayectoria profesional. Nunca he estado afiliado a ningún sindicato y jamás he militado en ningún partido. Mi cita de bandera es una frase de José Ortega y Gasset: "Ser de la izquierda es, como ser la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral".

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