ETA, cultura vasca. Por Antonio E.

ETA, cultura vasca

«Auguro que, durante la emisión del homenaje al asesino etarra, el hedor a cadáver inundará la sala, siempre ocurre»

Dentro de unos días se celebrará un festival de cine en el que pasarán las obras inmortales y el pensamiento político de un criminal en serie, tal cual. Lo que nunca hicieron para honrar y recordar a las víctimas del nazionalismo criminal vasco, recordemos a Don Iñaki Arteta, al que rechazaron incluir en la programación una de sus cuantiosas obras retratando lo que verdaderamente ocurrió con las matanzas cometidas por la banda criminal ETA, ahora lo harán para entronizar en su particular esperpento a un vasco ejemplar, uno de los suyos.

El Festival Internacional de Cine de San Sebastián nació el 21 de septiembre del año 1953, lo cual nos indica que sobrevivió veintidós años resistiendo “heroicamente” al régimen anterior. Léanlo en clave sarcástica, y si no pueden hacerlo, vomiten, nadie les culpará por ello.

No hablaría de tal “evento” si no fuese porque este año van a exhibir una entrevista realizada por el arrojado y servicial Évole, factótum imprescindible de la cosa. De este sujeto sólo diré que su irrelevancia entre la gente decente es más que notable, su gracia como clown, incuestionable, y su sapiencia como correveidile lleva camino de convertirse en legendaria. Lo más relevante que ha hecho en su vida artística fue entrevistar al jefe de los pistoleros etarras, el tal Otegui, del que al parecer y según vimos en fotografías, goza de una amistad que me atrevería a calificar, como entrañable.

El Festival exhibirá una entrevista, más bien “gallarda o manola”, entre el criminal en serie José Antonio Urriticoechea, alias “Josu Ternera”, y el individuo arriba indicado. Triste figura la del “machaca” del que se sirve ETA, para hacer como si aquí no hubiese pasado nada. E inhumano el empeño del que pisotea adrede y con pleno conocimiento y crueldad la memoria de las víctimas, a las que de manera inmisericorde volverá a asesinar por segunda vez, esta vez para solaz esparcimiento del glorioso y superiorísimo pueblo vascongado.

De los organizadores, mejor no hablar, ya tienen bastante con rumiar su cobardía, al ceder su sede a la banda terrorista ETA para que se visione y aplauda su ominosa y criminal existencia.

¿Qué podemos pensar de un festival y de su dirección, donde van a acoger y homenajear a tan siniestro y criminal personaje? ¿Qué dirán todos los que de alguna forma van ir allí a exponer sus trabajos? ¿Devolverán los premios los galardonados en anteriores ocasiones? ¿Nadie va a sentirse escandalizado por acoger entre ellos a un desalmado y recalcitrante asesino? ¿Sonreirán todos como idiotas? O tal vez saldrán vestidos como de costumbre, de patéticos y tristes payasos.

Yo creo que más bien callarán como tumbas, nunca mejor dicho, y seguirán tragando con el escarnio que año tras año lleva cometiendo este festival para con las víctimas del nazionalismo criminal vascongado, todo él, incluida la parte del clero que fue casi toda, que negó auxilio espiritual a los moribundos, y entierro decente y cristiano a los asesinados. Los que aún tenemos memoria recordamos cómo se rechazó hace unos pocos años por parte de la organización portar lazos en repulsa por los asesinatos de ETA, dando pábulo con esa acción a su exquisita equidistancia, entre los criminales, y sus víctimas.

Del mal llamado cine español no cabe esperar nada, siguen petulantes y altivos exhibiendo sus sectarios principios, sin darse cuenta de lo repugnantes vomitivos y mamarrachos que resultan a ojos de millones de españoles. Ellos, entretenidos como están en adorar a su particular becerro de oro, el dueño de su ética, el amo de su moral, el único capacitado para hablarles de progresismo, el muy querido y ovacionado actual presidente del gobierno.

Imagino a la claque que acudirá en procesión al aquelarre festivalero. Señoronas muy dignas y encopetadas, de encorsetada moral, magnífica ética y estética vascongada, que en su apolillada mediocridad como ciudadanas “libres”, pero nunca iguales, siguen escandalizándose ante la presencia de una víctima del terrorismo etarra.

Ellos irán envarados y sudorosos, encorbatados y sumisos ante la fatídica realidad. Portadores como son de designios divinos, Dios patria y leyes viejas, que diría aquél botarate, hoy día dios revivido en forma de fajo de billetes. Ignorantes de lo que verdaderamente son, presuntos futuros servidores de los que ahora desprecian, la clase criminal más repugnante de Europa, a la que ayudaron a perpetuarse. Mirarán de hurtadillas al de al lado, no sea que se les escape algo impropio en presencia de los gerifaltes etarras, valerosos aberchales de dignísimo zulo, o mejor dicho zahurda. Cabe señalar que no me refiero a la asistencia de vulgares “Kubatis” o “Carniceros de Mondragón”, no, la mano de obra criminal de la más baja estofa sólo acude a las herriko tabernas para contar a sus chivatos y delatores cómo asesinaron por la espalda a sus señalados. Me refiero a la nueva dirección, lo peor de la banda etarra, técnicos y estrategas, de lo que un día, para ellos, será la gran “Euskal Herría”. Los teóricos de la muerte siempre estuvieron entre bambalinas, cerca del poder, dictando doctrina estrategia y muertes.

La serpiente se fue instalando poco a poco en aquella región española, en silencio, como cobardes que son, subrepticiamente, como los reptiles, sin prisa, pero sin pausa, esparciendo su pestilente fentanilo ideológico, consentido y subvencionado por los almacenistas de nueces. Ninguno de ellos tendrá bemoles para negarlo, tanta impudicia y tanta prepotencia no les serviría de nada sino pudiesen exhibirla.

Hoy día ETA está instalada en todos y cada uno de los estamentos vascongados, el nazionalismo de cuello duro y moral blanda lo sabe, pero no pueden hacer nada por evitarlo, son su creación.

Administraron tanto miedo, que ni siquiera tuvieron tiempo de leer a fondo las posibles contraindicaciones, una de ellas era administrarlo en pequeñas dosis, tanta cantidad terminó por entumecerles el cerebro, amuermando su conciencia. Ambos, ellas y ellos, están muertos, pero aún no lo saben. ¡Vive Dios que se lo han ganado a pulso! A nadie se le obliga a ser un cobarde, los que se fueron demostraron su valor yéndose, otros pobres lo pagaron con sus vidas, pero ellos, valientes y dignísimos esmirriados se quedaron, medraron y prosperaron, pero fueron y serán por siempre unos putos cobardes.

Es indigno exhibir el pensamiento de un criminal, aunque lo haya perpetrado y presentado el gurú del nuevo pseudo periodismo, un don nadie que se ha creído su propio personaje. Es indigno, pero soportado, por la casi totalidad de la población vascongada. ¡Malditos seáis por siempre! Fétidos y podridos equidistantes, no sois más que un submundo de meapilas, esperando que desde el más allá Setien os diga que sois admirables.

Auguro que, durante la emisión del homenaje al asesino etarra, el hedor a cadáver inundará la sala, siempre ocurre. Basta que un criminal se acerque a una cámara, para que eso suceda, lo sabemos desde hace tiempo, ETA sigue saliendo en los medios, aunque algunos rufianes sigan mascullando que no existe.

Pero que nadie se preocupe, que nadie se espante, el muy glorioso y exquisito nazionalismo vascongado dispensará a la concurrencia con nuevas fragancias y perfumes nazionalistas, extraídos por la fuerza de las armas por valientes y aguerridos gudaris, de clara extracción sabiniana, de tal modo que la pestilencia que ellos mismos despiden, quedará neutralizada. No así del hedor de la muerte, que de él nunca les salvará nadie.

Que ocasión perdida, que despilfarro de conciencia, que gasto tan inútil, que derroche tan innecesario. Si utilizan el evento para blanquear a un jefe etarra, les sugiero que la próxima vez hagan lo propio con ellos mismos, no sea que ETA, les asesine antes.

 

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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