
«Algo huele muy mal en todo esto, y tampoco descartaríamos que Sánchez estuviera tendiendo una trampa diabólica al Partido Popular»
Con independencia de nuestro rechazo ideológico —y hasta antropológico, por su falta de escrúpulos—, a nuestro juicio, el todavía Presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, ha demostrado ser el más hábil político de nuestra recuperada Democracia: ha resistido contratiempos, ha muerto y resucitado políticamente, tiene cintura política, miente mirando a los ojos con absoluta imperturbabilidad y el desprecio indisimulado en la comisura de los labios, maneja los tiempos como nadie, no repara en mientes para la consecución de sus fines, ha conseguido la fidelidad zombie de los suyos y es un experto en golpes de efecto. Sin duda, un verdadero político de raza.
Nos tememos que la gente de bien de nuestro zarandeado país, ya puede irse buscando un Miami o un lado occidental de Berlín, porque, en las próximas semanas, seguramente nuestro Presidente ceda a todos los chantajes del independentismo, se le duerma la mano de poner ceros en el cheque, vuelva a retorcer la Constitución y se gane el apoyo independentista para su investidura, porque, a costa de todo, busca su perpetuación en el poder, la destrucción de sus enemigos y hasta de sus aliados, y, muy importante, los intereses de un tal Sánchez. En este sentido, es un genio y terminará pasándolos a cuchillo a todos. En el PSOE ya se han dado cuenta hace bastante tiempo (y más de uno se va lamentando por los pasillos, dándose golpes de pecho y cabezazos contra la pared), pero en el cuerpo electoral todavía no, o lo que es peor, a media España nada le importa si, lo que viene, viene de uno de los nuestros. Es otra forma de podredumbre moral, ¿o de dónde iban a salir los políticos, sino del propio pueblo?
Pero, a fuer de ser sinceros, algo huele muy mal en todo esto, y tampoco descartaríamos que Sánchez estuviera tendiendo una trampa diabólica al Partido Popular.
En efecto, podría estar dando la impresión de que va a aceptar pagos inconstitucionales (amnistía y referéndum de independencia), de modo que va calentando a todo el espectro de la Derecha, que ya lo tilda abiertamente de ser un sujeto despreciable que haría cualquier cosa por su propia ambición, en lugar de defender el interés de nuestro país; que va a ser el responsable de la destrucción de la Constitución y de la unidad de España; que, una vez más, no tiene palabra y ha engañado a sus votantes porque siempre se manifestó en contra de ambas cosas; que es amigo de independentistas y herederos de ETA; y tantas cosas más que, incluso quizás, resulten verdad.
Pero es muy sintomático que no él haya hecho ninguna declaración expresa sobre ello, excepto para repetir machaconamente que cualquier acuerdo al que llegue con los independentistas estará en el marco de la Constitución; y tampoco compareció a dar la réplica a Núñez Feijóo en su intento de investidura, evitando decir absolutamente nada, ni a favor ni en contra de dichas cuestiones. Ya lo hacen en tropel por él, como los antiguos muñecos de Mari Carmen o de José Luis Moreno, sus ministros y ministras y sus jueces y juezas en nómina de la sopa boba. Pero él, no. Sánchez no sabe pronunciar la palabra “Amnistía”.
No descartemos, por lo tanto, que sea una nueva jugada sorpresa, y el día de su investidura se presente revestido de toda dignidad, diciendo que está dispuesto a cualquier pacto dentro de la Constitución, pero que Amnistía y Referéndum no lo están. Y, si los partidos independentistas no se fían y tumban su investidura, pues tendremos nuevas elecciones en Enero-2024. Nuevas elecciones a las que Sánchez se presentaría como un auténtico Hombre de Estado, como una víctima de la Derecha que ha vuelto a mentir miserablemente, asegurando que él, mientras se come unos niños crudos por la mañana, vendería la Constitución por un plato de lentejas, pero, que, al contrario, ahí está, sincero, humilde, presentándose a nuevas elecciones, porque, pudiendo, no ha querido pagar el precio; y él de verdad, no como retóricamente afirmó en su intento de investidura Núñez Feijóo. Y no como la Derecha afirmaba que iba a hacer él, y embarrando (esta Derecha tramontana) el escenario político, crispando la vida social y política de nuestro país, y con mentiras destinadas a injuriar a un político noble y que exuda españolidad y constitucionalismo por todos su poros.
Sin duda, la Derecha saltaría al cuadrilátero electoral noqueada desde el inicio del primer asalto. Y, al fin y al cabo, Sánchez no tiene nada que perder: sin duda sacará más escaños, le pegará otro bocado a sus socios y, seguramente, recupere votos que huyeron del PSOE en las últimas elecciones, en reconocimiento por la injusticia que viene sufriendo por ser un tipo honrado y amar a España, y no como los patriotas de pastel, esos de la banderita en la muñeca. Es difícil que, en estas condiciones, la Derecha obtenga una mayoría absoluta que no consiguió en julio (aunque, no pudiendo repetir el truco de votaciones en vacaciones y con una improbable pero no imposible concurrencia conjunta de Partido Popular y VOX, nunca puede afirmarse), y, aunque él se volviera a encontrar en la misma situación de necesidad que ahora, algo habría cambiado: estaría más fuerte, la Derecha mucho menos, y siempre puede cambiar de opinión y, a la siguiente, sí pagar el precio de la Amnistía y el Referéndum, o sus sucedáneos de diseño. Y, si no, tampoco pasa nada: Sánchez tiene el cuajo suficiente para seguir siendo Presidente del Gobierno en funciones a perpetuidad.
Y el peligro para nuestro Estado de Derecho sería todavía más real y estaría todavía más cerca. Ay, dulce y cara España, madrastra de tus hijos verdaderos… Éste es el panorama de nuestro Hallowen patrio: truco o trato.
