«En los márgenes». Por Teresita Ávila

 

Si, siendo como soy abyecta y vil / mujer, puedo llevar tan alto fuego, / ¿por qué no hacerlo arder siquiera un poco / y enseñárselo al mundo con estilo? / Si Amor con nueva, insólita llave de mecha, / que evitar yo no podía, tan alto me elevó, / ¿por qué no puede con juego no habitual / unir en mí del mismo modo la pena y la pluma? / Y si no puede por mi naturaleza, / que pueda al menos por milagro, que tantas veces / vence, traspasa y rompe toda medida. / No consigo decir si esto es posible, / pero para gran ventura mía empiezo a sentir / el corazón de nuevo estilo impreso.

Soneto de Gaspara Stampa citado por Elena FerranteEn los márgenes. Vía elconfidencial.com

Detalle de portada de ‘En los márgenes’, de Elena Ferrante (Lumen)

«En esta hoguera de las vanidades, sepan quienes deseen quemarse una sola cosa: han vuelto la espalda a lo importante»

Enfermos de mundanal ruido transitan los caminos, ocupan los espacios, hieren con sus lenguas viperinas los corazones y los oídos. Alimentando una fiebre que devora y debilita, no sabemos cómo deshacer un rumbo torcido. Dentro de ellos, de sus márgenes, nos movemos sin conciencia y abanderamos sus causas. Y con ello, nuestra perdición. Aun así, hay esperanza y la buscamos ansiosos. ¿A quiénes les será dado llevar tan alto fuego, y enseñárselo al mundo con estilo —como dijo la poetisa Stampa recordada por Elena Ferrante— cuando la mayoría observa un código ético light que dice más bien poco de la manera de encarar la vida?… Cuando sin estilo ni escrúpulos se vive en las aristas de aquello para lo que fuimos destinados, pasando de puntillas por una vida de engaño que no dejará huella. Se vive, en demasiadas ocasiones, para fijarse en la vida de los demás, para tragar saliva ante sus éxitos y ensanchar el tórax ante sus fracasos. Vida hipócrita que desconoce jugársela por otros y que utiliza el verbo ‘ayudar’ con falsa intención. Los márgenes evitan que el calzado se manche de barro. Son lo más cerca que estaremos jamás de una buena obra, «casi» cerca. Por si acaso, lo profundo se lo dejamos a los que se atreven a descender y mojarse, a la mano de obra barata del bien, a los que no buscan reconocimientos, ni premios, ni exposición mediática.

Si se me permite este neologismo tan gráfico, la hora de «desparvulizar» a la sociedad ha llegado. Demasiado pendientes de los movimientos del poder, servimos como agentes involuntarios de los intereses políticos gratuitamente, sin que ningún pudor afecte o cubra con un velo de vergüenza a los ocupantes de las altas esferas que se pasean por palacios de homenaje en homenaje sin que nadie les chiste, haciendo gala de su único objetivo: el goce y disfrute de derechos exclusivos, de una obscena exhibición de privilegios dignos de señores feudales. Mientras exigen sacrificios a una mayoría que ha visto reducida su capacidad de ahorro y se enfrenta al futuro con incertidumbre, se descorre el telón y el lujo versallesco se muestra al populacho [1]. Agasajados con manjares deliciosos [2], hospedados en lujosas habitaciones, trasladados en aviones privados, en coches de alta gama con chófer, blindadas las ciudades para protegerlos, todo ello y en todo momento sin gastar un solo céntimo de su bolsillo [3].

Por el contrario, los marginados conocemos hoy un anticipo de esa tierra de Jauja prometida en ese lugar llamado Metaverso, donde gozaremos virtualmente de bienes jamás soñados —pero tampoco gratuitos—, en un sensacional alarde de timo de la estampita que publicitan todas las empresas adheridas al invento. Una solución tan bien diseñada como ingeniosa para deshacerse de un potencial enemigo convirtiéndolo en cliente satisfecho, defensor acérrimo y creyente patológico, además, en un instrumento que lo ensalza en lugar de aceptar su verdadera intención, que no es otra que cosificarlo y transformarlo en avatar, en sombra, en nada. Dicho espacio virtual es, en realidad, una sofisticada celda de confinamiento voluntario que se alzará, sin discusión, con el primer puesto en el ranking de las peores prisiones del mundo [4]. Pura magia.

Echando la mirada en derredor, pudiera parecer que solo es visible el trampantojo cruel de las vidas reflejadas en el espejo, de las existencias que naufragan con el mismo roce de la superficie. Sin embargo, el contraste es inmenso cuando uno advierte la excepcionalidad de algunas personas que no dudaron en doblar el cabo de Hornos cuantas veces fuese preciso. Existen. Están. Son. Hace dos semanas fallecía en Valladolid Purificación Rodríguez [5]Puri, a quien traté lo suficiente como para saber que era un regalo de Dios que se mostraba tal cual era: sencilla, acogedora y, sobre todo, una infatigable trabajadora al servicio de los demás. Quiero pensar que aún quedan en este Valle de Lágrimas muchas almas buenas como la suya, que tienen la mirada limpia y una palabra siempre oportuna, nunca hiriente —aunque, con sabia mano, dirigía y hacía rectificar a los que se desviaban—. En esta hoguera de las vanidades, sepan quienes deseen quemarse una sola cosa: han vuelto la espalda a lo importante.

 

NOTAS___________

 

[1] https://www.revistavanityfair.es/articulos/carlos-camilla-versalles-cena-gala-macron

 

[2] https://www.ideal.es/granada/menu-dos-estrellas-michelin-tomaron-jefes-estado-20231006191247-nt.html

 

[3] https://www.libertaddigital.com/murcia/2023-09-14/murcia-blindada-durante-tres-dias-con-1400-efectivos-policiales-para-la-cumbre-de-ministros-de-la-ue-7048844/

https://www.rtve.es/noticias/20231005/mejores-momentos-visita-lideres-europeos-alhambra/2457696.shtml

https://cadenaser.com/andalucia/2023/10/05/la-alhambra-deja-boquiabiertos-a-los-lideres-europeos-reunidos-en-la-cumbre-de-granada-radio-granada/

 

[4] https://www.businessinsider.es/mayores-megacarceles-mundo-hacinamiento-malas-condiciones-1224778

 

[5] En palabras de su amiga Teresa de Rodrigo: «Ella supo vivir el Evangelio sin reservas, entregada a todos, pequeños y mayores, de dentro y de fuera, de aquí y de allá. Supo dar la vida por los demás porque no sabía decir “no”, ni dar la espalda, ni aplazar las peticiones que cualquiera le hiciera. Siempre tenía una sonrisa sincera, una palabra amable, sus manos dispuestas, sus brazos abiertos, su coche disponible y su reloj sin horas».

Teresita A.

Mi nombre tiene una historia detrás. La culpa no fue del cha-cha-chá -como cantaba Jaime Urrutia- sino de un "accidente burocrático". Nací en Logroño y pasé mi adolescencia en un lugar de cuyo nombre siempre me acordaré. Mis banderas son el humor cervantino y la retranca de Miguel Delibes -a quien tuve el honor de conocer, ya que soy autora de un libro cuya fuente exclusiva es su obra: Fórmulas de tratamiento en la narrativa de Miguel Delibes-. Las vocaciones -al contrario que las casualidades- existen y se persiguen, como los sueños. Y los míos siempre tuvieron en el foco darle a la tecla y escribir. Además, ejerzo como profesora en un instituto vallisoletano.

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