Charles Aznavour y «Venecia sin ti». Por Rafael Gómez de Marcos

Charles Aznavour y «Que c’est triste Venise».

«Hoy con la noticia que la Comisión de Venecia del Consejo de Europa publicará un dictamen sobre la ley de amnistía, recuerdo Venecia sin ti»

La noticia de su muerte hizo que los informativos franceses se olvidaran de la política. Había fallecido un grande de la música popular. Una voz imprescindible del olimpo de la «Chanson» con Trenet, Piaff, Bécaud y Brassens. Sus composiciones y versiones habían sido la banda sonora de varias generaciones.

 

Hoy despertándome con la noticia que la Comisión de Venecia del Consejo de Europa publicará en marzo un dictamen sobre la proposición de ley de amnistía, me ha venido a la cabeza «Que c’est triste Venise» (Venecia sin ti), uno de sus grandes éxitos compuesto por la novelista y cantante Françoise Dorin.

 

Alguien se extrañara de que lo mencione entre estos artistas, pero yo no quiero ignorarlo como hicieron otros en este país, por considerarlo demasiado comercial, por decidir que no podía estar al nivel de los grandes cantautores. Su pecado haber triunfado en la España de los 60 incluso cantando en español. Pero Charles Aznavour, no solo estaba a la altura de los más grandes de la canción francesa, sino que fue parte del movimiento que la forjó, nunca olvidó el jazz como referencia , dominando todos los tiempos de una canción y dominaba la escena como nadie.

Rafael Gómez de Marcos

Enamorado de la vida, reivindico mi infancia, mi verdadera patria, tres pilares, El Capitán Trueno, The Beatles y Joan Manuel Serrat, me fascina la ópera, me encanta bailar bachata y considero que decir cine americano es una redundancia. TVE no vio en mí ningún talento tras más de treinta años de servicios, Talento que me concedió la Academia de las Artes y las Ciencias de la Televisión en reconocimiento a mi trayectoria profesional. Nunca he estado afiliado a ningún sindicato y jamás he militado en ningún partido. Mi cita de bandera es una frase de José Ortega y Gasset: "Ser de la izquierda es, como ser la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de la hemiplejía moral".

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