
«No olvidemos reivindicar lo que nos define en muchos aspectos, orgullosos de nuestro legado, de nuestra historia y de nuestra cultura»
La Navidad es época de tradiciones en todo el mundo, cada país, cada pueblo y cultura son herederos de sus propios ritos que en la mayoría de los casos suponen un atractivo para todos que nos permite conocer otras culturas y costumbres.
Los villancicos, la iluminación, los dulces navideños, los regalos o las celebraciones familiares son signos de identidad en esta época del año, tradiciones que han pasado de generación en generación. Una de ellas, de las más arraigadas en España, es sin duda comer doce uvas el 31 de diciembre para dar la bienvenida al nuevo año.
Las costumbres que guardan relación con la atracción de la buena suerte son comunes y están muy arraigadas en todos los países del mundo. En Europa se cocinan lentejas en Italia, en Irlanda existe la tradición de arrojar pan contra las puertas y paredes de la casa para atraer la abundancia o en Dinamarca acostumbran a romper platos; los fuegos artificiales se organizan en muchos países creando un espectáculo extraordinario, como ocurre en Oceanía, el primer lugar en el planeta donde se anuncia el inicio de un nuevo año.
En nuestro país el origen sobre cómo da comienzo la costumbre popular de comer las doce uvas en Fin de Año tiene su origen en el pueblo madrileño. En el siglo XIX la aristocracia y alta burguesía de la capital de España adquirió la costumbre de tomar champán con uvas en sus fiestas, entre ellas el 31 de diciembre, para recibir el nuevo año como algo distinguido imitando la costumbre que se había extendido en Francia. El pueblo, para ridiculizar esta moda que consideraban cursi y remilgada, comenzaría a reunirse en la Puerta del Sol para tomar uvas con una actitud alegre y desenfadada burlándose de la clase adinerada y su nueva costumbre. Una de las causas de esta actitud popular fue un bando del alcalde de Madrid José Abascal y Carredano (1829-1890) en el que se prohibió la celebración de fiestas callejeras en las que tenían lugar desórdenes públicos y molestaban a los ciudadanos que no participaban en ellas, sin embargo los madrileños no estaban dispuestos a prescindir de estas reuniones, por lo que tomaron la decisión de hacerlo en pleno centro de la ciudad para continuar con sus festejos en la calle, en este caso tomando uvas. En la década de 1880 ya aparecen artículos en diversos periódicos como en El Siglo Futuro, El Imparcial o El Correo Militar que hacen referencia a esta nueva práctica.
A esta situación hay que añadir que en 1909 se produjo un excedente en la cosecha de uvas en la provincia de Alicante, hecho que aprovecharon los productores para promocionar la idea de tomar las que denominaron “Uvas de la suerte” y así dar salida a la producción, lo que unido a la propuesta popular dio más fuerza a la costumbre que se estableció entonces y que aún perdura.
De esta manera, por un lado como burla a la nueva moda adquirida por los ricos burgueses y por otro como protesta contra las medidas del Ayuntamiento, la tradición de tomar uvas la última noche del año despertó gran interés, convirtiéndose en una costumbre cada vez más popular en Madrid para extenderse después al resto de España y exportándose más tarde a algunos países de Hispanoamérica.

La cita es esperada por muchos ciudadanos que aguardan horas para ocupar un buen lugar lo más cerca posible del reloj más famoso de Madrid situado en una torreta en la Real Casa de Correos en la céntrica Puerta del Sol e inaugurado en 1866 por la reina Isabel II (1830-1904). Fue realizado por el gran relojero José Rodríguez Losada (1797-1870) que lo donó al Ayuntamiento. Su maquinaria funciona a la perfección y en los últimos días de diciembre comienza la cuenta atrás para ser protagonista una vez más en la gran mayoría de los hogares españoles. La primera retransmisión televisiva fue en 1962 y es emocionante pensar que millones de personas en España en esos momentos comparten la última tradición del año.
Doce uvas, doce meses y un deseo para cada uno de ellos, propósitos para el nuevo año brindando con cava o champán, agradeciendo vivir una nueva cita con la tradición y la esperanza siempre en el futuro con los habituales deseos de todos, salud, dinero y amor.
Es interesante mantener las tradiciones que forman parte del patrimonio cultural de un pueblo y esto es esencial en una época en la que en ocasiones, por motivos políticos e intereses particulares, algunos pretenden aniquilar. Los amantes de la historia y de las tradiciones debemos tener en cuenta esto y no permitir los ataques a los que nuestra cultura se ve sometida. No olvidemos reivindicar lo que nos define en muchos aspectos, orgullosos de nuestro legado, de nuestra historia y de nuestra cultura occidental a la que debemos preservar.

