
«La vergonzosa sumisión reptiliana de una banda –que se dice gobierno–, que se ha arrastrado en el polvo y el fango del camino»
Sin duda, lo más importante que hemos vivido la semana que se fue, segunda ya de esta cuesta de enero que se divisa dura en todos los sentidos, incluido en lo político, ha sido la vergonzosa sumisión reptiliana de una banda –que se dice “gobierno”–, que se ha arrastrado “en el polvo (fango) del camino”, mendigando hasta la náusea ante un delincuente fugado de la Justicia. Hago aquí un inciso porque leía la víspera de Reyes, ¿Qué día más “apropiado” para un asunto tan propio de nuestras monarquías?, un artículo sobre la “honestidad” de los Borbones, en el que me sorprendió un párrafo sobre esa “huida”, en el que el autor ponía en boca del coronel Diego Camacho esta frase: “…la fuga del prófugo Carles Puigdemont tras el golpe de octubre de 2017 no se debió a una negligencia de los responsables de la época, del gobierno de Mariano Rajoy, sino que contó directamente con su colaboración”. Fin del inciso y de la cita, invitando a leer el citado artículo.
Volviendo al asunto, mayor por ahora, ha sido patético ver el extremo de repugnancia al que fue capaz de llegar el “ejecutivo”, ejecutado por Carlos Puigdemont desde Waterloo –paradojas de la historia–, cuando se anticipaba la negativa de Junts –o JxCat– a votar afirmativamente los tres decretos ley –instrumento legislativo favorito– que pretendía el déspota de la Moncloa por su procedimiento de urgencia habitual, para la que su fiel Paquita Armengol había habilitado el mes de enero para el Congreso –en obras, para mejor acomodo de sus señorías–, aunque fuera en el Senado. Anticipándose a lo que pudiera llegar, y en su zafio estilo –tienen menos vergüenza que principios, que ya es decir–, el PSOE recurrió a pedir ayuda al PP, retorciendo, como siempre hace cuando se tuerce su plan, la realidad a pasiva, y queriendo cargar la responsabilidad de no poder atender los “beneficios sociales” –es decir, el suyo, de permanencia en el poder como sea– a la negativa de la derecha, amigos de la ultraderecha de VOX, mientras él da ejemplo apoyándose en los “progresistas” de BILDU, como los señalaba hace unos días uno de sus “portacoces”, de nombre Óscar Puente. Recordemos que en el debate de investidura de Pedro Antonio Pinóchez y otras yerbas ponzoñosas, el líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijoo, se adelantaba a la previsible jugada: “Cuando le fallen sus socios, no me busque a mí”. Ya he dicho algunas veces que este gallego, por mucho que algunos lo critiquen, es mucho más listo –políticamente hablando, al menos– que su predecesor y, probablemente, que el que los precedió a ambos al frente del partido del charrán desde su origen como PP. Del palentino no procede aquí comentario alguno, ni casi, siquiera, ponerlo en la serie de dirigentes populares, después de su triste demostración de cumplir con creces el Principio de Peter.
Dicho y hecho; y, mientras ardían los móviles y sus señorías calentaban asientos sin saber realmente lo que finalmente votarían como pago a la permanencia del amado “ldle”, el ministro del tres (poderes) en uno, como el desengrasante, Félix “Gracita” Bolaños, desgranaba su “argumentario” en la tribuna del Senado, preparando el terreno: “Hoy debatimos y votamos tres Reales Decretos Leyes (sic) que son imprescindibles para que España tenga acceso a 10.000 millones de fondos europeos”, intentando dejar claro “lo que nos jugábamos”, sobre todo ellos, que siguen sin fiscalización de su aplicación gracias a la abstención, en su día, de VOX, a la propuesta del PP, que dejó en sus manos cómo gastarlos, pero justificándolo con lo de siempre, contención de precios, prestaciones de desempleo, incremento de pensiones, transporte gratis para todos… es decir, continuar con la argentinización que llevó a los del Cono Sur a la ruina a base de subsidios. Después, volvió a exhibir su deformación democrática cuando dijo que “hoy los ciudadanos podrán comprobar si los representantes que eligieron el 23 de julio en las urnas, –con esa particular interpretación de lo que dijeron las urnas, que hacen el PSOE y su socio– están aquí para facilitarles la vida o para dañarles si con ello creen que también dañan al gobierno”, en clara alusión a la anunciada negativa que había adelantado el PP. Y rizó el rizo cuando dijo que “Cada persona que nos ve y que nos escucha hoy –¿pensaría que despertaba el interés de muchos españoles?–, sabe que si hoy fallamos, que si ustedes fallan hoy, señorías –porque nosotros no fallamos, son ustedes– mañana sube la factura de la luz; su pensión, mañana, baja; deja de acceder gratuitamente al transporte público y tiene que gastar más en el supermercado para llenar el frigorífico”.
No se hicieron esperar los abucheos de los que se dieron por aludidos, seguidos a renglón seguido por los aplausos de los palmeros para taparlos, que obligaron a llamar al orden a Petra, criada para todo, en la que se ha convertido la fiel Paquita. Y se despedía, con ese tono predicador que tanto gusta a su jefe, con un “ruego a sus señorías que comprendan la importancia que tiene el voto que van a emitir hoy para millones de ciudadanos, familias y empresas –aunque mañana subiremos el SMI sin contar con ustedes–, que esperan que sus representantes les hagan la vida más fácil y no más difícil”, porque “Ustedes, señorías, están aquí para hacer el bien a quienes les votaron y no para perjudicarles con politiquerías que nadie entiende. Hagamos política útil…”, como las que hacemos nosotros con nuestro dictador de Bruselas, le faltó decir. En resumen, si votas sí, eres bueno y haces fácil la vida, y si no, culpable de que los españoles pierdan bienestar. Pura demagogia populista.
En su turno, la portavoz del fugado, Miriam Nogueras, dejaba un último aviso: “Estamos aquí por Cataluña, no por ustedes o por el reino”, por si alguien lo dudaba. Y se recreaba desde la sonrisa de superioridad de los que saben que tiene la sartén por el mango –y el mango también– frente a un felón dispuesto a lo que sea para seguir en lo más alto, que no gobernando: “ustedes han complicado mucho una nueva sesión que era muy sencilla. Bastaba con hablar, negociar y pactar y algunos han confundido dialogar con negociar y pactar, pero las cosas, como dijimos el primer día, no volverán a ser como habían sido hasta ahora”. Y terminaba con un contundente “Si quieren los votos de Junts tiene que ganar Cataluña”. Y, como era previsible, Cataluña ganó al final, con las vergonzosas cesiones de este lado del teléfono, el de Madrid, a las exigencias del otro lado, el de Bruselas, aunque no faltó el suspense al tener que repetir una de las votaciones por el error del voto de Gerardo Pisarello, genio importado de Argentina que ha hecho carrera en Barcelona en el maremágnum de los Comunes y que las elecciones de 2019 nos dejaron en el Congreso. Ese error estuvo a punto de dar al traste con el decreto anticrisis, que arrojó empate en la primera votación y hubo de repetirse con el mea culpa del citado argentino importado –de la cosecha de resentidos de Pablo Echenique, seguramente–: «Prometo prestar más atención la próxima vez«.
No quiero pasar por alto una circunstancia que parece haber pasado desapercibida en muchos medios. Y es que, dado lo ajustado de las votaciones, en las que dos de los decretos, el llamado ómnibus y el de medidas anticrisis, fueron aprobados con 172 votos a favor y 171 en contra, con la abstención por incomparecencia de los siete diputados de Junts, resulta que el voto decisivo fue el de Coalición Canaria, la formación que gobierna en el archipiélago, en coalición con el PP, y gracias a su apoyo. Cosas de la política y sus “extraños compañeros de cama”, que dijera Manuel Fraga. Cobra protagonismo pronto lo que la portavoz y única diputada de CC, Cristina Valido, dijo tras el apoyo a PinócHez, después de haber apoyado antes a Feijoo –“coherencia”, se llama eso–: “Puede que Junts tenga la llave de la legislatura, pero nosotros tenemos el llavín”, y bien que lo han aprovechado en esta ocasión, desconozco a cambio de qué. Así que, gracias, Coalición Canaria, por seguir ayudando al sátrapa. Y Yoli la Chulísima se quedó, por el momento, sin su decreto de reforma del subsidio de desempleo, por el voto en contra de Podemos, que se venga así de su recorte parlamentario y exclusión del ejecutivo, aunque supongo que durará poco esa negativa.
Y consumado el paripé forzado del primer pleno de la presente legislatura, Moncloa, como no era de extrañar en su permanente exhibición de “transparencia”, no publicó los acuerdos con Junts –cesiones, sería más apropiado llamarlos– con los que sólo ha conseguido la abstención del dictador de Waterloo, «Hagan los Reales Decretos sin trampas y tendrán el apoyo de Junts«, les dejó como penúltimo aviso la antes citada Miriam Nogueras. Finalmente, gracias a Junts, hemos sabido la relación de las cesiones conseguidas: Suprimir el Art. 43 de la LEC; revertir el decreto que favoreció la marcha de empresas de Cataluña; cesión total de las competencias de inmigración; publicación de las balanzas fiscales; bonificación del transporte público, que asume el Estado –que pagamos todos, obviamente– y 0% de IVA para el aceite de oliva.
Moncloa, por su parte, sigue sin aclarar en qué consiste esa delegación de competencias en materia de inmigración, nuevo eufemismo emitido desde allí para repetición de todos los corifeos gubernamentales, remitiéndose a la política común europea, mientras Junts asegura que ahora podrán controlar qué inmigrantes se aceptan en Cataluña y cuales no –¿y adónde mandarlos también, supongo, por ejemplo a Zaragoza o a Castellón, por citar sólo dos provincias limítrofes?–, que algunos dirigentes de la izquierda “progre” consideran una actitud xenófoba. Una competencia, por cierto, exclusiva del Estado, de acuerdo con el Artículo 149. 1-2ª, que dice textualmente: “Nacionalidad, inmigración, emigración, extranjería y derecho de asilo”. Bolaños decía que “Es un acuerdo en virtud del cual se va a impulsar una ley orgánica para poder hacer esa delegación de competencias en materia de inmigración” –lo que puede ser interpretado como intento de tomadura de pelo a Junts–, añadiendo que “La política migratoria es una política europea”. Por su parte, la número dos en todo, mi Marisú Montero de Andalucía dejaba su escapatoria sin salirse del guion: «Es una delegación de competencias en el marco del 150.2 de nuestra Constitución –“El Estado podrá transferir o delegar en las Comunidades Autónomas, mediante ley orgánica, facultades correspondientes a materias de titularidad estatal…”– y es perfectamente replicable en el resto de comunidades», a lo que el PP ya ha dicho que no pedirá esa competencia para las autonomías que gobierna. El nuevo ministro de Política Territorial y Memoria Democrática –me pregunto la relación entre ambas áreas para estar en la misma cartera–, Ángel Víctor Torres, decía que “En ningún caso es una transferencia, sino una delegación de competencias”. Se da la circunstancia de que este personaje perdió en las últimas elecciones la presidencia de Canarias, una de las zonas más afectadas por la inmigración irregular, si no la que más, con la que nos obsequia casi a diario el continente africano. También, la navarra premiada, precisamente, con el ministerio de Migraciones, tras la cesión de la alcaldía de Pamplona a BILDU, Elma Saiz, repetía la consigna: “Dentro del marco de la Constitución se establece una delegación de competencias”. A la que le dejo el dato de 2023, que ha cerrado con un total de 56.852 inmigrantes irregulares.
Pero, como siempre, será Junts el que nos dé la pista de la realidad de la concesión, sobre la que su secretario general, Jorge Turull ha dicho que “Ahora veremos todo lo que se puede traspasar, que tiene que ser la mayoría de todo lo que está haciendo el Estado en materia de inmigración. Y aquí hay temas capitales. Desde el tema de la lengua, hasta el de los flujos, el de todo lo laboral, etc., etc. Nosotros queremos la gestión integral”. Y la pasta, a ser posible. Así que ya sabemos lo que será esa “delegación de competencias.”
Y para completar el esperpento, ERC, que es quien gobierna en Cataluña, califica el “logro” de Junts como acuerdo y así se ha referido al mismo su portavoz, Raquel Sams: “El acuerdo es una declaración de intenciones. Se habla de delegación de competencias que no es lo mismo que traspaso de competencias… está en una fase muy embrionaria. Faltan muchas concreciones. Hay un anuncio de intenciones…”. Lo mismo que la consejera de Presidencia de la generalidad, Laura Vilagrá, que opina que “Es un pacto y un compromiso muy difuso”.
En definitiva, la opinión depende del bando –o la banda– al que pertenezca el opinador político o el medio que lo comente, pero el que manda es el fugado, con o sin ayuda, Carlos Puigdemont, mientras el esperpento aguante y la legislatura, o lo que en realidad sea esto, se mantenga.
Lo cierto es que esto no ha hecho más que empezar y ahora viene la pretendida aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, que esta vez no serán tan PGETA y pasarán a ser PGJunts. Ángel Expósito adelantaba en COPE las dos cartas que se guarda en la manga el independentismo para jugar en la próxima partida de necesidad de votos: «La comisaría de Vía Layetana, símbolo de la batalla de los CDR en Urquinaona y el cuartel del Bruch del Ejército de Tierra, el gran símbolo de lo que llaman colonialismo español«.
Termino con lo que ha dicho el presidente de Castilla La Mancha, siempre tan parlanchín como poco coherente en sus actos, Emiliano García Page, respecto a esta nueva bajada de pantalones del “okupa” del desgobierno, que vuelve a cargar de boquilla contra su presimiente, al que luego votan sus diputados castellanomanchegos: “Si las competencias las pidiera VOX, todo el mundo se rasgaría las vestiduras, pero las pide Puigdemont, para lo mismo, y eso no tiene nada de progresista. Eso es exactamente reaccionario. Si por Puigdemont fuera, yo sería un extranjero. Me gustaría que el gobierno aprovechase Los Quintos de Mora para pensar si es o no admisible que los independentistas catalanes, que por lo demás son supremacistas, cuando no xenófobos, lo que están planteando es que el gobierno gobierne con camisa de fuerza”.
Continuará… a peor, no tengo la menor duda.
