
En esta poesía, puedes encontrar 54 títulos de canciones de Mecano, que tanto ha significado para más de una generación de amantes de la buena música. A ellos se la dedico y les doy las gracias por tanta genialidad.
En cada estrofa podrás encontrar al menos un título y en alguna, hasta 5.
Me cuesta tanto olvidarte
El siete de septiembre, cumpliré un año más.
Tú no vendrás a mi fiesta, hace mucho que no hablamos.
No sería de buen gusto, el llamarte y además,
creo que me haría daño, tu presencia, ya que estamos.
Recuerdo aquellos dos viajes, tú y yo cenando en Paris,
y aquella boda en Londres, en Mayo, no me confundo.
Incluso estando en Madrid, sólo jugando al parchís,
contigo sentía estar, volando hasta el fin del mundo.
Siempre hablabas de viajar, a mil destinos lejanos.
A Japón, Hawai, Bombai, y me Río de Janeiro.
Yo era más de disfrutar, de lugares más cercanos,
no sé yo, como en Santiago, y ver su botafumeiro.
Yo disfrutaba contigo, hasta comprando en rebajas,
o en el Retiro tranquilos, viendo abuelos en los bancos.
Bailando Salsa en la calle, oyendo Cruz de navajas.
Nuestras tardes en el cine, en la fila de los mancos.
Seis años antes me acuerdo, buscando el bar de mi amigo.
El uno, el dos, el tres… el número no recordaba.
Yo me colé en una fiesta y de bruces di contigo.
No me salían las palabras y torpe balbuceaba.
Perdona! Te dije entonces, ando un poco despistado
¿No es este “El blues del esclavo”, de la calle Santa Fe?
Es que abrieron hace poco, y yo nunca había estado.
El garito de Juan Carlos… Bueno, de J.C.
Me dijiste, “casi aciertas. Es la perpendicular.
Estás en el bar “Laika”, de la calle Santa Pola”.
“Al menos es otra Santa”, bromeé. Debiste pensar,
“este chico es una joya, mejor otra noche sola”.
El caso es que te reíste y yo suspiré aliviado.
No habías salido corriendo, no lo podía creer.
Te presentaste sonriendo, no dijiste “Ay que pesado”.
Pensé, “invítale a una copa”, no tienes nada que perder.
El alcohol me fue quitando, el miedo poquito a poco.
Las cervezas me sentaron, sinceramente muy bien.
Hablamos sin darnos tregua, del tirón, como dos locos,
soltando cincuenta palabras, sesenta palabras, o cien.
Tú hablabas ya de tus ganas, de viajar a las Bahamas,
o de ir en un barco a Venus, o en la máquina de vapor.
O de en un viaje espacial, ir a ver al Dalai Lama.
Sin embargo me decías, que no hay marcha en Nueva York.
Yo en cambio a ti te conté, que era más bien ermitaño.
Que dejé pronto el colegio. “No me enseñen la lección”,
pues la cambié por pinceles, hace ya más de diez años,
entre naturaleza muerta, perdido en mi habitación.
Tú decías que de pintar, conocías el maquillaje.
Así que fuiste al aseo y a tomar el aire salí.
Parecía estar flotando, tú me llevabas de viaje,
yo te hablaba de mis cuadros, como Eugenio Salvador Dalí.
Ya viene el sol, me dijiste, que luz más inoportuna.
La oscuridad a mi me daba, el valor ¿Porqué? Diréis.
De día soy un artista, de noche hijo de la luna.
“Mi número es dos cincuenta y cuatro, trece veintiséis”.
Al sábado siguiente, volví al Laika sin llamarte.
El pintor supersticioso, siguió su propio camino,
por dar un golpe de efecto, te busqué sin avisarte.
Si hoy la encuentro, me decía, es la fuerza del destino.
Los amigos, los amantes, fuimos durante tres años.
Tú te seguías preguntando ¿Dónde está el país de las hadas?
Yo contigo y con mis cuadros, no temía ningún daño,
mas los héroes de la Antártida, no van a Navacerrada.
Aún recuerdo aquellos sábados, con La bola de cristal.
Pero tú veías tus pasos, dirigirse a la estación.
No eras mujer de disfrutar, con la fiesta nacional.
Está muy claro que hoy, esto no es una canción.
Una Rosa es una rosa, pero en el campo es más bella,
que en un jarrón, o en cuadro, por muy bien que esté pintada.
Quédate en Madrid, soñaba, mas no lo soñaba ella.
No se puede mantener, a una gaviota enjaulada.
Ya no bailo por las calles, ya no pintan mis pinceles.
Debo asumir que este punto, es final y no es aparte.
Pero es verdad que aún no siento, el olor de los claveles
Y me maldigo diciendo, “me cuesta tanto olvidarte”.
Aún creo sentir tus labios, tu nariz, las cosas pares.
Cayó el peón del Rey de negras, hoy no me puedo levantar.
Sólo soy una persona, que no soñó en otros mares.
Esta es la historia de un amor, que hoy me dio por recordar.
Los 54 títulos de Mecano
- El cine
- No hay marcha en Nueva York
- Los amantes
- La fuerza del destino
- Quédate en Madrid
- El blues del esclavo
- Un año más
- Héroes de la Antártida
- Cruz de navajas
- Me cuesta tanto olvidarte
- Hijo de la luna
- Maquillaje
- Ay qué pesado
- El 7 de Septiembre
- Aire
- Hoy no me puedo levantar
- Dalia Lama
- No tienes nada que perder
- Esta es la historia de un amor
- Me colé en una fiesta
- Barco a Venus
- Hawai Bombai
- Una rosa es una rosa
- Tú
- El uno, el dos, el tres
- J.C.
- Bailando salsa
- Perdido en mi habitación
- Laika
- Eugenio Salvador Dalí
- No me enseñen la lección
- Cenando en Paris
- Boda en Londres
- La máquina de vapor
- Sólo soy una persona
- El fin del mundo
- 2.54.13.26
- 50 palabras, 60 palabras o 100
- Te busqué
- Las cosas pares
- Naturaleza muerta
- Sentía
- El peón del Rey de negras
- Este chico es una joya
- Dónde está el país de las hadas
- Madrid
- La fiesta nacional
- La bola de cristal
- Viaje espacial
- Japón
- Ya viene el sol
- La Estación
- Me río de Janeiro
- Esto no es una canción

