
«Es una de las mejores obras de la pintura barroca española, en una composición con efecto de teatralidad en las que las escenas se van sucediendo hasta el final de la composición»
En junio de 2024 se han cumplido cuatrocientos veinticinco años del nacimiento de uno de los mejores pintores de la historia, Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (1599-1660) y dar unas pinceladas sobre uno de sus cuadros más emblemáticos, Las Hilanderas o La Fábula de Aracne, siendo gran admiradora de su obra, me ha parecido interesante.
Nacido en Sevilla, ciudad en la que se dedicó a estudiar y pintar desde niño en el taller de Francisco de Herrera El Viejo (1576-1656) con quien no vivió una buena experiencia debido a mal carácter del pintor, por lo que comenzó a trabajar con Francisco Pacheco (1564-1644) que más adelante se convertiría en su suegro, al casarse con su hija Juana con la que tendrá dos hijas. A este periodo corresponden obras de temática costumbrista como El Aguador de Sevilla o Vieja friendo huevos, y algunos de temática religiosa como La Adoración de los Reyes.

A los veinticuatro años marcha con su familia a Madrid para trabajar el resto de su vida en la Corte al servicio de Felipe IV (1605-1665). Ésto le permitió estudiar la obra de grandes maestros tanto españoles como extranjeros gracias a las obras pertenecientes a la Colección Real, estudió a su vez en Italia, animado por Pedro Pablo Rubens (1577-1540), donde conoció de cerca la obra de los magníficos pintores italianos que tuvieron gran influencia en su obra.
En la Corte realizó un primer retrato del monarca gracias a la influencia del poderoso valido, Conde Duque de Olivares (1587-1645). Felipe IV quedó muy satisfecho con el resultado y lo nombró retratista real, en esta época realizaría numerosos retratos de la familia y allegados a la Corte alternándolos con otras obras como El Triunfo de Baco, una de las obras mejor valoradas del pintor.

Diego Velázquez tenía un gran interés en los temas mitológicos y era gran conocedor de ellos; una de sus peculiaridades, a diferencia de otros artistas que proponen el tema de forma apoteósica y triunfal, es que Velázquez humaniza el mito, representándolo con personajes vestidos a la moda de la época o realizando los trabajos tradicionales como en otras de sus obras como La Fragua de Vulcano, realizado durante su estancia en Italia o El Triunfo de Baco, consiguiendo así una mayor conexión con el espectador.
Durante muchos años el magnífico cuadro de Las Hilanderas fue considerado simplemente como un cuadro de costumbres en el que se representaba la escena de unas mujeres trabajando en un taller de tapicería y era algo aceptado por todos ya que el pintor era Aposentador Real y por tanto podía visitar con frecuencia la Fábrica de Tapices de Santa Isabel.
Sin embargo, esta interpretación no era satisfactoria para algunos estudiosos; el gran filósofo José Ortega y Gasset (1883-1955) y el profesor Diego Angulo (1901-1986) ya se pronunciaron al respecto afirmando que tras la escena costumbrista se escondía la historia mitológica a la que tituló La Fábula de Palas y Aracne que ya fue narrada por el poeta romano Ovidio (43 a. C.-¿?) en La Metamorfosis (Libro VI.I) conocida como La Fábula de Aracne. Sus teorías tomaron fuerza al localizarse los documentos que en 1664 constituyeron el inventario de Pedro de Arce, funcionario de la Corte para quien fue pintado el cuadro; en esos documentos se hace referencia al nombre de la fábula mencionada.

En la historia se narra como la joven tejedora Aracne, dotada de una gran habilidad y muy admirada y halagada por sus vecinos, guiada por su vanidad y su orgullo, decidió competir con Palas Atenea, diosa de la Sabiduría, las Artes y los Oficios. Ante tal reto, Palas quiere disuadir a la joven de un propósito tan insensato y decide disfrazarse de vieja, pero no consiguió que Aracne abandonara la idea de retarla. La superioridad de la diosa y la burla al representar la escena de la infidelidad de su padre Zeus, que convertido en toro raptó a Europa, constituyó una clara ofensa contra Palas y la enojó de tal forma que castigó a la tejedora por su actitud altiva convirtiéndola en araña.
Es una de las mejores obras de la pintura barroca española, en una composición con efecto de teatralidad en las que las escenas se van sucediendo hasta el final de la composición. Por una parte, en primer plano a la derecha la figura de Aracne trabajando los hilos, a la izquierda la figura de Palas disfrazada de vieja, pero su pierna descubierta de aspecto juvenil nos muestra la intención del pintor de mostrarnos su verdadera personalidad; las dos figuras forman una estructura equilibrada. Detrás, una mujer recoge madejas del suelo en el plano de mayor penumbra del cuadro que diferencia las dos escenas, en la que aparecen las dos protagonistas femeninas y la escena del fondo que representa una estancia muy iluminada con dos damas lujosamente vestidas, que se cree podían ser la infanta María Teresa de Austria y Borbón (1638-1683), futura esposa del monarca francés Luis XIV (1638-1715), y sus damas de compañía, que contemplan el tapiz donde se representa el trabajo de Aracne que tanto indignó a la diosa.

El tema era apropiado para abordarlo en un espacio que conocía, como eran los telares quedando así la fábula enmascarada en una escena cotidiana. Ha habido muchas interpretaciones sobre la famosa obra pero entre todas hay opinión unánime en cuanto a una de ellas en la que se admite que el cuadro es una alegoría a la categoría del arte de la pintura, a la que aún en el siglo XVII no se le otorgaba la nobleza que le correspondería como pasaba por ejemplo con la música o la poesía. En este sentido, Velázquez elije un tema mitológico para ennoblecer este arte y elevarlo, y a la vez constataría su valía como pintor, algo que él mismo se atribuía, conociendo bien sus excelentes aptitudes como artista.
La inspiración para realizar el tema representado en el tapiz parte de grandes pintores de la historia del arte europeo. En el Alcázar de Madrid existían unos cuadros de temática mitológica pintados para el rey Felipe II (1527-1598) por el gran pintor italiano Tiziano (¿?-1576) muy admirado por el monarca; cuando Rubens visitó España en 1628 los contempló en el Alcázar, tomó algunos bocetos y copió La Fábula de Aracne.
Este hecho conocido por Velázquez, influyó en la decisión del maestro sevillano para pintar el cuadro con esta temática, porque sin lugar a dudas existía, además de admiración, cierto recelo ante el gran reconocimiento del que gozaba el pintor flamenco. Velázquez no solo reprodujo el tema de la Fábula, sino que incluyó una escena cotidiana narrando el episodio jugando a la vez con varios momentos de la misma narración.

El genial artista consigue lograr la sensación de transparencia llegando a la cumbre de la técnica pictórica en la rueda que gira velozmente y el pintor ha captado un instante preciso que ha quedado eternizado. Contemplarla resulta impactante y es que reproducir el movimiento es una de las mayores pruebas de la capacidad de un pintor.
En Las Hilanderas como en otra de las obras más magistrales del pintor, Las Meninas, Velázquez ha sabido captar la atmósfera y la luz de una manera extraordinaria y es en esto en lo que Velázquez se diferencia de otros muchos pintores, entendió que el aire interpuesto entre las figuras u objetos hacía que se difuminaran, de tal manera que se creaba profundidad y esto es algo que tan solo lo puede hacer un maestro de la pintura como lo fue él.
Una obra maestra en la que Velázquez a través de la composición quiso demostrar su capacidad como pintor, no solamente como pintor de escenas, sino como narrador de historias en las que lo intelectual forma parte del cuadro.
Los juegos de luces, penumbras, las texturas, la pincelada y el movimiento, como se aprecia en el cuadro de Las Hilanderas, han hecho de este pintor uno de los grandes genios de la pintura universal y sus obras han dejado una huella imborrable en la historia del arte.
Ha sido un pintor muy admirado por artistas como Pablo Picasso (1881-1973) o Salvador Dalí (1904-1989) entre otros que lo han homenajeado con obras como Las Meninas con una reinterpretación cubista en el caso del pintor malagueño.
Se conservan aproximadamente ciento veinticinco obras del pintor, de las cuales cincuenta se exponen en el Museo del Prado, veinte se encuentran en Gran Bretaña debido al interés por coleccionar su obra en las islas y entre ellas la maravillosa Venus del Espejo en la que el artista consigue representar a la diosa sensual y elegante, el resto se encuentran repartidas en varios museos.
Estudiar sobre la obra de Velázquez, hablar o escribir sobre ella es apasionante y fuente de conocimiento. Contemplar sus obras es un auténtico deleite y siempre una oportunidad de conocer más y más la obra de un pintor extraordinario que sabía cuánto era capaz de hacer valorándose a sí mismo y que se propuso enaltecer el oficio de pintor, algo que logró con su aportación al arte. Un gran pintor, un maestro, un genio.

