
En esta poesía podrás encontrar hasta 52 títulos de canciones de Danza invisible, a los que humildemente se la dedico, por haberme acompañado durante muchos grandes y felices años.
En todas las estrofas podrás encontrar al menos 2 títulos y en una de ellas, podrás encontrar hasta 6.
No habrá fiestas para mañana
En nuestro querido Edén, pasamos aquel verano.
Dame de beber de noche, de día tomando el sol.
Nadie como tú acaricia, tan dulcemente mi mano.
Y sigue después mi ritmo. Somos el club del alcohol.
Quedándonos sin aliento, como dos perros en celo.
Disfrutando en esas aguas y de todo su caudal.
Dame más, quiero morder, tus labios de caramelo.
Dulce consentido amor, salvaje rock animal.
Sabor de amor sin descanso, viviendo en agua sin sueño.
Nos daba igual el calor, que llueva, granice, o truene.
Tú mi Reina del Caribe, yo soñando en ser tu dueño,
y en dejarnos arrastrar, donde el corazón nos lleve.
Pero el fin de aquel agosto, aparecía insolente.
Y nos tocaba volver, del jardín de las delicias,
de nuevo a mezclarnos solos, entre toda aquella gente.
Yolanda, Luís, Catalina, Lorenzo, Manuel y Alicia.
Pero ahora quería seguir, con esta vida pasajera.
No aceptando la tensión, rechazando este lance,
que nos hacía vivir, a este lado de la carretera,
queriendo hacer aún que todo, fuera un lujo a tu alcance.
Laberinto de fortuna, buscando en el lado oscuro,
mas no queriendo apagar, la llama de aquellas velas.
Vértigo allí en lo más alto, de aquel escarpado muro.
Yo me calcé sin pensarlo, mis botas con sus espuelas.
No sé si era la opción fácil, mas rápida era, desde luego.
Y aquello me hacía sentir, con estrellas a mis pies.
Lo que dicen por ahí, cambié las reglas del juego,
y en vez del camino recto, elegí el corte al bies.
Drogas, alcohol, mercado negro, objetos de contrabando.
En guerra con buenos hábitos, del diablo me hice socio.
El ángel caído vino, quise luchar en su bando.
Haciendo vicio de aquello, mezclando ocio y negocio.
Creía tener el mundo, en la palma de mi mano.
Joyas, coches, restaurantes y seguía la función.
Las ruedas derrapaban, los frutos de aquel manzano.
Los tambores me traían, el brillo de una canción.
Pero tus ojos veían, una cara bien distinta.
Los colores de mis cuadros, para ti eran bodegón.
Naturaleza muerta, triste tu mirada extinta,
que ahora no ve más en mí, que frío en mi corazón.
Al perderte ya no sé, si es que voy, o si es que vengo.
Me escondo sólo en mi casa y cierro bien las persianas.
Sintiendo claro que si tú, no estás, que poco tengo.
Sabiendo que ya no habrá, fiestas para mañana.
La ruina al final llegó, y “encadenao” en un coche,
de patrulla yo me vi, sin colores en mi lienzo.
La balada de la cárcel, ahora escucho por la noche,
sintiendo que ya ha llegado, la caída de Lorenzo.
Yo quise darte tesoros, tú me diste tu calor.
Amándote de aquel modo, yo no lo supe cuidar.
Sin darme cuenta que a mí, sólo me falta tu amor,
si cierro fuerte los ojos, siento las olas del mar.
Los 52 Títulos de Danza invisible
- Sin aliento
- Sabor de amor
- A este lado de la carretera
- El club del alcohol
- El fin del verano
- El ángel caído
- Reina del Caribe
- Alicia
- Tensión
- No habrá fiestas para mañana
- Espuelas
- Agua sin sueño
- Contrabando
- Ocio y negocio
- Mercado negro
- En guerra
- Un lujo a tu alcance
- Si tú no estás que poco tengo
- Laberinto de fortuna
- Consentido amor
- Estrellas a mis pies
- Vida pasajera
- El brillo de una canción
- Rock animal
- Catalina
- Objetos
- En celo
- Naturaleza muerta
- Bodegón
- La ruina
- La caída de Lorenzo
- La balada de la cárcel
- Yolanda
- Sólo me falta tu amor
- Dame de beber
- Nadie como tú
- Amándote
- Dame más
- Frío en mi corazón
- Vértigo
- Caudal
- Ojos
- Las reglas del juego
- Encadenao
- Pero ahora
- Lo que dicen por ahí
- Donde el corazón nos lleve
- En la Palma de mi mano
- Olas del mar
- Tú me diste
- Las ruedas
- Los tambores

