
«Algunos españoles sufren padecimientos mentales muy profundos. En concreto muchos políticos profetas del independentismo»
Creo sinceramente que, si no todos los españoles, algunos sí sufren padecimientos mentales muy profundos. En concreto muchos políticos parecen ir por derroteros que asumen por su cuenta y riesgo sin que a ningún otro ciudadano le importe porque esté mínimamente preocupado por el tema del que se trate. Menos cuando se trata de independentismo. A este juego absurdo, solo pueden dedicarse quienes no teniendo aún familia e hijos, tienen tiempo suficiente para perder siguiendo a engaña tontos que los manejan como a los ratones en el cuento del flautista de Hamelín.
Esto no deja de ser peligroso, y nuestro Presidente en alguna ocasión se ha mostrado partidario de ir soltando competencias si hace falta en pro del entendimiento. Mal, muy mal por él, porque solo trata de tener los votos de dichos grupos para mantenerse en el poder y no como dice por mantener una buena relación con todas las partes que forman España.
Las Comunidades Autónomas que las forman ya fueron definidas en la Constitución del setenta y ocho, y salvo que se vuelva a someter dicha Constitución a modificación, con el voto de todos los Españoles, no puede cambiarse ni una coma. Se puede argumentar que en el Congreso está representado todo el pueblo español, pero esto no es cierto del todo. Estoy seguro de que hay personas, que aún habiendo ido a votar en las elecciones, no están de acuerdo con cambiar la Constitución ni tampoco con los acuerdos que puedan tomar los grupos políticos y que por ende no tendrían porque aceptar decisiones que se tomen por mayorías simples cuando se trata de modificar la ley de leyes. Y eso por encima incluso del Tribunal Constitucional, que está para estudiar y valorar las leyes descritas en dicha Constitución y no para cambiarlas a ojo y gusto de buen cubero.
Cuando se habla de personas independentistas, no sé realmente si existen o son simplemente inventos de los políticos que quieren ser más de lo que en sus predios podrían llegar a ser con la configuración actual del Estado. Me parece absurdo que una sociedad de individuos, francamente serios, pacientes y convivientes en el día a día, a pesar de hablar en dos lenguas diferentes, tan bella una como la otra, puedan convertir las calles de su Provincia en un polvorín. Si esto lo generalizamos, acabaremos por constatar que, los catalanes como grupo social no demuestran ninguna empatía con el resto de catalanes al que el tema de la independencia les toca un poco de refilón y que naturalmente desean pasar por él de refilón.
Si no fuera así, cualquier revuelta callejera sería inasumible porque no se puede parar a tres millones de personas por mucha policía de la que se disponga. Es lo que pienso, no creo que la generalidad de los Catalanes estén en la tesitura de apostar y luchar por la independencia regional, máxime cuando ya tienen unas competencias que para sí las quisieran las regiones de otros países como el nuestro.
Estoy convencido de que los grupos de violentos en las revueltas como las de los CDR, están movidas por manos ocultas, que probablemente solo conozcan algunas personas de los servicios de información y de inteligencia de nuestro país. Pero hablando de todo una poco, Sánchez anda más ahora por un “a ver como conservo mi sillón” que a otra cosa. Eso deberían tenerlo claro, por muy agarrado que puedan tenerlo, los partidos a los que soborna con prebendas para mantenerse en el poder. De serle necesario no le importará al presidente cortar relaciones, y si fuera menester cabezas políticas, por no despegar sus posaderas del sillón.
Por esto es por lo que comencé diciendo que creo sinceramente que, si no todos los españoles algunos sí sufren padecimientos mentales muy profundos. En concreto muchos políticos parecen ir por derroteros que asumen por su cuenta y riesgo, sin que a ningún otro ciudadano le importe, porque esté mínimamente preocupado por el tema del que se trate. Menos cuando se trata de independentismo. A este juego absurdo, solo pueden dedicarse quienes no teniendo aún familia e hijos, almacenan tiempo suficiente para perder siguiendo a engaña tontos que los manejan como a los ratones en el cuento de Hamelín.
