
«El Carnaval de Venecia es la fiesta más significativa de la hermosa ciudad de las lagunas y una de las más significativas de Italia»
Desde la Antigüedad el paso de la fría estación invernal a la florida primavera en la que todo renace era ya motivo de celebración, por lo que en estas fechas ya hay evidencias históricas desde hace cinco mil años que atestiguan la celebración de rituales, como en la antigua Sumeria en Mesopotamia, donde se echaba a los malos espíritus de las cosechas para dar paso a las nuevas o en Egipto, donde esta celebración se ofrecía a Apis, dios de la fertilidad.
En la cultura clásica, Grecia celebraba las llamada fiestas Dionisias, también en honor a los dioses para dar la bienvenida a la nueva estación y un nuevo periodo fértil; los romanos, fieles continuadores de la cultura griega, también celebrarían las Bacanales y otras ofrendas, en este caso a Saturno, dios de la agricultura y las cosechas al que tras vagar por ellas durante el invierno había que enviar al inframundo para dar paso a la nueva estación; estas celebraciones se conocían con el nombre de Saturnales.
Tras la conversión del emperador Constantino (h. 284-337) al cristianismo y legitimarlo como una religión más del Imperio en el Congreso de Nicea (325) e instituida como religión oficial por Teodosio en el año 380, la nueva religión fue adquiriendo un papel cada vez más destacado en la sociedad, propagando su doctrina, extendiéndose por toda Europa y ocupando posiciones privilegiadas. En esta situación, la Institución determinó que las fiestas paganas que hasta entonces se habían celebrado tuvieran un carácter religioso; así las célebres Saturnales se convertirían en días en los que todo se permitía antes de entrar en el tiempo de Cuaresma, cuarenta días en los que habría que hacer ayuno sin comer carne los viernes y abstinencia con el objeto de prepararse para la celebración de la Pascua en la que se rememora la pasión, muerte y resurrección de Jesús, estableciéndose su inicio para el domingo siguiente a la primera luna llena de la primavera. Es por tanto una época de sacrificio que comenzaba con el instituido Miércoles de Ceniza, día en que que se recuerda a los fieles “ Polvo eres y en polvo te convertirás”. El tiempo de Cuaresma era un periodo de purificación, oración y espiritualidad.

Antes de este periodo de cuarenta días en el que había que cumplir dichos preceptos, se festejaba el Carnaval, fiesta en la que todos celebraban con vino, comida, fiestas y desfiles, y en los que el pueblo se sentía libre. A partir del siglo XI aparecen las máscaras que surgieron en la ciudad de Venecia, y esto hará que todo se permita en unos días en los que el anonimato no dejaba identificar a nadie, así, se podía criticar a los gobernantes, burlarse de otros o protestar sobre asuntos de actualidad o decisiones que afectaban a los ciudadanos con las que simplemente no estaban de acuerdo o consideraban desacertadas. Durante un periodo en la Edad Media los carnavales fueron prohibidos ya que el pueblo aprovechaba para criticar entre otras instituciones a la Iglesia, algo con lo que la autoridad eclesiástica, que tenía un gran peso en la sociedad medieval, no estaba dispuesta a consentir.
La celebración del Carnaval tiene lugar en gran parte del mundo y cada uno de ellos presenta sus peculiaridades como en Río de Janeiro (Brasil), uno de los más conocidos a nivel mundial en los que la samba está presente día y noche en los desfiles y celebraciones; el Carnaval de la ciudad de Nueva Orleans (Estados Unidos) también es digno de mención, impregnado de ese carácter tan particular de la ciudad americana en el que son famosos sus dulces y sus desfiles con una música inconfundible y con regalos para los espectadores. En España, aunque se celebra en todo el país, los más conocidos son los carnavales de Cádiz donde las murgas y comparsas son las protagonistas con sus coplas y chirigotas en las que tratan los asuntos más candentes de la actualidad y los de las Islas Canarias en los que hay un auténtico despliegue de color, disfraces, murgas e impresionantes cabalgatas y trajes espectaculares que le dan su signo de identidad.

En Europa el Carnaval por excelencia es el de Venecia. Los orígenes parecen provenir de la victoria que protagonizó el Dux Vitale II Michele (¿?-1172) sobre el Patriarca de Aquileia Ulrico de Treven (¿?-1181). El Dux decidió celebrar el triunfo en la emblemática plaza veneciana de San Marcos sacrificando animales y donde hubo fiesta, comida y baile para el pueblo. Este acontecimiento fue creciendo año tras año y en el siglo XIII aparecen las primeras referencias históricas en las que se menciona el uso de máscaras. El Carnaval de Venecia pronto despertó gran interés en otras ciudades de la península itálica y también en el resto de Europa, sus lujosos trajes, sus máscaras, que se exhibían tanto en las calles como en fiestas privadas en sus maravillosos palacios, cautivaron a todo aquel que las conocía y a la ciudad acudían la nobleza y la alta burguesía para admirarlo y participar en él.
Venecia y toda la región véneta ha sobresalido durante siglos por el maravilloso y primitivo arte de tejer que comenzó a desarrollar gracias a sus contactos con Bizancio y la importación de ricas sedas, damascos y lanas, de hecho la Serenissima, como aún se conoce a la ciudad italiana, fue capital de la moda europea en los siglos XVII y XVIII. El Carnaval y la costumbre de utilizar ricos trajes hizo que la actividad en la producción de tejidos creciera, ya que serían demandados no sólo por la aristocracia y las clases más elevadas sino también por la burguesía, la demanda creció tanto por los habitantes de la ciudad como por los visitantes, lo que supuso un beneficio económico importante. La aparición de los fabricantes de máscaras, mascareri, cuyo oficio fue muy apreciado, ha sobrevivido a lo largo de los siglos creando verdaderas obras de arte. Las máscaras más utilizadas son conocidas como Polichinella, el fanfarrón personaje del teatro italiano, el burlón de origen francés Arlequín o la Colombina, una de las más demandadas que puede ser adornada con diversos materiales, tener acabados diferentes en forma o color y que cubre sólo los ojos, existen verdaderas maravillas ya que esta máscara permite dar rienda suelta a la imaginación para decorarla. Su origen procede del personaje femenino de La Comedia del Arte, que se creó en el siglo XVI en Italia, su nombre corresponde a la coqueta sirvienta Colombina a quien le gustaba flirtear con los aristócratas y lo hacía ocultando su rostro con una máscara.
Un hermoso desfile de góndolas y barcos decorados abre el Carnaval en un colorido espectáculo festivo sobre el agua que recorren el Gran Canal hasta llegar al Barrio de Cannaregio, uno de los más populares de Venecia, lugar donde vivieron artistas como Tiziano (h.1488-1576) o Tintoretto (1518-1594).

Otra de las tradiciones unidas al Carnaval en esta bella ciudad es la que se conoce como “La Fiesta de las Marías” cuyo origen se sitúa en el siglo IX. El día 2 de febrero, día de la Purificación de la Virgen María, se elegían doce muchachas que se casarían en los siguientes meses elegidas entre las más pobres y las más bellas de la ciudad, los nobles les asignaban una dote e iban vestidas con bellos trajes y ataviadas con joyas cedidas por las iglesias de Venecia, tras el acto se servía un gran banquete en el Palacio Ducal, pero hacia el año 970 unos piratas desalmados irrumpieron en la iglesia donde se celebraba la ceremonia raptando a las jóvenes y llevándose toda la dote, lo que provocó la furia del pueblo que finalmente logró capturarlos y rescatar a las novias. En agradecimiento a la Virgen se instauró la Fiesta de las Marías en la que se elige entre doce chicas jóvenes a la joven que durante los siguientes doce meses será “ María del año”.

“El Vuelo del Ángel” es también uno de los momentos más destacados de esta celebración en Venecia, una persona se desliza desde el campanario hasta el centro de la plaza, algo que sucede en muchas otras fiestas populares en Europa y concretamente en varios pueblos de España como Peñafiel en Valladolid o Tudela en Navarra en Semana Santa. En Venecia, en los últimos años es la joven ganadora del concurso “La María del año”la que baja sujeta por un hilo de acero, normalmente siempre va ataviada con alas y lujosos trajes aunque en un principio siempre iba de blanco.
Fue en el siglo XVIII cuando la ciudad en época de carnaval gozó de su máximo esplendor convirtiéndose en el centro europeo donde celebrar juegos, acudir a fiestas y espectáculos en los que el anonimato permitía cometer excesos y el libertinaje era el dueño de las calles. Tras la conquista napoleónica se prohibieron los disfraces ante el temor de posibles conspiraciones aunque continuaron celebrándose las fiestas privadas en los bellos palacios venecianos.

La ciudad de los canales, bajo la dominación austríaca perdió la tradición del carnaval en la calle. Las celebraciones privadas continuaron pero Benito Mussolini (1883-1945) volvió a prohibirlas y será ya en el siglo XX cuando las autoridades locales plantean recuperar la antigua tradición creando un programa bien elaborado con diversas actividades en la ciudad para dar más visibilidad al Carnaval. Hoy en día sigue siendo un acontecimiento muy celebrado en Italia donde acuden artistas, aristócratas y personajes internacionales ya que goza de una tremenda popularidad a nivel mundial.
El conocido Ballo del Cavalchino en el espectacular Teatro La Fenice es quizás el acontecimiento más elegante y destacado del Carnaval de Venecia. Su origen data de 1807 cuando en la famosa Plaza de San Marcos se celebraban carreras de caballos en las que se otorgaba uno de los premios más importantes y donde acudían caballeros venidos de todas partes del mundo; tras las carreras los participantes acudían al Gran Teatro para celebrar el Baile de los Jinetes, una suntuosa y maravillosa fiesta donde tenían lugar bellos espectáculos con música, se servían ricos manjares y se exhibían máscaras y trajes fastuosos. Una exhibición fascinante que aún se celebra hoy en día para celebrar uno de los carnavales más antiguos, elegantes y emblemáticos de nuestra cultura.

El Carnaval de Venecia es diferente a todos, preciados y ricos disfraces, máscaras y suntuosas fiestas, algo que ya desde su origen lo hacía distinto al de otras ciudades; es la fiesta más significativa de la hermosa ciudad de las lagunas y una de las más significativas de Italia.
Una tradición más de nuestra bella Europa que merece la pena conocer en una ciudad única, en la que muchos hemos soñado y que ha inspirado a numerosos artistas de todos los tiempos, una ciudad mágica que por unos días nos traslada a otra época y nos permite ser parte de ella. Una ciudad para volver.
