El fascinante hallazgo de Ötzi. Por Susana del Pino

El fascinante hallazgo de Ötzi. Foto de National Geográfic.

«Ötzi nos lleva a un encuentro íntimo con la historia; un antepasado de hace más de cinco mil años, al que podemos contemplar»

Cuando hace años tuve noticias sobre el descubrimiento del Hombre de Ötzi, recuerdo el profundo asombro y fascinación que sentí. Se podría describir como si el tiempo se hubiera detenido para revelarnos un secreto extraordinario. No es solo arqueología, es pura emoción. 

Para los amantes de la historia, Ötzi es un tesoro y un recordatorio de cuántos restos de nuestro pasado reposan bajo nosotros, esperando desvelarnos mucho más sobre quienes fuimos y, en esencia, quienes somos; un nuevo descubrimiento es siempre una celebración.

La historia de este hallazgo extraordinario se sitúa a finales del verano de 1991, cuando el matrimonio formado por los alemanes Helmut y Erika Simon, apasionados alpinistas, eligieron una ruta apenas transitada y difícil de abordar. Descendiendo por los Alpes de Ötztal hacia el valle del mismo nombre, a unos 3200 metros de altitud y justo en la frontera entre Austria e Italia, vieron la cabeza y los hombros de un cadáver que emergía de la nieve.

Hallazgo de Ötzi. (1991). Fotografía de www.news.com.au

En un primer momento pensaron que podría ser un compañero alpinista, sin embargo, al descubrir que portaba un hacha de cobre, pronto entendieron que se trataba de algo más que un simple cadáver, aunque en un principio desconocían el periodo al que podría pertenecer.

Trabajos de rescate en el lugar donde se encontró el cuerpo de Ötzi.

Se pusieron en contacto con las autoridades, que pronto dictaminaron que se trataba de un descubrimiento extraordinario. Ötzi, llamado así por el lugar en el que se encontró, vivió hace aproximadamente cinco mil trescientos años en plena Edad del Cobre, lo que sitúa su existencia alrededor al año 3300 a. C. Este periodo de transición entre la Edad de Piedra y la Edad de Bronce marcaría un hito en la evolución humana, por los avances tecnológicos, sobre todo en cuanto a la fundición del cobre que permitiría herramientas más eficaces y duraderas; esto transformaría, no solo la vida cotidiana, sino también la estructura social ya que el individuo adquiriría más prestigio y poder.

Expertos forenses trabajando con el cuerpo de Ötzi.

El cadáver se trasladó a la ciudad austriaca de Innsbruck donde se comenzaría con un estudio exhaustivo. Ahí permaneció durante años para ser trasladado posteriormente a Bolzano (Italia), donde permanece hoy en día en el Museo Arqueológico de la ciudad a una temperatura de -6 º y un 98 % de humedad.

Gracias a su conservación bajo el frío intenso durante miles de años, el estado en el que apareció fue asombroso; su piel, cabello y órganos, su ropa, y los enseres que portaba quedaron intactos, por lo que constituye un descubrimiento sin precedentes que aportó interesante información sobre la Edad del Cobre. 

Cuerpo de Ötzi. Museo Arqueológico de Bolzano (Italia).

Tras los últimos estudios de ADN realizados en 2023, se avanzó en las investigaciones modificando algunas consideraciones afirmadas en los primeros estudios. Ötzi medía aproximadamente 1,60 metros y pesaba cincuenta kilos. El descubrimiento del hacha de cobre que portaba y el estudio de los materiales, indican que su procedencia se ubica en la región italiana de la Toscana; esto hace pensar que se podría tratar de un comerciante o un viajero que mantenía relaciones con otras poblaciones

El magnífico trabajo de reconstrucción física a tamaño natural fue realizado en un primer momento por los forenses especializados en la materia, los holandeses Alfons y Adrie Kennis, en 2011. En 2021-2023 se realizaría una nueva reconstrucción, partiendo de nuevos datos obtenidos que determinarían que los ojos eran marrones, no azules como se pensó en un principio, la piel oscura y era calvo.

Las investigaciones aportaron datos interesantísimos; sus articulaciones mostraron que padeció artritis, se encontraron parásitos en sus intestinos que le producirían cólicos con diarrea, al igual que aparecieron en el estómago, ocasionándole úlceras y su dentadura estaba seriamente dañada.

Reconstrucción del cuerpo de Ötzi, Museo Arqueológico de Bolzano (Italia).

Uno de los aspectos que los investigadores han observado con detenimiento ha sido el estudio de los alimentos que aún permanecían en su estómago. Parece ser que la última vez que comió fue ocho horas antes de morir y se trataba de una dieta con proteínas, adecuada a las condiciones de vida, ya que necesitaba fuerzas para caminar por largo tiempo. Esta comida consistió en carne de cabra y ciervo rojo con cereales y helechos, no se sabe si éstos podrían haber tenido una finalidad medicinal.

En cuanto al ropaje, se cree que Ötzi tras su muerte fue atrapado en un trozo de hielo en el que la presión y los ciclos de congelación y descongelación que tuvieron lugar a lo largo de los milenios, hicieron que su cuerpo no estuviera cinco mil trescientos años congelado permanentemente. Según los estudios, se sabe que alrededor de 1600 a. C. y parte del periodo romano estuvo en agua de deshielo, lo que hizo que además de la pérdida de su ropa o las uñas, también se desperdigaran algunas pertenencias. 

Esta sería la explicación para entender cómo el cuerpo apareció sin ropa en el momento de su descubrimiento al derretirse el hielo en 1991, no porque muriera desnudo, aunque, bien pudiera ser que surgieran nuevas hipótesis que pudieran añadirse más adelante.

Reconstrucción de ÖTZI. Museo Arqueológico de Bolzano.

Se encontraron restos de su ropaje, cerca del cadáver y adheridos a éste. Su vestimenta consistía en abrigo con pieles de cabra y oveja, gorro con piel de oso, polainas de cuero de cabra, calzas (lo que se entendería como pantalones) para cubrir las piernas y zapatos bien preparados para la nieve con piel de oso para la suela, y de ciervo para cubrir las partes superiores, llevando en su interior hierba seca y corteza de árbol, para protección y una mejor pisada.

El cinturón estaba ataviado con recipientes para llevar instrumentos como un puñal de sílex, un yesquero para el fuego y el hacha de cobre. El Museo Arqueológico de Bolzano ha reconstruido, basándose en los rigurosos estudios y en los restos encontrados, su vestimenta con gran precisión.

En cuanto al aspecto genético, el ADN refleja que no tiene descendientes por parte materna, en pruebas más específicas, sus ancestros procedían de la región de Anatolia y por parte del linaje paterno existen hoy en día parientes vivos en regiones como Córcega y Cerdeña. Sin duda, fascinante.

Tatuajes encontrados en el cuerpo de Ötzi.

Uno de los aspectos más enigmáticos de este impresionante hallazgo en la historia es el descubrimiento de sesenta y un tatuajes en su cuerpo. Se trataba de grupos de líneas paralelas o en cruz que aparecen sobre las articulaciones.

Curiosamente, se ha contrastado con la técnica de la acupuntura y se ha demostrado que estos tatuajes coinciden en un porcentaje altísimo con los puntos en los que se aplica esta técnica tradicional, lo que lleva a la conclusión de su eficacia desde la Prehistoria como tratamiento del dolor, sobre todo, por las zonas en las que aparece, para aliviar las molestias producidas por la artritis en las articulaciones. Se realizaron en tobillos, rodillas, caderas y muñecas con hollín y piedras muy afiladas.

El traumatismo craneal, las heridas en sus manos y la punta de flecha que apareció en su hombro indica que murió asesinado tras una lucha violenta. La herida de flecha le ocasionó la rotura de la arteria subclavia que le provocaría una enorme hemorragia causando su muerte rápidamente. Los investigadores coinciden em que Ötzi se enfrentó a una lucha o una emboscada cuando trataba de huir.

Hallazgos como éste estremecen el alma.

En definitiva, contemplar la figura de Ötzi nos hace verlo no simplemente como un descubrimiento arqueológico, nos vemos en él, como un ser humano que padecía dolores y buscaba alivio, que tenía que enfrentarse a sus enemigos y alimentarse, un hombre que amaba, sentía y se esforzaba.

Ötzi nos lleva a un encuentro íntimo con la historia; un antepasado de hace más de cinco mil años, al que podemos contemplar. Lo mismo ocurre con los restos de Herculano y Pompeya en Italia, sepultados en el tiempo; y es que tanto el hielo como la lava del volcán nos muestran que más allá de los milenios que nos separan y los avances conseguidos por la humanidad, la esencia del hombre permanece inalterada. Hallazgos como éste estremecen el alma.

 Málaga, 2026

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

Artículos recomendados

Deja un comentario