Hablar de constructoras es disertar acerca de otro mundo. Por Rodolfo Arévalo

Hablar de constructoras es disertar acerca de otro mundo.

«Las posibilidades de denunciar vicios ocultos en las edificaciones queda reducido a un periodo muy corto de tiempo, para que algunos de ellos se manifiesten»

Hablar de constructoras es disertar acerca de otro mundo. Lamentablemente las posibilidades de denunciar vicios ocultos en las edificaciones queda reducido a un periodo muy corto de tiempo, para que algunos de ellos se manifiesten. Aún más si la promotora de la edificación y la constructora no son la misma empresa, que suelen no serlo.

 

Lo he vivido en mis propias carnes y en la vivienda que adquirí en el año noventa y nueve del pasado siglo. Afortunadamente, no con un incendio como el ocurrido en Valencia, pero sí en otros problemas menores. Hubo un tiempo en España en que todo el que quería convertirse en millonario solo tenía que dedicarse a la construcción inmobiliaria, tuviera mas o menos capacidad y experiencia, hablamos de la época de los pelotazos. Pelotazos que en la actualidad han acabado con consecuencias tan funestas como el incendio de Valencia.

 

Yo no sé si los arquitectos y constructores, incluso los que dieron por buena la edificación de los edificios hoy destruidos, podrán dormir tranquilos con el recuerdo de los nueve fallecidos por causa del incendio. Imagino que sí, porque las muertes no les afectan directamente, pero desde luego es algo que debieran de asumir por lo menos haciendo un acto de constricción y arrepentimiento. Si de mi hubiera dependido esa forma de construir no sé si podría evitar sentir vergüenza y culpa por la parte que me tocara.

 

Los problemas de malos acabados que traen consecuencias tan graves como estas, no tendrían que tener un plazo de prescripción de diez años. El mal uso de alguna técnica, aunque fuera por desconocimiento u omisión, deberían ser responsabilidades de por vida. Más en casos de incendios en que los mecanismos automáticos de prevención no han funcionado, aspersores anti incendios, puertas de seguridad etc… Se podrán pedir responsabilidades a posteriori, pero los muertos ya no vuelven, eso está claro y es lo que se debiera haber evitado si la construcción hubiera estado bien hecha y terminada. Claro que imagino que en aquella época lo que menos importaba era la calidad, lo importante era hacer dinero. Vamos aproximadamente como hoy mismo, tiempo en el cuál lo de menos parecen ser los muertos.

 

¿No habría que decir basta a las ganancias, de enormes cantidades, por encima de todo? Da igual que sea por superar el aforo en una discoteca, que por este tema que hoy ocupa las páginas de los diarios o por otro cualquiera. Las responsabilidades en temas como el de los incendios, si no son provocados por imprudencia de los habitantes de un edificio deberían ser estudiados, para dirimir si hay responsabilidad por la manera de estar construidos los inmuebles. No se pueden eludir responsabilidades acogiéndose a las normas de construcción de otro tiempo. ¿Qué pasa que la responsabilidad queda diluida por tiempo y legislación? No debería ser así, créanme que esto es difícil de asumir.

 

Ninguna legislación, debería ser validada como excepción para la responsabilidad en asuntos tan graves, porque imagino que los constructores y arquitectos de la obra, sabrían a priori que estos eventos podrían ocurrir. No se trata de un asunto legislativo, se trata de un asunto moral, y todo se reduce a haber ganado menos en las ventas, si se hubiera asumido que no habría riesgos, gastando más aunque se recaudara menos. Otro asunto es cómo la legislación anterior permitía cosas que la ley actual no permite, imagino que tanto ayer como hoy el peligro inherente a la manera de construir sería el mismo.

 

Vaya papeleta que se le viene encima a la justicia, todo porque la administración, aprobó en su época, lo que no se debiera haber aprobado, se ajustara a la legislación o no. Que un bloque o dos enteros de viviendas ardan como una tea, no debiera ser de recibo, por muy aprobadas que estuvieran las normas de construcción que se usaran. Algún responsable de esa legislación tan chapucera debería haber. Claro que serán responsabilidades políticas y por desgracia estas parece que nunca tienen pena o castigo. Desde luego estás normas, aprobadas en su día, demostraron no estar a la altura de las circunstancias, cuando al menor tipo de conato de incendio, en unos toldos, desencadenaron el desastre posterior. No sé si tengo razón jurídica o no, pero me da lo mismo es mi opinión.

 

Moralmente me parece deleznable ganar inmensas fortunas con peligro para la vida de otros sea en el ámbito que sea. Por eso digo que hablar de constructoras es disertar acerca de otro mundo. Lamentablemente la posibilidades de denunciar vicios ocultos en las edificaciones queda reducido a un periodo muy corto de tiempo, para que algunos de ellos se manifiesten. Aún más si la promotora de la edificación y la constructora no son la misma empresa, que suelen no serlo..

Rodolfo Arévalo

Nací en Marsella ( Francia ) en 1954. Viví en diversos países debido a los destinos que tuvo mi padre ( diplomático ). Estudié en colegios franceses hasta la edad de 12 años. Estudié bachillerato y COU en el colegio Nuestra Señora del Pilar de Madrid. Estudié música en el Real conservatorio de música de Madrid, formé parte y pertenecí a varios grupos musicales entre ellos “ Los Lobos “. Creé varios grupos musicales de Pop Rock. Toco el bajo y compongo canciones, música y letra. Estudié Fotografía general y publicitaria, diplomatura (dos años) de cinematografía e Imagen y sonido equivalente a Técnico Superior de Imagen y Sonido. Soy socio Numerario de la SGAE desde el 1978. Pertenezco a la Academia de Televisión. Soy un gran lector de libros de ensayo, divulgación y de vez en cuando novela. En el año 1985 Ingresé por concurso oposición a TVE. Fui ayudante de realización y realizador. En el año 2009 me pre jubilaron muy a mi pesar. En la actualidad estudio programas de tratamiento de imagen. He escrito varios guiones de cortometraje y realizado el que se llamó “ Incomunicado “, tengo otros en proyecto. Soy muy crítico conmigo mismo y con lo que me rodea. Soy autor de las novelas “El Bosque de Euxido” y "Esclavo Siglo XXI publicadas en Ediciones Atlantis. También me gusta escribir prosa poética. Me he propuesto seguir escribiendo novela.

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