“Por una mirada, un mundo.
por una sonrisa, un cielo,
por un beso… yo no sé
que te diera por un beso”
Gustavo Adolfo Bécquer
Rima XXIII

«La obra de Bécquer sigue estando vigente hoy en día, poseedor de una extrema sensibilidad plasmó los grandes temas de tal manera que su obra continúa viva, es universal»
Considerado uno de los mejores poetas españoles contemporáneos, Bécquer es quizás el mejor representante de la poesía romántica en España. Su verdadero nombre era Gustavo Adolfo Claudio Domíguez Bastida (1836-1870) y tomó el apellido Bécquer, muy común en Alemania y Flandes, de sus antepasados procedentes de la ciudad alemana de Moers, muy cercana a Países Bajos, instalados en Sevilla hacia finales del siglo XVI consiguiendo una muy buena posición social, fortuna y cargos importantes, poderío que fue decayendo con el tiempo.
El padre de Bécquer, José Domínguez Insausti (1805-1841), pintor costumbrista que gozaba de buena fama en Sevilla, tomó el apellido del norte de Europa para firmar como pintor y así lo hizo también su hijo Gustavo, que firmará su obra literaria como Gustavo Adolfo Bécquer, aunque en alguna ocasión, al inicio de su trayectoria utilizaría el pseudónimo Gustavo García.
Desde muy pequeño, al igual que su hermano Valeriano, que también se dedicó a la pintura, tuvo un gran interés por la cultura y las artes, ambos influenciados tal vez por la afición de su padre con quien desafortunadamente no pudieron compartir mucho tiempo ya que murió joven. La madre falleció años después, lo que causó una profunda tristeza a la familia que afectaría notablemente a Gustavo, quizá por su carácter, sintiéndose solo y desprotegido, algo que le acompañará a lo largo de los años. Se trasladó entonces a vivir con su madrina Manuela Monnehay, ávida lectora, pintora y amante de la cultura y las artes en general. Su excepcional biblioteca dio la posibilidad a Gustavo Adolfo de conocer a los clásicos y autores románticos europeos y amar la literatura aún más, disciplina que eligió como medio de vida y a la que se dedicó con entrega y entusiasmo. Su primera obra poética será Oda a la obra de Don Alberto Lista en la que hay una influencia clásica que paulatinamente irá cambiando a lo largo de la evolución de su obra. En sus inicios comenzó escribiendo algunos libretos para zarzuela y piezas teatrales que compaginaba con versos y pequeñas historias que más tarde verían la luz publicadas en diferentes revistas.
Pasada la adolescencia decidió marcharse a Madrid con deseos de entrar a formar parte del ambiente cultural de la capital y dedicarse a la literatura por completo a pesar del periodo convulso que en esa época se vivía en España y la dificultad que suponía entonces vivir de la literatura.
Al principio sus escritos no fueron muy admirados por los editores pero poco a poco fue haciéndose un hueco en el panorama cultural madrileño, gracias también a las buenas relaciones con personas influyentes que le ayudaron a lo largo de su carrera, entre ellos Luis González Bravo (1811-1871), hombre muy cercano a Isabel II que ocuparía entre otros cargos el de Ministro de Gobernación. Bécquer Comenzó escribiendo biografías para el escritor francés Jean Gabriel Hugelmann (1830-1889) junto a sus compañeros escritores Luis García Luna (1834-1867) y Julio Nombela (1836-1919), así como artículos para revistas como El Mundo, La España Musical o El Correo de la Moda. El sevillano se impregna del espíritu literario madrileño, trabajando también en obras de teatro junto a García Luna como La novia y el pantalón y la adaptación de Señora de París de Victor Hugo. En 1857 comenzó un proyecto interesante que finalmente no pudo terminar, Historia de los templos de España.

Muy aficionado a la música y gran conocedor de la ópera y la zarzuela, solía acudir a las veladas musicales que tenían lugar en la capital. Era asiduo a las que se celebraban en casa del compositor Joaquín Espín y Guillén (1812-1882) de cuya hija Julia se enamoró nada más conocerla y según sus biógrafos se sospecha que fue el gran amor de su vida; a ella parece ser que le dedicó los siguientes versos:
“Yo voy por un camino, ella por otro,
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: ¿Por qué callé aquel día?,
y ella dirá: ¿Por qué no lloré yo?
Entró a formar parte de la plantilla de El Contemporáneo, al que estará ligado muchos años donde publica Cartas literarias a una mujer, algunas leyendas como El monte de las ánimas y Los ojos verdes o el bello poema Por una mirada un mundo, obras que se incluirán posteriormente en su obra más universal Rimas y Leyendas. Su fama como contador de leyendas iba creciendo, recopilaba historias y tradiciones que recogía en sus viajes por España, la mayor parte de su obra fue publicada en periódicos y revistas y tras su muerte en 1871, sus amigos publicaron una recopilación de su obra, prosa y obra poética con el objeto de ayudar a su familia económicamente. En un primer momento titularon Obras y se irá ampliando posteriormente.
En 1865 comenzó a ejercer como censor de novelas, lo que hizo posible tener cierto desahogo económico que le permitiría mantener a su familia, ya que en 1861 se casó con Casta Esteban Navarro (1841-1885) con quien tuvo dos hijos. Su matrimonio no fue feliz e incluso llegaron a tener vidas separadas durante cierto tiempo, aunque después volverían a estar juntos, entonces se hablaba de infidelidad e incluso hubo un tercer hijo que al parecer no era del escritor.

Parte de su obra está unida a Aragón, ya que en 1863, debido a los problemas de salud, marcha junto a su hermano y su familia al Monasterio de Veruela, cerca del Moncayo, cuya zona ya había conocido causándole una muy buena impresión; allí buscaba el reposo y el aire puro que pudieran beneficiar a su delicado estado de salud. Gran amante de la naturaleza, le gustaba pasear durante el día conociendo los parajes que describía posteriormente en sus escritos y cuyas vivencias compartía con su familia cada jornada con emoción. En este entorno aragonés disfrutaba de los parajes naturales, de sus pueblos, como Tremoz, Veruela o Tarazona, de sus tradiciones y sus gentes.
En este periodo tomaron forma sus Cartas desde mi celda, un total de nueve escritos que escribió para El Contemporáneo y artículos sobre Veruela y personajes populares de la zona que fueron ilustrados por su hermano y publicados en la afamada revista romántica El Museo Universal. Tras recuperarse, volvió a Sevilla para trasladarse poco tiempo después a Madrid y ocupar el cargo de Censor de novelas que desempeñó dese 1864 a 1867. Se vivía en España una época convulsa políticamente, con alternancia de gobiernos y crispación; Narváez cae y con él González Bravo, el gobierno cambia por lo que no se sentía capaz de desempeñar el cargo de censor que le había proporcionado su buen amigo. Se plantea entonces una situación complicada ya que no puede contar con unos ingresos fijos, continuará por tanto escribiendo para diversas publicaciones y así salir adelante.

Bécquer se diferencia del resto de autores del siglo XIX como José de Espronceda (1808-1842) o Ramón de Campoamor (1817-1901) autores en los que se puede apreciar un estilo que da a la obra cierto matiz avejentado y deslucido, porque el sevillano aporta una especial sensibilidad, llevó a sus versos y a su prosa su propia experiencia vital. Su vida, dolorosa tras la temprana muerte de sus padres, difícil con los primeros síntomas de la tuberculosis y penosa a veces financieramente, ya que atravesó momentos difíciles en el aspecto económico, no fue una vida fácil, sin embargo todas sus experiencias tuvieron una clara influencia en su obra.
La obra de Bécquer sigue estando vigente hoy en día, poseedor de una extrema sensibilidad plasmó el amor, el desconsuelo, la desesperanza, la muerte y también la ilusión y la alegría de tal manera que su obra continúa viva, es universal. Iniciador de la poesía contemporánea en España, la obra de Bécquer sigue atrayendo, es capaz de transmitir una especial emoción en sus versos con los temas que aborda haciendo que su obra no quede estancada en una época determinada y sus versos de amor nos sigan emocionando; en cuanto a la prosa, es un excelente narrador de leyendas en las que no faltan la trama, la intriga y excelentes descripciones de la acción, los personajes o el paisaje; en ellas se perciben las emociones que siente el propio autor.

El magnífico retrato que realizó su hermano Valeriano Domínguez Bécquer (1833-1870) que también optó por firmar su obra con el apellido alemán, se expone en el Museo de Bellas Artes de Sevilla y se eligió para la impresión del grabado en el billete de cien pesetas emitido en 1965 en España dedicado al Romanticismo con el que millones de españoles se familiarizaron durante décadas viendo cada día la imagen del poeta sevillano. En el anverso aparece la figura de Bécquer y al lado una escena de una pareja bajo un nido de golondrinas, haciendo alusión al tan conocido poema del escritor que es una oda al amor perdido. En el reverso, la figura de una dama prototipo de la época romántica cuya modelo fue Conchita Terrón Fernández, modelo granadina que posaba para artistas del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Al fondo aparece la imagen de la Catedral de Sevilla con la Giralda.
En septiembre de 1870 sufre un profundo dolor tras la muerte de su queridísimo hermano Valeriano al que estaba profundamente unido, sin duda este duro golpe influyó en su delicada salud que se vio afectada por un empeoramiento de la tuberculosis que sufría así como con otras complicaciones orgánicas, tres meses después de la muerte de su hermano, en el actual número 25 de la madrileña calle Claudio Coello fallecía el gran Gustavo Adolfo Bécquer con tan solo treinta y cuatro años. Sus restos reposan en el Panteón de Sevillanos Ilustres, situado en la Iglesia de la Anunciación de la ciudad hispalense.
Fue un hombre tímido y con carácter retraído pero con una intensa vida interior, desafortunadamente tuvo una vida breve y no pudo legarnos más de lo que podría haber creado; no obstante fue una vida llena de ilusiones aunque con dificultades, dolor y melancolía pero en la que logró transmitir y plasmar en su obra una acentuada sensibilidad que aún hoy nos emociona, sin duda dejó una profunda huella en la poesía española.

En el bonito Parque de María Luisa en Sevilla se encuentra La Glorieta de Bécquer, conjunto escultórico de gran belleza en mármol y bronce en el que se representan junto a un gran ciprés que data de 1850 el busto del autor, a sus pies la figura recostada en bronce de Eros que representa el amor herido y en la parte superior a Cupido, el amor que hiere con su flecha. El conjunto de tres figuras femeninas esculpidas en mármol son de una gran belleza y nos muestran tres damas de distinta edad, la más joven simboliza la ilusión y el sonrojo de un amor que comienza, la mujer madura representa el amor presente en el momento más esplendoroso y la tercera figura nos transmite el dolor y la melancolía por el amor perdido. Su autor fue Lorenzo Coullaut Varela (1876-1932) colaborando en los trabajos de instalación el arquitecto sevillano Juan Talavera y Heredia (1880-1960).
Antes de morir pidió a sus amigos que publicaran su obra y les pronunció las siguientes palabras: «Si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo». No se equivocaba.


