
«Empodrece con el pueblo argentino, unos vínculos fraternales de inveterada tradición: -¡Ay, me habéis tocado la Bego; qué malo y qué fascista, este Milei!»
(1)
A Sánchez, como queda bien visto,
ya no le basta con empodrecer la nación:
empodrece, ahora, con el pueblo argentino,
unos vínculos fraternales de inveterada tradición:
-¡Ay, me habéis tocado la Bego;
qué malo y qué fascista, este Milei!
(2)
Albares: la embajada española cerremos,
que me siento muy herido en mi ego
y nadie sino yo… ‘toca’ a mi mujer.
-Te comprendo bien, amantísimo Pedro;
tus órdenes, en un periquete cumpliré.
¿Quieres que recalque… que será ‘sine die’?
(3)
-Si puede ser ETERNAMENTE, mejor me quedaré.
O, en su defecto, lo que dure mi extrema belleza,
que, en años humanos, no serán menos de cien.
O las décadas como presidente que me queden, siquiera:
¡Ni un año le auguro, en el poder, al puto fascista Milei!
(4)
-A tu lado, presidente, no es sino un donnadie;
casi comparar un simple vasallo con todo un rey.
-Muy bien visto, mi estimado Albares:
el Ministerio de Exteriores te queda fetén.
-Gracias, amantísimo Pedro: entre mis responsabilidades
no está sino el pensar siempre en tu bien.
(5)
-Ya; no para otra cosa han sido… mis ‘colocaciones’;
todo lo demás me resbala hasta mis bellos e imperiales pies.
-¡Como debe ser, Pedro; como debe ser!
-Por cierto: haz el favor de leerme
las últimas invectivas del puto fascista Milei.
(6)
Es en lo único que me supera;
y, cuando se vive en permanente estado guerra,
siempre es bueno aprender.
-Claro, claro; que yo no podría ayudarte en ello:
pronunciar palabras feas me da mucho canguelo;
y no hay expresión de Milei que no me haga estremecer.
(7)
-Eres hombre puro y de exquisita sensibilidad, bien que lo sé:
Tenía que compensar en algo la zafiedad de Puente, y creo que atiné.
-Gracias, amantísimo Pedro.
Y disculpa… si me ruboricé.
-Las invectivas. Hazme la merced.
