Las Tres Gracias de Rubens. Por Susana del Pino

Las Tres Gracias de Rubens

«Rubens es uno de los mejores exponentes de la pintura barroca en Europa y Las Tres Gracias una obra imponente, parte de nuestro gran patrimonio artístico»

  Las Tres Gracias, una de las obras más conocidas de Pedro Pablo Rubens (1577-1640), la podemos contemplar en el Museo del Prado en Madrid gracias al rey Felipe IV (1605-1665), aficionado a las artes y gran admirador del artista a quien consideraba uno de sus pintores favoritos, monarca que, al igual que hasta entonces sus predecesores, incrementó el patrimonio artístico en España, dando forma a la que posteriormente sería la magnífica colección perteneciente al museo español, que figura entre los mejores de Europa. 

  Perteneciente a una familia flamenca calvinista que tuvo que huir a Alemania por motivos religiosos, la madre de Rubens se convertiría al catolicismo y será en esta doctrina en la que el pintor se educaría, volviendo a Amberes en 1589.

Pedro Pablo Rubens

En un principio su padre, un prestigioso abogado formado en Italia le inculcaría el amor por el estudio y su formación se completaría al entrar como paje al servicio de la condesa de Ligne- Arenberg

  Desde adolescente se interesaría por la pintura trabajando como aprendiz en un taller para más tarde conocer al que sería su maestro Otto Van Veen (c. 1556-1629), pintor formado en Italia que le inculcaría su amor por la pintura clásica y le introduciría en los ambientes cortesanos animándolo a marchar a la península italiana donde comenzó a trabajar en la corte del duque de Mantua, Vicenzo I Gonzaga (15562-1512), lo que le permitiría, además de tener una holgada situación económica, relacionarse en los ambientes aristocráticos, adquirir cada vez mayor notoriedad y conocer de cerca la obra de grandes maestros como Veronés, Tiziano o Tintoretto y especialmente la de Miguel Ángel Buonarroti por quien sentía enorme admiración; todos ellos ejercerán una clara influencia en su obra.

El retrato del Duque de Lerma

  Vivió en España durante unos meses al ser enviado en una embajada por el duque de Mantua realizando algunas obras en las que demostró su capacidad para realizar retratos majestuosos y señoriales como El retrato del Duque de Lerma y donde conocería a pintores como el indiscutible maestro del barroco sevillano, Diego Velázquez (1599-1560). Regresaría a Amberes donde el archiduque Alberto de Austria y su esposa Isabel Clara Eugenia, hija del rey Felipe II (1527-1598), le propusieron ser pintor de la corte española en los Países Bajos establecida en Bruselas, pero con la posibilidad de seguir viviendo en Amberes, algo que atrajo al pintor que viviría en dicha ciudad hasta su muerte.

  El contexto histórico social en el que vivió Rubens con el enfrentamiento durante varias décadas de los Países Bajos españoles y las Provincias Unidas del Norte, culminó con la Tregua de los Doce Años, periodo en el que tuvo lugar un proceso de reconstrucción económica, política y social muy significativo. El prestigio cada vez más notorio del pintor le posibilitó la realización de muchos encargos en ese periodo tanto para la Iglesia como encargos privados, entre ellos los impresionantes cuadros La elevación de la Cruz o El Descendimiento, ambos en La Catedral de Amberes. Viajó posteriormente a Londres donde trabajó para el rey Carlos I (1600-1649) y La Haya donde realizó a su vez varios encargos.

Autorretrato con su familia

  Casado en 1609 con Isabella Brant (1591-1626) el matrimonio tuvo dos hijos. El Autoretrato con su esposa y otros cuadros que realizó con ella y sus vástagos, muestran el estilo de vida y la posición social del pintor y su familia. Tras enviudar en 1626 se casó años más tarde por segunda vez con Hélène Fourment (1614-1673), una joven de dieciséis años que se convertiría en su musa y cuyos rasgos físicos servirían de inspiración al pintor para definir el tipo de mujer que aparece en las obras de este último periodo de su vida.

Hélène Fourment

  Su gran talento artístico se aprecia no solo en sus lienzos, también en sus bocetos y dibujos o diseños para tapices que aparecieron en su taller al fallecer. Llegó a ser un pintor muy influyente gozando del prestigio que consiguió trabajando para diferentes cortes europeas, lo que propició que se relacionara en ambientes aristocráticos y que su arte fuera internacionalmente reconocido.

  El contraste de color con una gran riqueza cromática, el dinamismo y la sensualidad que trasmiten sus cuadros son características de su obra.

Las Tres Gracias. Detalle

   Las Tres Gracias, conocidas como Cárites en la antigua Grecia, es un cuadro de temática mitológica. El mito ya había inspirado a otros artistas y escritores desde la Antigüedad, apareciendo en el siglo VIII a. C. en la obra del gran poeta griego Hesíodo que las menciona en La Teogonía donde aparecen como diosas asociadas a la belleza, la armonía y el amor, hijas de del dios Zeus y la ninfa Eurínome. En los poemas épicos La Iliada y La Odisea vuelve a aparecer el mito en el que se relaciona a las tres divinidades también con el deseo y la fertilidad. Aparecen por tanto en varias fuentes desde Grecia y Roma y el tema es retomado con gran interés en el Renacimiento y posteriormente en el Neoclasicismo con obras como la del magnífico escultor Antonio Canova (1757-1822). 

  Rafael de Sanzio (1483-1520) las representa como un amor ideal, casto y puro, sin embargo, Rubens, a diferencia del gran maestro de Urbino, transmite sensualidad inspirado en las emociones que él experimenta en su propia vida con su joven esposa y el amor que ella le infunde.

   Sandro Boticelli (1445-1510) también las representa en su obra La Primavera con gran elegancia y simbolismo. Representan la alegría y el gozo de dar, aceptar y recibir, también en una posición similar y con los brazos entrelazados. La colocación, formando un círculo, nos muestra como la gracia de dar retorna al principio tras recibir y finalmente devolver.

  Rubens, como admirador de la cultura clásica, mostró gran interés en el mito de las Tres Gracias y las representa en varias ocasiones, en este caso como tema principal, o secundario como ocurre en la obra El Jardín del Amor también perteneciente al Museo del Prado y adquirida también por Felipe IV. El cuadro es toda una alegoría del amor donde resalta la luz, el color y el dinamismo de las figuras; las Tres Gracias aparecen en el templete de piedra situado al fondo.  

El jardín del amor

  Los nombres de las diosas son Áglaye, la que brilla y resplandece, Eufrósine, que representa la alegría y el gozo y Talía que simboliza la abundancia. Aparecen en el centro de la composición con los brazos entrelazados iniciando la danza. La luz resalta la piel de las tres figuras que iluminan el resto de la composición con un detallado paisaje al fondo y Cupido que sostiene una cornucopia de la que cae agua a la derecha. Las mujeres representan el ideal de belleza femenina de la época, cuerpos opulentos que muestran la flacidez en sus carnes; la figura de la izquierda es Helena Fourment y la que aparece a la derecha la que fuera su primera esposa, Isabella Brant. Gran estudioso y amante del arte clásico se inspira en el contraposto, técnica que representa a la figura con un leve movimiento de cadera que aporta dinamismo y movimiento muy utilizada en la estatuaria griega y romana.

El jardín del amor. Detalle

  La obra que durante un largo periodo del siglo XVIII estuvo en la Academia de San Fernando en Madrid por no considerarse apropiada para ser contemplada ya que según afirmaban incitaba al pecado, durante el siglo   XIX se expuso en una sala con acceso restringido del Museo del Prado con otros desnudos y en 1997- 98 fue sometida a una cuidadosa restauración en el mismo Museo con resultados excelentes.

Detalle «»Las Tres Gracias»

  La obra de Rubens ha influido enormemente en pintores posteriores como Jean- Antoine Watteau (1684-1721) o Eugène Delacroix (1798-1863). Gozó de fama y prestigio y fue un pintor que reflejó en su arte, sobre todo en los últimos años de su vida desde el matrimonio con Hélène Fourment, una sensualidad más acentuada como consecuencia de un estado de ánimo exultante y el amor y el deseo que la joven le suscitaba. De cualquier forma, Rubens es uno de los mejores exponentes de la pintura barroca en Europa y Las Tres Gracias una obra imponente, parte de nuestro gran patrimonio artístico.

                                                                                                    

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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