Profesiones y futuro. Por Isidoro García García 

Profesiones y futuro.

«El objetivo de la universidad es la preparación de los alumnos para que salgan con la formación necesaria que les facilite encontrar oportunidades laborales»

La sociedad delega en la universidad la responsabilidad de la educación superior reglada. Por ello, junto a otras instancias oficiales, empresariales, sociales, etc., a la universidad le preocupa la realidad y la evolución laboral de nuestro país; no en vano, uno de sus objetivos fundamentales, o el fundamental, es la preparación de los alumnos para que salgan con la formación necesaria que les facilite encontrar oportunidades laborales en las que puedan asumir las responsabilidades de los puestos de trabajo que ocuparán. 

Es normal, por tanto, que la universidad se plantee múltiples preguntas, por ejemplo, ¿Qué tipo de empleos serán necesarios?, ¿Cómo evolucionará el mercado laboral?, ¿Cómo debe ser la formación?, y otras. Para encontrar respuestas a éstas y otras muchas preguntas, algunos países llevan a cabo estudios predictivos que pueden servir para orientar las decisiones que se deban tomar al respecto. 

Por ejemplo, en Estados Unidos, la Oficina de Estadísticas Laborales (1) tiene publicadas unas proyecciones de empleo para el periodo que va desde 2022 hasta 2032. En 2022 había un total de empleados de 164 millones aprox., y se estima un incremento del 2,8 % para el 2032. Es interesante observar que el mayor número de empleos está en el sector de oficinas y actividad administrativa, con casi 20 millones, pero al mismo tiempo es el sector para el que se espera la mayor caída en 2032, con una disminución de 1,2 millones de empleos aproximadamente; a pesar de ello, obviamente, seguirá siendo un sector importante. Por otro lado, el sector con menos empleos es el de la agricultura, pesca y bosques, que apenas tiene 1 millón de empleos y, además, con una estimación a reducirse en casi un 2 % para el año 2032. 

Los sectores para los que las estimaciones auguran un mayor crecimiento son dos: las ocupaciones de apoyo a la asistencia sanitaria y las relacionadas con la informática y las matemáticas, para los que partiendo de, aproximadamente, 7,1 y 5,2 millones respectivamente en 2022, se estima un incremento del 15,4 y 15,2 % para el 2032. 

Decidir sobre las políticas educativas más adecuadas es un problema complejo y dependiente de múltiples factores. Si estamos analizando estos datos con la finalidad de encontrar algunas de las claves necesarias en este sentido, hay que tener cuidado; por ejemplo, podemos encontrar valores porcentuales de incremento de empleo altos, pero que aplicados a un número total de empleados en esa actividad no muy altos o bajos, en términos absolutos, no son muy significativos. A modo de ejemplo, se puede encontrar la referencia a “técnicos en aerogeneradores”, para los que se produce el mayor incremento porcentual, un 45 % aproximadamente, pasando de 11200 a 16200 empleos desde 2022 a 2032 respectivamente, un incremento de tan sólo 5000 empleados (la cifra de 11200 empleados en 2022, supone, respecto al total de empleados en dicho año, el 0,007 % aproximadamente). En cualquier caso, las ocupaciones para las que se prevé un mayor incremento porcentual (refiriéndose sólo a las que lo hacen en, al menos, un 20 %) son: enfermería, científicos de datos, analistas de seguridad, gestores de servicios sanitarios, desarrolladores de software, cuidadores personales y cocineros; todas ellas suponen un total de 7,8 millones de empleos en 2022 y pasarían a 9,6 en 2032, pero la mayor parte, con 3,7 millones en 2022 (2,26 % del total) y 4,5 en 2032 (2,7 % del total), corresponden con “cuidadores personales”. Por otro lado, hay una serie de ocupaciones que experimentan un fuerte descenso porcentual (mecanógrafos, operadores telefónicos, televendedores y otros), pero en términos absolutos, en comparación con el total de empleados, no suponen una cantidad importante; además, en su mayoría no son profesiones para las que se requiera una formación universitaria y, por lo tanto, desde el punto de vista de un estudio dirigido a la modificación de los grados y postgrados, no suponen una gran influencia. 

El ser humano suele establecer una jerarquía de preocupaciones y/o aspiraciones. En el contexto en el que estamos, en primer lugar, le suele preocupar si conseguirá un puesto de trabajo o no, pero una vez alcanzado ese primer objetivo, o incluso antes, empieza a preocuparse por la “paga”. Los salarios medios de las diferentes ocupaciones van desde los puestos de dirección, ocupaciones informáticas y matemáticas, legales, ingenieriles, sanitarias y algunas otras, cuyos salarios medios anuales están alrededor de 100.000 $ (dólares americanos), hasta los empleos relacionados con el cuidado de personas, servicio doméstico, preparación y servicio de comidas, para los que el salario medio es de unos 30.000 $. Sin embargo, hay que resaltar que los 100.000 $ es una media en la que se pueden encontrar valores muy diferentes; hay salarios que pueden estar por encima de 240.000 $, en concreto, muchos de ellos corresponden con diferentes especialidades de la Medicina. Por otro lado, también se pueden encontrar estadísticas para el grupo de las profesiones que se pueden incluir en las siglas STEM (un anglicismo más que se está utilizando para referirse a: Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), éstas tienen un salario medio anual de 98.000 $ mientras que la media obtenida para todas las demás es de unos 45000 $. Respecto al año 2022, el grupo de ocupaciones STEM suponía unos 10,4 millones de empleos (el 6,3 % aprox. del total) y para 2032 se estima que sean unos 11,5 millones (un 6,8 % del total en esa fecha). 

En general, las profesiones que disfrutan de un mayor nivel de ingresos exigen un alto nivel de formación que pasa, al menos, por la obtención de una graduación universitaria (antiguas licenciaturas) o de algún máster e incluso del doctorado. Estos niveles académicos son, en primer lugar, necesarios para tener los conocimientos mínimos que determinadas profesiones requieren y, en otros casos, profesiones reguladas, son, además, un requisito legal para poder ejercerlas. 

¿Qué pasa en España? Aunque no he encontrado un estudio tan detallado como el comentado previamente para Estados Unidos, alguna información se puede encontrar. Por ejemplo, el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) (2) ofrece la última información disponible sobre datos de empleo. En 2023 existían 20,7 millones aprox. de afiliados a la Seguridad Social (SS), de los cuales, aproximadamente, el 83,2 % corresponden al sector “Servicios”, el 11,6% al “Industrial”, el 6,6% a la “Construcción” y, finalmente, el 5 % al sector “Agrícola”. Desde el 2013, tomado como referencia, salvo en el caso de la agricultura, en los otros sectores ha habido un incremento de afiliaciones. 

Dentro de los citados sectores, se establecen diversas secciones de actividad económica que también se intentan ordenar en función del porcentaje de contratos y de afiliados a la SS. En este sentido, en los primeros tres lugares, con los mayores porcentajes de contratación, están: la “Hostelería”; “Comercio al por mayor y al por menor; reparación de vehículos de motor y motocicletas” e “Industria manufacturera”. Por el contrario, en los tres últimos lugares, se sitúan: “Otros servicios”; “Suministro de agua, actividades de saneamiento, gestión de residuos y descontaminación” y “Actividades inmobiliarias”. 

Finalmente, dentro de las secciones se agrupan las actividades, algo más específicas, para ordenarlas a su vez en función de sus perspectivas para el empleo. Para ello, utilizando datos del año 2023 y como indicadores los porcentajes de contratos y afiliaciones a la seguridad social, destacan en los primeros tres puestos: “Servicios de comidas y bebidas”; “Comercio al por menor, excepto de vehículo de motor y motocicletas” y “Servicios a edificios y actividades de jardinería”. Por el contrario, las tres actividades con menores porcentajes son: “Actividades inmobiliarias”; “Fabricación de maquinaria y equipo n.c.o.p. (No Comprendido en Otras Partes) “Investigación y desarrollo”. 

Está claro que, hoy por hoy, la fuerza laboral en España se concentra en el sector de servicios. Aunque este sector es muy variado en las profesiones que incluye, ya se ha indicado que destacan las relacionadas con la hostelería y el comercio; también parece que las actividades administrativas, educativas y sanitarias pueden tener un peso importante en el futuro mercado de trabajo. Por lo tanto, desde el punto de vista formativo, parece necesario mantener un programa educativo adecuado para atender esas necesidades; además, es importante tener en cuenta que el envejecimiento de la población va a requerir un relevo generacional de trabajadores de estas profesiones que ya se están jubilando y que irán a más en los próximos años. 

Igualmente, también es evidente que el citado envejecimiento implicará un aumento de las necesidades en atención sanitaria y social. La atención a nuestros mayores será, por tanto, un pilar importante para el empleo, y lo será mientras nuestra sociedad siga siendo “humanitaria”, porque hay algunas voces por ahí que parecen abogar por otras “soluciones”; pero aparte de lo que estoy diciendo, no quiero profundizar en ello, tendría que utilizar palabras que irían más allá de unos límites que no quiero sobrepasar. 

En el sector de la agricultura se observa una disminución de fuerza laboral respecto a 2013. Puede que en esta evolución haya intervenido un aumento de la mecanización, pero también es posible que, por otras razones, se haya y se esté incentivando, desde Europa y otros lugares, un debilitamiento del sector. En mi opinión, esto es muy peligroso dado que nos sitúa en una posición de mayor dependencia del exterior, y el sector primario, es primario por su enorme importancia para la independencia y capacidad del país para su autoabastecimiento de alimentos. 

Por otro lado, no sabemos si los desajustes entre la oferta y la demanda de empleo que tenemos hoy día serán los mismos que tendremos en el futuro, pueden intervenir muchas variables que hacen muy difícil realizar una predicción buena, pero sí que es algo que es interesante analizar. Hay profesiones, por ejemplo, medicina, enfermería y fisioterapia, para las que hay un déficit importante de candidatos, pero no por falta de experiencia o competencias técnicas, sino por las condiciones laborales u otras causas. Por otro lado, en perfiles de menor cualificación (que no requieren titulación universitaria), puede ser más o menos importante la carencia de competencias técnicas, transversales o falta de experiencia. En cualquier caso, para muchas ocupaciones, no se entiende la coexistencia de puestos sin cubrir y una elevada población en desempleo. Para una información más detallada se puede consultar la publicación “Tendencias del Mercado de Trabajo en España” (2). 

Parece ser que la dificultad para cubrir las vacantes aumentará y lo hará más en sectores relacionados con las TIC (tecnologías de la información y comunicaciones), ingenierías, ciencias, construcción, comercio, transporte y hostelería. 

Pues bien, tras la exposición breve de algunas cifras sobre la realidad del empleo en nuestro país, parece lógico plantearse cómo debería ser la formación necesaria para atender las necesidades del futuro mercado laboral. Sin embargo, con los datos actuales, parece que la causa de la carencia de mano de obra, en bastantes actividades, no es la falta de cualificación necesaria, más bien habría que buscar las razones en las condiciones laborales y otros aspectos. En cualquier caso, desde el punto de vista formativo, parece que la Formación Profesional puede ser clave para la preparación de trabajadores jóvenes, así como para la reorientación de los de mayor edad que podrían ocupar una parte importante de los puestos del sector servicios, para los que se precisa una baja o media cualificación. No obstante, para otras muchas ocupaciones es necesaria una preparación universitaria (TICs, ingenierías, ciencias y otras). 

La formación universitaria, según los últimos datos publicados por el Ministerio de Trabajo y Economía Social (3), sigue siendo un importante bagaje para que los jóvenes puedan encontrar empleo. Por ejemplo, en el grupo de edad de los 16 a los 29 años, los porcentajes de ocupados frente al total de dicho grupo es del 22,8% para un nivel formativo bajo, del 28,2% para un nivel medio y de un 49,0% para niveles universitarios. 

En España, los últimos datos disponibles con algunas claves del sistema universitario (4) nos indican que en el curso 2021-22 teníamos 1.338.304 estudiantes de grado, 258.991 de máster y 93.652 de doctorado; y ello, en un total de 3.112 titulaciones de grado y 3.735 y 1.185 en titulaciones de máster y doctorado respectivamente. Igualmente, en el curso indicado, alcanzaron el título de grado 207.646 estudiantes (aproximadamente un 1% del total de empleados). Centrándonos en los estudiantes de grado, el 46,09% pertenecen a la rama de ciencias sociales y jurídica, el 19,35% a la de ciencias de la salud, el 17,69% a la ingeniería y arquitectura, el 10,53% a la de arte y humanidades y, finalmente, el 6,33% a la de ciencias. Si esta distribución por ramas es o no la que debería ser, es una cuestión muy difícil de responder; en cualquier caso, es el resultado de la oferta de titulaciones que se hace, de la realidad socioeconómica de las diferentes zonas de España y de la libre elección. Sin embargo, la libre elección no es posible siempre, existen limitaciones de acceso a diversos grados, muy en especial a los relacionados con la sanidad. Seguramente, la oferta de títulos necesite de un estudio amplio y lo más consensuado posible; en el informe (2) sobre tendencias del mercado de trabajo publicado por el Ministerio de Trabajo se hace referencia a algo con lo que estoy de acuerdo: 

“…es preciso tener una visión única, con estrategia de país para la cualificación, detectar necesidades sectoriales, articular mejor la oferta formativa y enfocar la formación de manera organizada. 

A mí me parece bien eso, sin embargo, hacer referencia a la necesidad de tener una visión única y estrategia de país, no parece que sea muy fácil en la situación actual de España. Además, sorprende que se diga esto en publicaciones oficiales de un Ministerio cuyo Gobierno fomenta justo lo contrario. 

Por otro lado, en publicaciones de este tipo es habitual encontrar comentarios sobre la necesidad de conexión entre universidad y empresa, de la actualización de los contenidos formativos para que se adapten a las demandas de las empresas, de la necesidad de una mayor especialización pero que, a la vez, se consiga una mayor polivalencia y adaptabilidad a puestos diversos y a nuevas metodologías (2) Especialización y, al mismo tiempo, polivalencia, parece algo difícil; normalmente, la polivalencia y adaptabilidad van reñidas con la especialización, no así una formación básica desde la que, en poco tiempo, se puede acceder a diferentes especializaciones según las necesidades. Igualmente, cuando se habla de que la universidad debe adaptar sus contenidos a las demandas de las empresas, puede ocurrir algo parecido a lo ya comentado, las demandas de las empresas pueden ser muy específicas y cambiantes, dado que suelen estar en continua evolución para adaptarse a los cambios sociales, económicos y científico-tecnológicos. Por lo tanto, no parece muy recomendable formar sólo para lo que, en un momento dado, demanden las empresas. 

Pues bien, qué nivel de formación es el más necesario para el país y cuál es la distribución más recomendable de la oferta formativa según las diversas ramas y grados del conocimiento, son cuestiones de muy difícil respuesta. Desgraciadamente, no puedo afirmar con seguridad lo que me parece mejor, no obstante, sí me atrevería a sugerir que la formación universitaria, pero una formación universitaria básica, bien establecida, es un bagaje que pone a los jóvenes en un punto de partida más ventajoso en comparación a otros niveles educativos. Además, tener esa formación universitaria deja siempre abierta la puerta a poder optar a puestos de mayor cualificación, aunque temporalmente se tenga que trabajar en otros para los que no se exige o necesita dicha cualificación. En principio, la distribución de estudiantes universitarios que se ha referido con anterioridad no parece que sea muy descabellada; bien es cierto que podría ser recomendable aumentar la oferta y/o incentivar la elección del sector sanitario, el ingenieril y el de las ciencias. 

Por otro lado, me gustaría comentar que la formación universitaria, en general, está siempre evolucionando, se actualiza y mira, como no puede ser de otra manera, a la sociedad en la que se inserta. Para ello, su vertiente investigadora contribuye notablemente a mantenerla al día en los avances del conocimiento. 

Uno de los temas que podrían requerir un análisis más profundo es lo que se viene llamando la fuga de talento a otros países. Esto puede, aparentemente, significar que tras invertir en España en conseguir altos niveles de formación de nuestros jóvenes, éstos, por razones diversas, acaban contribuyendo y enriqueciendo la economía y sociedad de otros países. Si bien, como casi todo, tiene sus pros y sus contras, en general sería deseable que estos jóvenes finalmente se quedaran en España; esto no quita que sea altamente recomendable que tengan una estancia, más o menos larga, en el extranjero. 

Finalmente, más allá de cuáles sean los números actuales y los que se pudieran estimar, es muy importante tener en cuenta también qué modelo de país deseamos tener. En mi opinión, teniendo en cuenta el avance del conocimiento en todos los campos, deberíamos incentivar, de manera muy especial, la formación científica y tecnológica pero sin olvidar la necesaria formación humanística para limitar y equilibrar las posibles consecuencias de la primera (5). 

NOTAS__________

(1) U.S. Bureau of Labor Statisticcs, «Industry-Occupation Matrix Data, by Occupation», accedido
20 de marzo de 2024, htps://www.bls.gov/emp/tables/industry-occupation-matrixoccupation.htm.

 

(2) Servicio Público de Empleo Ministerio de Trabajo, «Tendencias del Mercado de Trabajo en
España», Servicio Público de Empleo Estatal, accedido 3 de abril de 2024,
htps://www.sepe.es/HomeSepe/que-es-el-sepe/comunicacioninstitucional/publicaciones/publicaciones-oficiales/listado-pub-mercado-trabajo/Tendenciasmercado-tabajo-espana.html.

(3) «Mercado de trabajo de los jóvenes. Índice de informes por años. Ministerio de Trabajo y
Economía Social», accedido 3 de abril de 2024,
htps://www.mites.gob.es/es/sec_trabajo/analisis-mercado-trabajo/jovenes/index.htm.

(4) «Datos y Cifras del Sistema Universitario Español», CPAGE, accedido 2 de mayo de 2024,
htps://cpage.mpr.gob.es/producto/datos-y-cifras-del-sistema-universitario-espanol-12/.

(5) Isidoro García García, «La revolución científica, biotecnología y la cuarta revolución industrial.
htps://lapaseata.net/2024/04/11/la-revolucion-cientifica-biotecnologia-y-la-cuarta-revolucionindustrial/

Isidoro Garcia Garcia

Tengo el honor de ser profesor universitario, Catedrático de Ingeniería Química en la Universidad de Córdoba. Más que ejercer la profesión para vivir, que también, en gran medida, he vivido y vivo para ejercerla. Participar en la tarea educativa de nuestra sociedad es una de las actividades de mayor responsabilidad que, en mi opinión, podemos realizar. Mi área de conocimiento me obliga, como cualquier Ingeniería, a estudiar e integrar conocimientos diversos para poder resolver los problemas que le son propios; esta dinámica amplía tu curiosidad y te va llevando a buscar información, opiniones y respuestas en otras áreas para intentar comprender mejor la realidad que nos rodea. Debo hacerlo, es mi responsabilidad frente a mis alumnos. Probablemente por ello, poco a poco, te va surgiendo la necesidad de escribir otras cosas para compartir tu experiencia, opiniones, análisis de tu realidad más cercana y cualquier cosa que pudiera ayudar a alguien de alguna forma.

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