
«Las Hurdes y Extremadura, una tierra que cada vez que se visita gusta más, por su belleza natural, su esencia y sus gentes»
El recuerdo de un maravilloso almuerzo en Pinofranqueado durante un inolvidable viaje junto a mi familia, me ha inspirado a escribir unas líneas sobre la comarca extremeña de Las Hurdes, cuya realidad a principios del siglo XX dejó impactados a quienes no la conocían, al igual que ha sorprendido a todo aquel que con los años ha visto imágenes de la penosa y mísera realidad que se vivía en estos pueblos, o ha leído sobre ello.
Existen vestigios de la ocupación de esta zona en el periodo prehistórico, aunque no son de relevancia. En cuanto a la época romana se han encontrado restos de cerámica, algunos utensilios y monedas en la zona, aunque no se han llevado a cabo importantes excavaciones; los romanos englobaron estas tierras dentro de la provincia de Lusitania, aunque sus núcleos de población más relevantes los fundaron más al sur. Tras la Caída del Imperio los visigodos poblaron la zona en asentamientos aislados e igualmente no han llegado hasta nosotros importantes vestigios de su cultura.
Tras la invasión musulmana el territorio entró a formar parte de la zona administrativa de Coria y será con la conquista por parte de Alfonso IX (1171-1230) cuando entró a formar parte del Reino de León y posteriormente del de Castilla; ya en este periodo aparecen las primeras referencias escritas sobre Alquerías (comunidades rurales o fincas cercanas a la ciudad) en los alrededores de Las Batuecas.
Geográficamente la zona era abrupta, de difícil acceso y por tanto con pésimas comunicaciones, por lo que los pequeños núcleos de población se encontraban aislados y este aislamiento impediría el avance económico y la actividad comercial, dedicándose, por tanto, al pastoreo, a la agricultura y la ganadería de subsistencia, para su propio consumo.
Durante los dos siglos posteriores la situación no cambiaría, incluso en el siglo XVI, tras la conquista de América, comenzó a hablarse de esta comarca y de sus habitantes de manera despectiva, refiriéndose a ellos como salvajes y haciendo referencia a que no solamente en las nuevas tierras conquistadas existían personas asilvestradas, también ocurría en Europa, concretamente en España, en la comarca de Las Hurdes. Tales comentarios crearon una leyenda negra que llevó a escritores como Lope de Vega (1562-1635) a escribir la obra Las Batuecas del Duque de Alba.

Durante el siglo XVIII el rey Carlos III (1716-1788) comenzó a interesarse por la zona promulgando una Real Orden para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de la comarca e impulsar su desarrollo económico, sin embargo, aunque se comenzó a trabajar sobre ello, estas actuaciones no se prolongarían en el tiempo y las medidas fueron escasas.
En el silo XIX algunos personajes de la cultura se interesaron en viajar a la zona para conocer la realidad de la comarca como Mariano José de Larra (1809-1837) o Miguel de Unamuno (1864-1936).
La publicación de un ensayo etnográfico realizado en 1892 sobre estas tierras extremeñas, hizo que aumentara el interés por la comarca de Las Hurdes, tanto de escritores, profesores, médicos y políticos.
Miguel de Unamuno las recorrió en 1913 junto a sus buenos amigos Maurice Legendre (1878-1955) que tenía gran interés en conocer España y su esencia, y el profesor Jacques Chevalier (1882-1962). El escritor anotó en su diario, conservado en el Museo de Unamuno en Salamanca, las vivencias que experimentó en su viaje, sobre el que escribiría algún artículo y le dedicó un capítulo en su obra “Andanzas y visiones españolas” en 1922.

Es en ese mismo año cuando el rey Alfonso XIII (1886-1941) visitó Las Hurdes tras la insistencia del doctor Gregorio Marañón (1887-1960), médico personal del Rey y conocedor de la mísera situación en la que vivían los habitantes de la región, se tomó un enorme interés en que el monarca acudiera a ver en primera persona la penosa realidad de aquellos pueblos olvidados, por lo que se puede afirmar que el viaje real a Las Hurdes se realizó gracias a él.
La visita del Rey fue impactante e inolvidable. Fue testigo de cómo vivían las familias, sin apenas servicios de asistencia, con enfermedades, sin apenas comida y aislados de todo.

Esta visita y el documental del cineasta Luis Buñuel (1900-1983) titulado “Las Hurdes. Tierra sin pan”, realizado en 1933, fueron decisivos para que comenzara el proceso de transformación de esta zona marginada, proceso que se aceleraría en años posteriores con la creación de un Plan de Desarrollo Integral. La creación de carreteras y puentes facilitaría las comunicaciones, lo que a su vez tendría consecuencias para la agricultura y la ganadería que se vieron favorecidas con la creación de cooperativas, esto, junto al impulso para favorecer comercios e industrias locales, hizo que paulatinamente se produjera un importante cambio económico. En la década de los cincuenta se instalaron sistemas de riego y se llevó la electricidad.
Los habitantes de Las Hurdes pudieron experimentar cambios significativos; se fomentaron las escuelas y se crearon consultorios médicos. En definitiva, mejor alimentación, más higiene, atención médica y menos enfermedades, lo que significó una gran mejora en la calidad de vida de estas personas.

A finales del siglo XX, la mejora de esta bonita comarca de Las Hurdes era considerable. El turismo, que a partir de los años sesenta recibiría un impulso en toda España, comenzó a afianzarse como un aliciente en toda la zona, gracias a su naturaleza que nos regala espectaculares paisajes.
Hoy en día, aquellas imágenes que cuando se contemplan no se pueden olvidar, nada tienen que ver con la realidad que ofrece esta bonita comarca española y, aunque queda mucho por hacer, un viaje a Las Hurdes es siempre una bella experiencia.
Extremadura, una tierra que cada vez que se visita gusta más, por su belleza natural, su esencia y sus gentes.

