Integridad, lealtad y dignidad. Por Antonio E. 

Integridad, lealtad y dignidad.

«Estas tres palabras deberían figurar entre las primeras obligaciones de cualquier mandatario que se preciase de ser un político honorable»

Integridad, lealtad y dignidad. Estas tres palabras, de tan generoso significado, deberían figurar entre las primeras obligaciones de cualquier mandatario que se preciase de ser un político honorable. Desgraciadamente para nosotros, el personaje que debería encarnarlas, ha probado hasta la saciedad que dichas palabras no figuran en su vocabulario. 

Qué decir de quién exige lealtad a los demás, cuando todo lo que ha hecho desde que ocupó el poder ha sido mostrar su deslealtad a la nación que juró servir, a las leyes que nos obligan a todos incluido él, y a las obligaciones que cualquier presidente honrado debería asumir. 

Qué decir de quién se erige como íntegro, cuando ha escogido como apoyos políticos a toda la morralla de indeseables que van contra los intereses sagrados de la nación que, engañosamente, dice servir y gestionar.  

Qué clase de persona puede ser el que, desde el principio de su mandato, desterró la palabra dignidad de sus actos de gobierno, arrogándose el derecho a calificar a los demás de lo que él tanto adolece: Integridad lealtad y dignidad. 

Lo anterior debería bastar para llenar todo un tratado político, en términos positivos, si no fuera porque al que van dirigidas dichas palabras, obra y se produce como un déspota, el mismo que portándose cómo se comporta un tirano, pretende convertirse de facto en un malvado dictador ¿Cómo definir si no a quien ha pactado con el lumpen al completo para hacerse con el poder? La historia está repleta de escuálidos personajes y grandiosos sinvergüenzas, a nosotros nos ha tocado la sota de bastos revestida de progresista, o sea, fea astrosa y desdentada, además de prostituta barata.  

En las actuales circunstancias solo cabe seguir machacando, dialécticamente, al sujeto que nos ha tocado en desgracia. No es el “monotema”, como algunos se encargan de hacerme llegar, ni la forma de descargar improperios en quién nunca se enterará de lo que aquí se escribe, si no la única forma de constatar el estado anímico en el que nos encontramos inmersos millones de españoles. Lo que nunca nadie podría hacer, pudiendo escribir en este medio, es hacer como que no sucede nada, o escribir sobre las últimas astracanadas del imbécil de turno. Para tan esmirriado papel, el déspota en cuestión ya cuenta con una brigada de esbirros reconvertidos en chequistas, incluso otros tantos disfrazados de tertulianos progres, con lustrosas Tokarev TT-33 en tan zurdas sobaqueras.  

Mi labor acabará el día que este miserable se largue de la presidencia del gobierno, o mejor aún, acabe en una celda mugrienta por muchos años. En situaciones anormales, donde todo es susceptible de empeorar ¿Quién opta por mantenerse al margen? Quiero pensar que somos muchos, pero a la vista del comportamiento de la mayoría de españoles, la tristeza aflora sin que haga falta llamarla.  

Esta semana se “celebra” o lo que sea, el día del orgullo gay, y no seré yo quien opine mal de nadie, ni siquiera de algo que ni me molesta ni preocupa, simplemente me es tan indiferente como el ladrido de un cuervo o la estruendosa risa de una rata. No se trata de despreciar ni desmerecer a nadie, allá cada uno con su vida, lo que aburre hasta el hartazgo es que, si tanta normalidad se exige desde ese colectivo, no actúen como el resto y traten de pasar desapercibidos. 

Se defiende la libertad desde el respeto a los demás, no exhibiendo glúteos y minga desde exuberantes carrozas, a la vista de los más chicos. Ni apareándose como animales entre el gentío. Dichas imágenes estamos tan acostumbrados a verlas, que ya ni siquiera sorprenden, más bien inducen a la vergüenza ajena. 

Somos legión los que no celebramos que nos gustan las mujeres a rabiar, con todo el respeto que todas ellas merecen, madres hermanas hijas y esposas, y el chuletón de vaca vieja por el mero placer de deglutir lentamente tan exuberante y gustoso manjar. Que cada uno haga en su intimidad lo que le parezca, ver la vida desde la primera, o cambiar al UHF, pero que no hagan tanta ostentación de sus inclinaciones sexuales, para eso está el zoo, donde hasta los hermanos caimanes se ocultan entre el follaje cuando quieren follar. 

 

 

Antonio E.

“Lo valioso no es lo conseguido, lo verdaderamente importante es mantenerlo”. Nacido en Valladolid, diplomado en el noble arte de trabajar y doctorando en la disciplina más importante que existe: conseguir ser un buen español. Autor de varios libros, desde siempre me gustó leer la historia de mi país, aprenderla, estudiarla y compartirla. Su desconocimiento nos aboca, irremediablemente, a tropezar en las mismas piedras de siempre. Odio la doblez, la traición, el engaño y la cobardía, rasgos que abundan cada vez más en nuestra sociedad.

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