Conversaciones en el andamio. Qué bonito le está quedando todo. Por Francisco Gómez Valencia

Qué bonito le está quedando todo

«Qué bonito le está quedando todo, sin duda creo que algo así se dirán los unos a los otros cada martes cuando se reúne la logia pedrista»

Sin duda creo que algo así se dirán los unos a los otros cada martes cuando se reúne la logia pedrista. Los más inteligentes ni tan siquiera precisarán articular palabra, bastará una mirada cómplice, una media sonrisa diabólica o un sutil gesto. Cuando Sánchez reúne al sanedrín maldito enfocado en hacer el mal pervirtiendo la puta realidad –como cantaba visceralmente a finales de los 90 Mónica Naranjo– estoy convencido de que deben perecer cientos de gatitos de esos que nos hacen reír durante nuestra treintena de momentos intimísimos aferrados al celular.

Afirmar que gobiernan fundamentalmente para beneficiar a una clase social en especial ya no es una inaudita floritura literaria ni una licencia psicótica, sino más bien una triste realidad como cantan cientos y cientos de músicos despechados por la vida que no les sonríe por culpa de su absoluta mediocridad.

No sé si será mala suerte o el karma de los buenos españoles, pero todo nos sale mal pese a tener un Gobierno que disfraza las nuevas en éxitos históricos, debidamente trufados en las cocinas de La Moncloa. “Los principios de los quijotes y las contradicciones de los sanchopanzas” de las dos derechas oficiales ya no bastan, es más, ni tan siquiera escorando la nave más a estribor con el peso de los rosarios en Ferraz o las denuncias de los abogados cristianos servirá para que no perezcamos al menos cierto tiempo más en su hoguera. 

El señor de los pantalones pitillo de color azul azafato”, es el puto amo de la de las vanidades y pese a oler a chamusquina, luce bien a ratos sin duda gracias al arduo trabajo de su tropa de esteticienes. Sal, azufre, cobre, mejunjes y extrañas pociones a base de lagarto del Cabo de Gata y pezuña de cabrito de Candeleda, surten efecto y lo regeneran consiguiendo más fuerza y poder proveniente del beneficio gentil ejercido sobre su cuerpo de élite. Un ejército de enfermos hinchados por la desfachatez y el analfabetismo dinamita las creencias, las esperanzas, los anhelos y la ilusión de la gente corriente experta en sufrir y esperar no se a qué o a quien.

Campan a sus anchas.

Delincuentes, trileros, políticos, violadores, sindicalistas, golpistas, terroristas, bolleras, moros trastornados,  narcotraficantes, malversadores, puteros, cocainómanos, “oenegeros”, diputados, abogados y periodistas arraigados, gestores del IBEX, pandilleros, ocupas, presentadores, expresidentes, expertologos, “acojonadores ”, exjueces, ladrones y exfiscales, hombres del tiempo, “covirologos”, policías corruptos, pederastas e informadoras vaginales, cantantes jubilados y perjudicados, subvencionados, homenajeados,  prevaricadores y predicadores, actores olvidados, culturetas bien pasados, cineastas llorones, deportistas amariconados, jueces empoderados, fiscales prostituidos, funcionarios agasajados, hasta reyes del pollo frito apalancados, presidentes de federaciones deportivas, reyes moros, nazarenos caribeños, corruptos brasileños, burócratas y zalameros; campan a sus anchas.

Ayer jueves el Tribunal Supremo confirmó la rebaja de cárcel de un añito a uno de los cinco condenados por la violación grupal a una joven disminuida en los Sanfermines de 2016, en aplicación de “la ley del sólo sí es sí de la exministra bien escracheada y ahora eurodiputada e influencer mojón, Irene Montero. Y también está semana varios chorizos sociatas encarcelados por serlo, fueron indultados por la cara por el Tribunal Constitucional manejado por Sánchez, en el empeño por anular las perrerías de su partido criminal, sentenciados en firme por el Supremo por la estafa piramidal de los ERES de Andalucía, recordando y destacando además que con la abstención de Conde-Pumpido por entonces miembro del Supremo.

Dos ejemplos demoledores de algo que también el pasado jueves Sánchez defendió al presentar un nuevo observatorio financiado con dinero publico para reventar a fachas que osen cuestionar su deidad. Para ello afirmó como dijo más o menos Grucho Marx aunque con menos gracia, “que estos son sus principios progresistas pero si para gobernar, que es como se vence a la ultraderecha según él hacen falta otros, no dudará un solo instante en cambiarlos otra, y otra, y otra vez hasta el infinito y mas allá”, como decía el zumbado muñeco Buzz Layer (o Lightyear) de la peli de animación Toy Story.

¿Suena a amenaza…? ¡Mejor, porque los “alatristes” mire usted, también estamos “mu’locos” y nos gusta el olor a napalm que alimentará su hoguera (vamos a ver…, metafóricamente hablando), por las mañanas!

Feliz día de San Antonio, aunque también aprovecho para gritar por adelantado desde esta humilde tribuna “¡VIVA SAN FERMÍN!”

Españistán a 5 de julio de 2024

Francisco G. Valencia

Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid en 1994 por lo tanto, Politólogo de profesión. Colaboro como Analista Político en medios radiofónicos y como Articulista de Opinión Política en diversos medios de prensa digital. De ideología caótica aunque siempre inclinado a la diestra con tintes de católico cultural poco comprometido, siento especialmente como España se descompone ante mis ojos sin poder hacer nada y me rebelo ante mí mismo y me arranco a escribir y a hablar donde puedo y me dejan tratando de explicar de una forma fácil y pragmática porque suceden las cosas y como deberíamos cambiar, para frenar el desastre según lo aprendido históricamente gracias a la Ciencia Política... Aspirante a disidente profesional, incluso displicente y apático a veces ante la perfección demostrada por los demás. Ausente de empatía con la mala educación y la incultura mediática premeditada como forma de ejercer el poder, ante la cual práctico la pedagogía inductiva, en vez de el convencimiento deductivo para llegar al meollo del asunto, que es simple y llanamente hacer que no nos demos cuenta de nuestra absoluta idiotez, mientras que la aceptamos con resignación.

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