El VOX de Abascal se da un tiro en el pie… de otros. Por Antonio de la Torre

El VOX de Abascal

«El órdago finalmente cumplido no es sino otro favor a su rescatador desde la Moncloa, que le sale gratis a él y a los que de verdad mandan en el partido»

Sin duda, esta semana ha sido jugosa en lo político, algo impropio de un mes que suele ser tranquilo en ese aspecto –menos el pasado, en el que sufrimos la interesada ocurrencia del autócrata de la Moncloa con su llamada a urnas–. Media España de vacaciones o pensando en ellas y sus señorías, que gozan de ese estado casi todo el año, ya, oficialmente fuera de sus escaños, que no calientan mucho salvo cuando tienen que cumplir con el duro “trabajo” de pulsar el botón que ordena el jefe del partido, en lo que a veces yerran o hacen el pulpo para votar por algunos compañeros.  

Podría insistir, entre otros asuntos, y hablando de tiros en el pie, en el sorprendente resultado de la segunda vuelta de las elecciones legislativas, erróneamente adelantadas por Enmanuel Macron. También, abundar en los temas recurrentes de la impugnación de la pareja del presimiente, Begoña Gómez, por posibles delitos de tráfico de influencias y corrupción en los negocios, tras su frustrada comparecencia ante el juez del Pino, en la que demostró sus dotes de adivina cuando dijo no saber de qué se le acusaba, motivo por el que se aplazó su declaración al próximo día 19, pero afirmó con rotundidad que “todo es falso”. Una ignorancia impropia de alguien defendida ante el juez por un exministro socialista, Antonio Camacho, y ante los medios y la opinión pública nada menos que por dos ministros en ejercicio, además de por la portavoz del gobierno, que utiliza la rueda de prensa para exculpar a su “presidenta”, como la llama el aparato sanchista. Por una parte, el de Interior, cada día más “Pequeño” Marlasca –con “c” castellana, cambiada a “k” por el interesado, de origen maqueto, para parecer más vasco– que habla de “indefensión” y osa calificar este procedimiento de “paradigma de instrucción prospectiva”. Eso sin entrar en el despliegue proteccionista de más de cien policías para que nadie pudiese acercarse a una imputada que entró de incógnito por el garaje de los juzgados y que sí fue grabada. Por otra parte, nada menos que el ministro tres en uno, Félix Bolaños, en su vertiente de Justicia, decía desde Cáceres, el mismo día del “Begoña inerruptus”, que ha quedado patente la gravísima indefensión que está sufriendo Begoña Gómez, que ni sabe de qué se la acusa y que es tan clara la indefensión y que no hay nada de nada, que si este proceso continúa, será lógico que los ciudadanos se pregunten por qué se prolonga innecesariamente y qué se pretende». O sea, la visita a Moncloa del rector de la Universidad Complutense que luego le concede la cátedra y el máster, el software que le hacen algunas empresas y parece que se apropia o su socio Barrabés que maldice “el día que la conocí” y otras “minucias”, son NADA para el triministro. Seguramente lo mismo que intentarán hacer creer con el caso de David Sánchez, alias “Azagra”, el hermanísimo presidencial y de su ahora presunto trabajo ad hoc en la Diputación de Badajoz –visitada por sorpresa por la UCO en busca de información–, sus múltiples domicilios en Badajoz, Portugal o ese misterioso chalet en El Espinar (Segovia), pasando por un periodo en Tailandia, al parecer, bastante lucrativo. 

También daría para mucho el incomprensible error de un día en solicitar la actualización del procedimiento, o algo así, del juez de la Audiencia Nacional, García Castellón, en el caso Tsunami Democratic, que ha devenido en el archivo de la causa, refrendado por el Tribunal Supremo y en la exoneración de presuntos terroristas, como la fugada –exiliada dice ella– que vuelve a Barcelona como la gran esperanza del maltrecho ERC. Y tampoco sería mal tema la absoluta obediencia sanchista en el Tribunal Constitucional trufado de exaltos cargos socialistas, nacionales o autonómicos, que no forman parte del Poder Judicial, pero que quieren dar carpetazo a la sentencia de la Audiencia de Sevilla y la posterior del Tribunal Supremo –que dejaría así de serlo, de hecho–, en el mayor caso de corrupción en Europa, el de los ERE de Andalucía. 

Como digo, cualquiera de esos asuntos, y algunos otros como las misteriosas amigas  de José Luis Ábalos a las que su amigo Koldo García sacaba billetes de avión y reservaba hoteles de lujo, o la más que sorprendente vicepresidencia en el parlamento europeo que consigue la podemita Irene Montero, darían, como están dando, para llenar páginas de periódicos. Pero todo pasó a un discreto segundo plano durante la noche del jueves y todo el viernes –con más coletazos el sábado y alguno más la próxima semana– por el órdago sin cartas de otro autócrata de libro, Santiago Abascal, émulo en eso de su rescatador del exilio –este sí lo fue a raíz de los lamentables resultados electorales de 2015 y 2016–. Vamos por partes, e intentaré no alargarme demasiado, aunque el tema, sus antecedentes y sus posibles consecuencias, dan también para bastante. 

Soy consciente de que algunos pueden pensar que siento animadversión hacia Santiago Abascal, lo que no es cierto en absoluto y por eso voy a tratar de poner las cosas en su contexto. Para empezar, diré que, yo también, como muchos españoles en diferentes momentos, tuve simpatía y, ¿por qué no decirlo?, cierta admiración por Santiago Abascal. La diferencia con esos muchos españoles que, por diferentes razones, le dieron su voto en 2019, es que yo tuve la oportunidad de conocerlo de cerca y ver cosas –las tendré que resumir mucho porque excederían el alcance de un mero artículo de opinión– que la inmensa mayoría de sus votantes no pudieron ver, ni siquiera imaginar. Conocí personalmente a Santi –como lo llamábamos y lo siguen llamando muchos– el 8 de marzo de 2013, en la presentación del libro “Las Cloacas del 11-M”, de Ignacio López Bru, en el Centro Riojano de Madrid (calle Serrano, esquina con la de Hermosilla). Presentación que corrió a cargo del hasta hace poco comunicador, los fines de semana, de la emisora de Libertad Digital, esRadio, Luis del Pino –otro personaje que me decepcionó de manera especial, por su sectarismo, año y medio después, pero eso no toca ahora–. Santi y yo nos “conocíamos” de la red social, entonces Twiter, en la que nos seguíamos desde hacía no mucho y fue él quien se dirigió a mí, por mi nombre, tras el acto antes citado, lo que debo reconocer que me sorprendió con agrado, ya que el conocido era él y yo un perfecto desconocido. Ahí empezó cierta amistad y contacto, que casi me lleva a inscribirme en su Fundación DENAES (Defensa de la Nación Española) –afortunadamente no lo hice– con encuentros en algunos actos que convocaba y la posterior coincidencia en los inicios de VOX, al que algunos llegamos convencidos de que se trataba de un proyecto sano para recuperar el vacío que dejaba el Partido Popular y otros, como él, lo hacían –al principio no lo vimos así– porque se quedaba sin puesto, muy bien remunerado, por cierto, en ese partido o, desde que llegó a Madrid, tal vez sería más apropiado decir en los chiringuitos en los que su madrina Esperanza Aguirre lo había colocado. Fue precisamente el desenlace de una comparecencia pedida por el entonces diputado de UPyD en la Asamblea de Madrid, Alberto Reyero, para que Abascal explicara su “labor” en el último de ellos, la Fundación para el Mecenazgo y el Patrocinio Social –abocada a su desaparición tras la más que lamentable intervención del “gestor” vasco–, lo que, en mi opinión, precipitó su “decisión” de “dejar” el PP e incorporarse –previa negociación de un generoso sueldo– al proyecto que lideraban entonces Alejo Vidal-Quadras e Ignacio Camuñas.

Pocos días después de cerrar esa negociación, “dirigió” una “sentida” carta a Mariano Rajoy –ignoro si se la envió también al presidente del PP o éste la leyó en el periódico–. Carta digna de un análisis que me alargaría demasiado y que invito a hacer al lector, más de diez años después de aquello, especialmente, aunque no sólo, del penúltimo párrafo, que termina con los siete “ex” de su etapa vasca que, en mi opinión, después de haberlo conocido, no dejó –o al menos no sólo– por la posible amenaza de ETA, sino porque sus propios compañeros del PP vasco estaban bastante hartos de él. De lo contrario, un PP en caída libre en esa región, hubiera requerido más su ayuda que su huida. Y son importantes las fechas, 6 de noviembre la comparecencia pedida por Reyero, negociación con Vidal-Quadras y carta pública en El Mundo el 24 de noviembre siguiente. Circunstancias, con algunas más en las que no me puedo extender, que cambiaron y precipitaron la agenda de arranque de VOX que, si no recuerdo mal, recibió el alta en el Registro del ministerio del Interior el 17 de diciembre siguiente y fue presentado a los medios de comunicación el 16 de enero de 2014, curiosamente sin la presencia de su presidente in pectore, Alejo Vidal-Quadras, que tenía otra agenda de despedida del PP y desembarco en VOX. 

Salto los cuatro primeros meses de vida de VOX, hasta el 25 de mayo de 2014, fecha de las elecciones europeas de aquel año, de los que habría bastante que contar, y la resumo como una etapa de lucha entre el teórico poder del ya presidente provisional del Comité Ejecutivo Nacional y el contrapoder naciente y creciente del aspirante vasco a reyezuelo que, con su equipo y colaboradores procedentes de DENAES, no ayudaron, sino más bien al contrario, al, en mi opinión, verdadero interés de muchos otros –puede que principal, si no único, para alguno de los fundadores, pero tampoco me puedo alargar en esa tesis–, la obtención de, al menos, un escaño europeo que hubiera dado presencia política real a VOX en Europa y en España. Recordemos que, en aquellas elecciones, Podemos, que había nacido un mes después que VOX, febrero –si bien venían de aquellas concentraciones del 15/M en la Puerta del Sol y del “rodea el Congreso”–, consiguió cinco escaños y Ciudadanos, en su primera participación fuera del ámbito catalán, del que nunca debió salir, obtuvo dos. Los que vivimos aquel periodo de, cuando menos, deslealtad, si no traición, vimos con desazón el descabezamiento del proyecto y la toma del mando, que no del timón, por el equipo “joven”, con un mensaje de uno de ellos, hoy, creo, fuera también de VOX, justo por la mañana del día 26 de mayo, día siguiente a las elecciones: “compartir proyecto con personas como José Antonio (Ortega Lara, un gran tipo), Santiago, Iván o Cristina (Seguí, sin comentarios) es (sic) las personas que quiero llevar a mi lado” –los dos últimos fuera de VOX, uno tras la “refundación” que yo llamo repesca–, es decir, al resto del CEN parece que no lo quería en ese proyecto.

Una fallida asamblea general en julio siguiente y otra adulterada, si no manipulada, el 20 de septiembre de 2014, acabó con el asalto y la salida de varios centenares de los pocos afiliados que había y ahí se inicia, fracaso electoral tras fracaso electoral, en generales, municipales y autonómicas, una larga travesía del desierto hasta finales de 2018 cuando, ¡oh, casualidad! –y ya sabemos que las casualidades en la vida son raras y en política no existen– cuatro meses después de la tan exitosa como ilegítima moción de censura que le da el gobierno a Sánchez, se abren las ventanas informativas a VOX y comienza su renacer, primero en Andalucía, 2 de diciembre de ese año, y después en las dos elecciones generales de 2019, abril y noviembre, con 23 y 52 diputados, respectivamente –el pasado 23J bajaron a 33–, desoyendo –como la desoyó Albert Rivera, hoy fuera de la política, como su partido–, en ambas ocasiones, la llamada del entonces presidente del PP, Pablo Casado, que todavía no se había suicidado, para ir juntos, al menos en las provincias con menos representantes, en las que la división favorece al contrario. Ya en esas dos ocasiones electorales, como en sus dos frustradas mociones de censura, que sólo fueron unas pocas horas de gloria para Abascal, sin fondo ni posibilidad alguna y carente de un programa serio de gobierno, de las que salió reforzado el presimiente Sánchez, al igual que en la negativa de VOX a la petición del PP para constituir una comisión de seguimiento de la aplicación de los fondos europeos, el camino del partido de Abascal ha sido torpedear en todos los ámbitos la gestión del Partido Popular, ya fuera votando en contra presupuestos y propuestas, junto a la izquierda, o, a base de amenazas de repetición de elecciones en la constitución de los últimos gobiernos autonómicos y municipales, conseguir colarse en algunos de ellos.

Por todo lo anterior, y mucho más que he tenido que omitir por razón de brevedad, que no he conseguido, pienso que, este órdago finalmente cumplido no es sino otro favor a su rescatador desde la Moncloa, que le sale gratis a él y a los que de verdad mandan en el partido hoy, los catalanes Jorge Buxadé e Ignacio Garriga. Por eso digo lo de “se da un tiro en el pie… de otros”, ya que los escaños de los tres y los asientos de algunos más de los que tomaron tan errónea como precipitada decisión, no corren peligro. De haber sido así, Abascal no habría arriesgado su supervivencia, en definitiva, único objetivo que tiene este personaje sin escrúpulos, que habla de haber hecho valer más los principios que los sillones.  Como resulta “parajódico” –no es errata, sino ironía– oír lo mismo en boca del portavoz de VOX en el parlamento catalán, el histórico Joan Garriga, candidato en 2015 a la alcaldía de Moncada y Reixach por Plataforma por Cataluña, un partido fundado por el no menos histórico y polémico Josep Anglada, que se disolvió en febrero de 2019, vísperas de las elecciones generales en las que VOX conseguiría los 23 escaños antes citados, recomendando a sus afiliados integrarse en VOX. Podría decir vergüenza ajena lo que me produjo la paráfrasis del ya dimitido vicepresidente de la Junta de Castilla y León, Juan García Gallardo –no dudo que sea un buen chaval, pero le venía muy grande el cargo– a nuestro héroe en la batalla de El Callao Méndez Núñez: Nos han dado a elegir entre barcos y honra y hemos elegido honra. Todo eso choca mucho después de ver esa foto, al más puro estilo siciliano del jefe y su junta y las caras de duelo de algunos de los presentes.

Como me decía en un comentario un buen amigo, que comparto, “Vox (yo diría, Abascal) no entiende la acción política como un honor, sino como un medio de vida”. “No tiene una línea programática clara”. “Debería mantenerse fuera de todo gobierno, hasta formarlo por sus propias mayorías y, mientras, limitarse a apoyar que otro partido de la derecha forme gobierno”.  “Ser, en definitiva, un Movimiento político, no un partido al uso del régimen”. 

Y termino diciendo que no hay más que ver la reacción de alegría de Fray Perico y sus lacayos sanchistas y de la izquierda en general, para pensar a quién beneficia, de momento, esta desbandada de VOX de los gobiernos autonómicos de los que formaba parte, con más o menos acierto, pero sin demasiada notoriedad. Veremos cómo gestiona esta situación de gobiernos en minoría el PP y si Alberto Núñez Feijoo termina haciéndolo positivo, como me gustaría, para su partido porque, mal que pese, no hay otra alternativa al desgobierno socialcomunista al que sigue dando vencedor el lacayo José Félix Tezanos.

 

 

Antonio de la Torre

Aficionado a la política, decepcionado con mi corta experiencia en ese mundo, y preocupado con la situación de "España, S. A.". Modesto tertuliano y articulista de opinión. Comparto inquietudes y propuestas, tratando de ayudar a crear opinión para mejorar el pervertido sistema político que nos ningunea.

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