
«A lo largo de mi vida he conocido a tres monjas a las que puedo calificar como monjas trabucaires en las que hoy incluyo a Sor Lucia Caram»
Dice la RAE que trabucaire es aquel que porta trabuco y que es valentón u osado. En este caso me quiero referir a esas monjas que tienen (y demuestran) reaños para enfrentarse con las situaciones de pobreza o de injusticia y afrontarlas por derecho.
Una de ellas es una mujer que, después de realizar brillantemente sus estudios de medicina, decidió meterse en un convento de carmelitas de clausura malagueño y desde allí, amén de cuidar de sus monjas ya muy mayores, enviar constantemente mensajes de apoyo a cuantos la necesitan. Tengo grabada una entrevista con ella que no tiene desperdicio.
La segunda es una monja ursulina de Navarra que conocí en uno de los barrios más marginales de esta ciudad. Pertenecía a una familia llena de alcurnia, dineros y títulos, a los que había renunciado para tomar los hábitos. Controlaba la Cáritas parroquial, la escuela, los grupos de madres, etc. Todo un portento. Inopinadamente la mandaron a otro destino al otro lado de España.
La que me proporciona hoy la buena noticia es Sor Lucia Caram, una monja argentina que apareció por España en el 1994. Confieso que no es santo de mi devoción por su continuo aparecer en los medios con una suficiencia impropia de su carisma religioso. Tampoco me gusta esa bufanda roja (al estilo de la del Padre Ángel) que no sé que quiere manifestar, pero me lo imagino. Me admira la soltura con la que se mueve en los medios, como manifiesta sus periódicas reuniones con el Papa, su relación con los políticos de todos los segmentos y su acceso a todas las instituciones.
Una vez manifestado que no no soy fan de ella precisamente, tengo que reconocer su eficacia. Por ello es motivo de mi buena noticia la consecución de un hospital de campaña, perfectamente instalado, que va a enviar a Ucrania a fin de remediar la precaria situación de aquel país.
Sigo creyendo en la eficaz oración de las monjas de clausura, las que están en las misiones, las que se dedican a la enseñanza y las que ponen en vigor el “ora et labora”. Pero hoy me quito el sombrero ante las monjas trabucaires.
