
Entré hoy por la mañana en un bar, a tomar café:
¡Hacía, allí dentro, un frío, que pelaba!
«¿A qué temperatura tiene Ud. el local, oiga Ud?»,
oí que un señor muy trajeado al dueño preguntaba.
-Con toda sinceridad, debo decirle que no lo sé;
se me perdió no se dónde el mando a distancia
y, encima, un termostato en ninguna tienda hallé:
¡se vendieron como rosquillas este fin de semana!
Pero mejor quítese usted esa linda corbata,
si acaso siente que la mucha calor le mata:
¡Imagine nosotros, aquí, toda la santa jornada,
que apenas si paramos… para ir al WC!
¡Al trilero Sánchez quisiera en mi lugar yo ver!
¡Jodidos políticos; la madre que los matriculara!
(¡Dios: una chaqueta me habría puesto yo de buena gana,
mientras que, él, la gota gorda de continuo sudaba…!
A saber si el buen hombre acaso en la cuenta cayó
de que, este menda, todo el santo rato de frío tiritó,
en tanto que él, sofocado, parecía andar ya medio frito.
Ni que decir tiene que, al partir, propia alguna se le dio:
¡pillé, allí, un constipado, que con nada me lo quito!
Sepan, en todo caso, que si por ese local me atrevo otro día a pasar,
juro a Uds. que un par de termostatos les voy a regalar.
Quién sabe; quizás me atreva… en un día de frío polar.

