
Introducción.
Muchos se afanan en tratar de explicar racionalmente en qué consiste este fenómeno meramente de carácter autocrático rasgándose las vestiduras a diario, aunque lo cierto es que gracias a cada uno de sus gestos disfrazados de avances sociales, el fenómeno se afianza anclando sus débiles principios anulando la voluntad social crítica en todos sus ámbitos. Conseguir manipular la percepción de las cosas es crucial, por eso es necesario controlar lo que queremos que la mayoría reciba. El cerebro es una fábrica de sensaciones y esas se nutren de las percepciones que sobre el mundo tenemos, por este motivo hay que dudar de quienes gritan para convencernos, de quienes adjetivan en exceso para emocionarnos, de los humoristas del régimen cuya función consiste en cambiar patrones de comportamiento, de quienes nos cuentan las noticias por encargo y, por supuesto de quien se afana por presentarnos quien debe ser siempre el enemigo. Ejercer el control está por encima de la lógica, las emociones y de las creencias, por esto hay que vaciarlo todo de contenido moral imponiendo valores nuevos, usando un lenguaje adaptado a ellos con una simbología exagerada, descentralizándolo todo con un sistema educativo primario que satisfaga las necesidades más básicas de la mayoría y, desarrollando un pensamiento práctico para cambiar la sociedad sin pedirla permiso, ¿les suena?
Desde la Ciencia Política a través de esta exposición de tres capítulos, se intenta tratar de ofrecer algo de luz sobre el asunto, descifrando la estrategia posicionando el experimento político y social, partiendo de la base de que todo ello no fue en sus inicios nada más que la continuación de otra aburrida nueva versión de la vieja revolución marxista impulsada por su predecesor José Luis Rodríguez Zapatero de 2004 a 2011, y sostenida de aquella manera después por Mariano Rajoy, pese a disfrutar de la mayoría absoluta comprendida entre 2011-2015 otorgada por una sociedad más que escamada, aunque la inactividad preponderante generó un gran desapego posterior entre 2016 y 2018 hasta que Rajoy y su organización fueron expulsados de la dirección del país gracias a una moción de censura dirigida por José Luis Ábalos, basada en un párrafo posteriormente corregido de una sentencia por corrupción contra el Partido Popular.
Dicho lo cual, una gran parte de la sociedad española continúa en shock y desde entonces y con razón, ha sido incapaz de adaptarse a la nueva y compleja arquitectura electoral. No obstante la versión manifiesta de la manida revolución marxista se vino abajo casi de inmediato pues las viejas tretas ya no sirven, así que gracias al fruto del complejo sentir español, desde el PSOE se está tratando de mutar en mi opinión hacia una diferente forma de manipulación (indudablemente esta también a la española) conocida como la “revolución positiva” eso sí, copiada malamente de aquella que ideó uno de los entrenadores e instructores contemporáneos del pensamiento moderno, Edward De Bono.
Capítulo 1°.
La idea de transformación positiva.
Pedro Sánchez utiliza frecuentemente el concepto de una «transformación positiva» o de «avance social» para definir sus años de gestión. Aunque el término exacto «revolución positiva» no es el lema oficial, el presidente suele hablar de un saldo positivo para España basado en el progreso económico y la conquista de derechos.
Los momentos clave a sus discursos y balances oficiales donde detalla esta visión son estos tres cuya degustación es todo un acto de fe :
- Balances de Gestión («Cumpliendo»).
Donde Sánchez realiza ejercicios semestrales de rendición de cuentas para mostrar lo que lógicamente de manera partidaria considera una mejora sustancial del país.
En el “Balance 2024” sostuvo que España es hoy un país mejor de lo que era hace años gracias al «estímulo transformador» de los fondos europeos. Y en el “Balance 2025” en su intervención más reciente, afirmó que España progresa y vive una de sus épocas de mayor prosperidad, destacando la gestión del empleo y la justicia social.
- Discursos de Investidura y Transformación.
En sus intervenciones parlamentarias, Sánchez defiende su modelo como el único camino de «avance» frente a la «involución«. Por ejemplo, en su “Discurso de investidura 2023” propuso cuatro años más de estabilidad y progreso para consolidar reformas en convivencia y derechos. Y con su “Proyecto 2030” ha definido su labor como un proyecto de largo alcance que busca transformar la estructura del país de cara a la próxima década.
- Hitos de la «Revolución» en Derechos y Economía.
El PSOE y el Gobierno agrupan estos logros bajo el lema «Gobernar para Transformar» donde desarrolla la idea de “Justicia Social y Feminismo” detallando en el portal oficial del PSOE cómo han avanzado hacia un país más «verde, feminista y justo«. A lo anterior le sigue la idea de “Regeneración Democrática”: Tras su periodo de reflexión en 2024, Sánchez anunció un punto y aparte para trabajar en la regeneración democrática y la defensa de la dignidad pública. Y en cuanto a lo que el denomina sus “Logros económicos”, defiende que su gabinete es uno de los mejores de la historia basándose en datos de creación de empleo y reducción de la desigualdad.
Curiosamente al analizar durante años al personaje, se puede afirmar sin lugar a dudas que sus hitos han venido acompañados de una variación constante en su comportamiento, aunque serán muchos los que defiendan que de casta le viene al galgo. Según las categorías planteadas por nuestro autor de referencia (Edward De Bono) Sánchez llega al poder cargado de positividad dentro de su organización (al margen de los métodos mafiosos utilizados para ello y conocidos por todos). Una vez llegado al poder real, es decir, a la presidencia del gobierno de España, inicialmente durante su primera y corta legislatura se atisbó un cambio radical en su modus operandi pasando del necesario liderazgo crítico y negativo hacia sus enemigos políticos, a un frentismo cobarde y ruin. Establecerse en el poder con pies de barro le bastó para sentir el acomodo y su calor, pues este solo se siente desde la soledad propia que te da ser “el Número 1”.
Desde la segunda legislatura desgraciadamente para todos, se transformó definitivamente en un ser egoísta y corrupto abandonando la senda del marco legal para pasar a ser un político pendenciero, hecho que hizo reaccionar a buena parte de la sociedad y a determinados gremios agraviados como la prensa, la judicatura y, demás colectivos profesionales como miembros de las FFCCSE, sanitarios, abogados, etc, etc. Sin embargo la deriva del país, su organización, su Gobierno y hasta a nivel personal es tan descomunal que se percibe ciertamente un deterioro físico realmente alarmante, por lo que podemos afirmar que definitivamente ha pasado a un estadio francamente peligroso al carecer de ningún tipo de empatía ni respeto hacia los demás, es decir, literalmente ha pasado a la categoría de criminal pues ya no reconoce derechos salvo sus propias intenciones y esto por muy duro que parezca se demuestra con sus actos, pues el sujeto carece de conciencia moral.
Capitulo 2°.
El Espejismo de la «Revolución Positiva»: Una Crítica desde la Alternativa.
La reciente adopción por parte de Pedro Sánchez del concepto de “transformación Positiva» no es un giro hacia la eficacia constructiva, sino como una sofisticada operación de marketing político. Mientras el PSOE intenta barnizar su gestión con una pátina de optimismo sistémico, los programas del Partido Popular (PP) y de VOX ofrecen diagnósticos que desmienten esta narrativa, señalando que la verdadera «revolución» debería empezar por restaurar la seguridad jurídica y la neutralidad institucional.
La Crítica del Partido Popular: Eficacia frente a «Electoralismo«.
Para el Partido Popular, la «revolución» de Sánchez es, en realidad, una gestión de la carestía disfrazada de progreso. Utilizando el pensamiento de De Bono, el PP aplicaría el «Sombrero Negro» para señalar que no puede haber una revolución positiva cuando se «confunde el Estado del Bienestar con el bienestar del gobierno«.
El programa del PP se centra en lo que De Bono llamaría la eficacia operativa. Frente a la narrativa socialista, el PP propone:
1°- Regeneración Institucional: Critican la «degradación» de las instituciones (como el CIS o la Fiscalía) y proponen leyes que aseguren la independencia judicial, argumentando que una revolución constructiva es imposible sin cimientos democráticos sólidos.
2°- Alivio Fiscal: El PP sostiene que la verdadera «autosuperación» ciudadana nace de bajar impuestos (como el IRPF a rentas medias y bajas), contraponiéndose a un modelo socialista que perciben como extractivo.
La Crítica de VOX: Soberanía frente a «Ingeniería Social».
Desde la perspectiva de VOX, la terminología de, De Bono en manos de Sánchez es una forma de «ingeniería social» que busca normalizar la ruptura de la unidad nacional. Santiago Abascal define la etapa actual como una «degradación institucional planificada» diseñada para garantizar la impunidad del ejecutivo y sus socios separatistas.
El programa de VOX ofrece una contra-revolución basada en:
1°- Unidad y Soberanía: Proponen la ilegalización de partidos separatistas y la recuperación de competencias estatales, argumentando que la «revolución» de Sánchez ha fracturado la igualdad entre españoles.
2°- Oposición Total: VOX rechaza cualquier adaptación del lenguaje constructivista, calificando la gestión del PSOE como una «burla» llena de «mentiras y amenazas«. Su enfoque es la derogación total de leyes ideológicas (como la Ley de Memoria Democrática o la Ley Trans) que consideran contrarias a los valores humanos fundamentales de los que habla el autor.
Conclusión: ¿Construcción o Maquillaje?
Edward de Bono defendía que una Revolución Positiva debe basarse en la eficacia y el valor añadido. La crítica conjunta de la derecha española subraya que Sánchez ha fallado en ambos: para el PP, la falta de eficacia económica es evidente; para VOX, los valores nacionales han sido sacrificados. En este contexto, el uso de la teoría de De Bono por el PSOE se percibe menos como una herramienta de pensamiento lateral y más como un intento de desviar la atención de una realidad política marcada por la polarización y el cuestionamiento de los contrapesos democráticos.
Capítulo 3.
La «revolución» del vacío: El ilusionismo de Sánchez tras el muro de la propaganda
España asiste a un fenómeno inédito en su historia democrática: la elevación de la propaganda a la categoría de mística de Estado. Bajo el rimbombante paraguas de una supuesta «transformación positiva«, Pedro Sánchez no ha articulado un proyecto de país, sino una coreografía de supervivencia. Lo que el relato oficial vende como una etapa de prosperidad y avance es, para cualquier observador despojado de anteojeras ideológicas, una mutación institucional que está erosionando los pilares de la Transición bajo un barniz de modernidad impostada.
El sanchismo ha perfeccionado el arte de bautizar como «revolución» lo que en realidad es una claudicación. Nos dicen que España «va como una moto«, pero omiten que el motor se alimenta de una presión fiscal asfixiante sobre las clases medias y un endeudamiento público que hipoteca a las próximas tres generaciones. Mientras el portal del PSOE presume de «gobernar para transformar«, la realidad es que la transformación se limita a la colonización de las instituciones —del CIS al Tribunal Constitucional— para ponerlas al servicio de un solo hombre.
Jugar a la política para su propio beneficio tratando de permanecer a toda costa tendría algo de sentido si contribuyera en algo al país pero, ¿acaso este es el caso? Parece que no por lo que se puede afirmar que esta «revolución positiva» es, en esencia, una revolución del vacío que nos obliga a preguntarnos…, ¿qué se ha construido estos años además del famoso muro? Nada, de hecho el proyecto se apoya en una arquitectura de eufemismos donde la «concordia» significa amnistía por votos, y la «regeneración» se traduce en un asedio a la prensa crítica y a la independencia judicial. El presidente utiliza sus comparecencias de balance de gestión no para rendir cuentas, sino para profundizar en la construcción de un «muro» que divide a los españoles entre progresistas de carné y «fachosfera«. Es el triunfo de la identidad frente a la gestión; del eslogan frente al dato.
Desde la óptica conservadora, el daño no es solo económico, sino moral. Se ha institucionalizado la mentira como herramienta política. Lo que ayer era una línea roja infranqueable, hoy es una «necesidad para la convivencia«. Esta elasticidad ética es la que permite al Gobierno hablar de justicia social mientras mantiene una estructura de Estado hipertrofiada, con el gabinete más costoso de la democracia, ajeno al sacrificio que exige a las familias españolas para llenar la cesta de la compra.
La «revolución» sanchista ha consistido, fundamentalmente, en el desmantelamiento de la centralidad. Al entregar las llaves de la gobernabilidad a quienes tienen como objetivo declarado la ruptura de la nación, Sánchez no está «normalizando» el conflicto, sino desarmando al Estado de Derecho. Su discurso de investidura no fue una hoja de ruta para todos los españoles, sino una declaración de guerra cultural para blindar su bloque de poder a cualquier precio.
En definitiva, estamos ante un gigantesco ejercicio de ilusionismo político. Sánchez nos invita a mirar sus «hitos» sociales mientras, por detrás, se desmorona la separación de poderes y la igualdad entre ciudadanos se sacrifica en el altar de los privilegios territoriales. La verdadera «revolución» no ha sido el progreso, sino la sustitución de la realidad por el relato. Al final del túnel de la propaganda, no encontraremos una España más moderna, sino una institución más débil y una sociedad más fracturada. El despertar de este espejismo será, sin duda, la tarea más urgente para el próximo ciclo político aunque eso, aún está por ver.
Autor:
Francisco Gómez Valencia.
Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología.

