Esencia de un viaje. Por Antonio Ramírez Vélez

Esencia de un viaje.

«Dama de Porto Pim es una obra breve y un extraordinario ejemplo del arte de relatar a través de la esencia de un viaje»

Hay obras que son una belleza alegórica. El recuerdo de lo fascinante, lo inolvidable al ser único por excepcional, sirve como base para la interpretación y relato de los sentimientos y emociones humanas. El paisaje de las Azores, con todo su esplendor y majestuosidad, sirve al extraordinario y legendario escritor italiano Antonio Tabucchi para ofrecer un relato a la vez que imaginario, real y cultural mediante un viaje a esas islas lusas atlánticas.
Si en «Sostiene Pereira«, otra de sus grandes, aclamadas y reconocidas justamente obras, nos traslada al Portugal que mantenía una lucha encarnizada entre la libertad y la censura del pasado siglo y a la conversión de la debilidad humana en fortaleza como recursos de la supervivencia , en «Dama de Porto Pim«, cuyo paisaje que le abraza recuerda a Melville y Conrad, Tabucchi crea un Bello artefacto literario a partir de una historia de amor. Pero es una historia complicada y abocada al fracaso, asumiendo, como el autor entiende por su profundo conocimiento del ser humano, que el amor también basa su esplendor cuando naufraga y ofreciendo a la literatura recursos de gran valor.
«Dama de Porto Pim» es una obra breve, mosaico por su disparidad, pero unitaria al tiempo en su mensaje y espíritu. Tabucchi, haciendo gala de esa peculiar virtud de conciliar melancolía con ironía, ofreció, una vez más, un relato preñado de memoria, originalidad y realismo desde el espesor de la evocación. Es, sin duda, en extraordinario ejemplo del arte de relatar a través de la esencia de un viaje.

Antonio Ramirez Velez

Indígena melillense con varias decenas de años a mis espaldas. Periodista de profesión y dedicación institucional desde hace muchos años en lla Ciudad Autónoma de Melilla, anterior Ayuntamiento, con una paso también en la Administración del Estado, Delegación del Gobierno. Responsable en diversas legislaturas de gabinetes de prensa y relaciones institucionales, comencé a entender, hace tiempo ya, que el poder es un mar de ambiciones y conjuras permanentes y por ello la verdad, cuando sobrevive, vale su precio en oro. Mi paso por medios de comunicación, tanto públicos, como privados, me enseñó de la gran asignatura pendiente que tienen, aún, generaciones de periodistas sobre la consideración de su profesión y la dignificación de la misma.

Lector aplicado, que intento ser, concibo a los libros como uno de los últimos reductos de la libertad de pensamiento, generadores de opinión y salvaguarda, por ello, de la voluntad. Lo único que no nos puede ser arrebatado (Víktor Frankl).

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