Los días que no existieron. Por Susana del Pino

Los días que no existieron.

«Los orígenes para el cambio de calendario ante el desfase producido se remontan a la ciudad española de Salamanca»

 El 4 de octubre de 1582 se produjo en Europa un hecho, no muy conocido por muchos, que haría desaparecer diez días de la historia: un cambio de calendario.

  Muchos pueblos en la Antigüedad se regían por el calendario lunar para contabilizar el tiempo, cada uno de ellos con número diferente de días, en el que los meses comenzaban, o bien con la luna nueva o el plenilunio.

  En Roma, el calendario vigente fue creado por Rómulo, fundador de la ciudad (753 a. C.), que constaba de diez meses y existía un periodo de transición al final de cada año en el que, sin actividad agrícola ni militar, se dedicaba a ritos de purificación para el pueblo. No dividían la jornada en horas o partes iguales, sino que se guiaban por el día y la noche y los cambios propios que proporcionaba la naturaleza y la luz del sol. Así, por ejemplo, Gallicantus sería el canto del gallo, Solis Ocassus el ocaso o Concubium Noctis el tiempo de dormir. Más adelante estos tiempos se expresaron con números ordinales: hora prima, tertia o sexta, que indicaba el mediodía y de la que procede la palabra siesta.

Calendario medieval de la luna

  El calendario romano estuvo vigente hasta el año 46 a. C. en el que Julio César, asesorado por Sosígenes de Alejandría, introdujo el que se conocería como el calendario Juliano, basado en el utilizado por los egipcios y que estaría vigente en la mayoría de los países europeos hasta el siglo XVI. El nuevo calendario originalmente tenía doce meses con los mismos nombres que hoy conocemos en latín, alternando treinta y treinta y un días a excepción de Februarius que contaría con 29.

  Julio César cambió el mes de su nacimiento, Quintilis, por el actual Julio; tiempo más tarde, Augusto hizo lo mismo que su predecesor con el mes Sextilis, y para igualar a Julio César en número de días también le añadió uno, razón por la que ambos meses estivales tienen treinta y un días.

TABLAS ASTRONÓMICAS. RUEDA DE LAS ESTRELLAS DEL SIGNO DE CÁNCER.

  En el año 325 se celebró el Concilio de Nicea en el que se estableció la fecha en la que debía celebrarse la Pascua de Resurrección que correspondería al domingo siguiente de luna llena tras el equinoccio de primavera (equinoccio de otoño en el hemisferio sur), que en ese año correspondía al 21 de marzo; se tenía en cuenta por tanto el calendario Juliano y las fases de la luna.

  Sin embargo, ya desde el siglo IV se tenía conocimiento el desfase existente en dicho calendario. El año duraba 365 días y 6 horas, cuando en realidad era de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 45 segundos, de tal manera que, con el paso de los años, la diferencia iba creciendo y las fechas oficiales establecidas para celebraciones litúrgicas se iban retrasando cada vez más.

Primera edición de las Tablas Alfonsíes.

    En Las Tablas Alfonsíes, realizadas por iniciativa del rey Alfonso X El Sabio (1281-1284), ya se menciona ese desfase. El monarca, gran estudioso de la astronomía, encargó a más de cuarenta astrónomos incluir en ellas las Tablas Astronómicas, en las que se plasmaron los resultados de una precisa observación sobre el movimiento y la posición de los cuerpos celestes y el zodiaco entre los años 1263 y 1272. El libro es considerado como el estudio astronómico más avanzado realizado en Europa hasta el siglo XVI.

  Los orígenes para el cambio de calendario ante el desfase producido se remontan a la ciudad española de Salamanca, donde en 1515 varios profesores realizaron un informe detallado en el que expresaban su disconformidad con el calendario Juliano.

  Este hecho no es muy conocido y hace años se divulgó gracias al trabajo de la profesora titular y especialista en Historia Moderna de la Universidad de Salamanca, Ana María Carabias Torres que en su libro Salamanca y la medida del tiempo, realiza una precisa y documentada investigación sobre el tema.

Salamanca y la medida del tiempo

  Aunque en el Concilio de Trento, celebrado entre los años 1545 y 1563 se apuntó la necesidad de tomar medidas en cuanto al ajuste del calendario, la Iglesia no hizo demasiado caso a este primer estudio, de hecho, hoy en día no se sabe dónde se encuentra el documento, sin embargo, la Universidad salmantina continuaría interesada en el asunto y en 1578 se redactó un segundo estudio en el que se argumentaba que al adelantar el año solar diez minutos y cuatro segundos al año litúrgico y además, tal como se afirmaba en las Tablas Astronómicas, cada ciento treinta y cuatro años se adelantaba un día, para arreglar ese desfase proponían dos soluciones: durante un año suprimir un día cada mes o quitar once días seguidos en cualquier mes; así volvería el equinoccio de primavera al 21 de marzo y se omitiría un año bisiesto cada ciento cincuenta y dos años.

  En esta ocasión, estas apreciaciones sí fueron tomadas en cuenta y el papa Gregorio XIII (1502-1585) creó lo que se conoce como la Comisión del Calendario, en la que, partiendo de los estudios de astronomía, se pudieran ajustar los tiempos con las correcciones adecuadas y adaptar el calendario solar con las celebraciones religiosas. 

Gregorio XIII

  Para ello el Pontífice contó con el asesoramiento de notables astrónomos como el germano Cristophorus Clavius (1538-1612), y el italiano Aloysius Lilio, también conocido como Luigi Lilio (c. 1510-1576), que han pasado a la historia como los verdaderos artífices del cambio. Aunque también participó Pedro Chacón (1526-1581), matemático y catedrático de la Universidad de Salamanca fallecido antes de instaurar el nuevo calendario al igual que Lilio, no se ha dado históricamente la importancia que se merecía a los hechos ocurridos en la ciudad castellana, anteriormente descritos gracias a la labor y los datos aportados por la profesora Carabias.

  El papa promulgó la bula “Inter Gravissimas” con la que se aceleró el proceso para instaurar el nuevo calendario que tomó el nombre del pontífice, eligiendo para su instauración un periodo del año en el que no hubiera muchas celebraciones litúrgicas para no tener que suprimirlas.

  Se estableció por tanto que, del jueves 4 de octubre de 1582 se pasara al viernes 15 de octubre, suprimiendo así diez días del calendario. Se determinó a su vez, que el inicio del año sería en adelante el día 1 de enero, no el 24 de marzo como ocurría con el calendario Juliano.

  A pesar de que la medida fue promulgada por una bula papal, no fue muy bien aceptada por muchos países, sobre todo protestantes y la anglicana Inglaterra, que lo veían como una imposición de la Iglesia de Roma, por lo que en un principio tan solo la adoptaron algunos países católicos como España, Portugal y Francia con sus colonias, prolongándose en el tiempo su implantación en otros lugares.

   Más adelante, otros estados católicos adoptaron el nuevo calendario, Alemania, Noruega y Dinamarca junto a otros países protestantes lo hicieron en 1700 e Inglaterra lo haría en 1752 país en el que provocó revueltas entre los trabajadores que pretendían cobrar el salario íntegro y no el que correspondía tras suprimir diez días. En Rusia, donde ya existía un desfase de trece días, se implantó en 1918 y en la Grecia ortodoxa en 1923, por citar algunos países.

Santa Teresa de Jesús. José de Ribera.

  El ajustarse al nuevo calendario traería como consecuencia algunos inconvenientes principalmente en cuanto a aspectos burocráticos; si hablamos de las personas que fallecieron el 4 de octubre de 1582, figurarían en el registro enterradas diez días más tarde, aunque fuera al día siguiente. Ese es el caso de Santa Teresa de Jesús (1515-1582), fallecida el 4 de octubre de ese mismo año y enterrada el 15 del mismo mes.

  Por otro lado, se produciría un impacto significativo en la vida cotidiana, fechas de contratos, liquidaciones y cualquier fecha ya establecida, tanto para la población en general como para la Administración y los asuntos de Estado, en los que había que aclarar con otros países con los que se establecían relaciones diplomáticas cuál era el calendario por el que se regían para ajustar las fechas.

MIGUEL DE CERVANTES Y WILLIAM SHAKESPEARE

  Otra de las curiosidades con respecto a este cambio de calendario es el hecho de la celebración el 23 de abril, establecido como el Día del Libro, como la fecha en la que se conmemora el día de nacimiento de William Shakespeare (1565-1616) y el día en que falleció Miguel de Cervantes (1547-1616), no del todo correcto ya que se descubrió que el gran escritor español murió el día 22 de abril y fue enterrado el 23. La curiosidad es que el calendario vigente entonces en Inglaterra, que profesaba la religión anglicana y no aceptaba el cambio, era aún el Juliano, por lo que el 23 de abril de 1616, en España era en realidad el 3 de mayo…Otra de las curiosidades de nuestra historia.

                                                                                         

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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