
«59 Segundos se convirtió en una entretenida pugna de broncas de bien “pagaos” en busca de El Dorado, la coartada del Infotainment»
El socio fundador de Globomedia José Miguel Contreras y Carmen Caffarel eran profesores de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y compartían actividad docente en el centro con Mario García de Castro. En el sector audiovisual se rumoreaba la decisiva aportación que tuvo José Miguel Contreras en el nombramiento de su compañera docente como directora general de RTVE y de la incorporación de Mario García de Castro (con un pasado también vinculado a Globomedia) como jefe del gabinete de la directora de RTVE. “59 Segundos” se estrenó el 4 de octubre de 2004 gracias al trabajo del consejero delegado de Globomedia, por cierto, gran amigo del entonces secretario de Estado de Comunicación del Gobierno Zapatero, Miguel Ángel Barroso (el que fuera marido de Carme Chacón) y del portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba.
Se pretendía trasladar del Parlamento a la TV los tradicionales debates entre el PSOE y el PP, pero ahora serían los periodistas los que ejercerían de portavoces de las posiciones de “socialistas y populares”. TVE en la era de Zapatero se convirtió en una televisión controlada por el equipo formado por Barroso, Contreras y Ferreras, se buscaba que en vez de los políticos la voz la tuvieran las franquicias mediáticas, se necesitaba en definitiva un producto que fuera un programa como La Clave de José Luis Balbín, pero con relato, ya nos lo advirtió Ryszard Kapuściński “El periodismo se acaba cuando la noticia se hace mercancía«.
¡Descarados ventajistas, pretendían compararse con el viejo programa!, en donde no se escuchaban ni insultos, ni interrupciones. Traían bajo el brazo un periodismo por “colleras” tan bien aprendido y practicado en la SER. 59 Segundos se convirtió en una entretenida pugna de broncas de bien “pagaos” en busca de El Dorado, la coartada del Infotainment, las claves del programa de Balbín, su brillantez, su cultura o la educación brillaron por su ausencia en el nuevo formato, un formato comprado a precio de oro y que tanto había costado conseguir en las ferias de medio mundo a los socios del señor Aragón.
En junio de 2005 una ley ministerial diseñada por Miguel Barroso dio lugar al nacimiento de La Sexta, abandonó la secretaría de estado dos meses después de publicarse dicha ley, una vez más conviene recordar que el consejero delegado del nuevo canal de televisión, José Miguel Contreras, había estado asociado a Barroso en algunos negocios relacionados con la comunicación e imagen de algunos políticos socialistas. La Casa de América fue el siguiente destino de Miguel Barroso. Para los informados me ahorro los comentarios, para los desinformados me ahorro las explicaciones. No nos hemos olvidado del cazurro, el director general de La Sexta Antonio García Ferreras, si no recuerdo mal, trabajó como profesor con Contreras en la cátedra de Carmen Caffarel en la Universidad Rey Juan Carlos, y por tanto también fue decisivo en el nombramiento de esta como directora general de RTVE. Era voz populi la destacada influencia de ambos en las decisiones del panorama audiovisual que se tomaban La Moncloa. No olvidemos que Mediapro, Jaume Roures demostró un gran interés en sus contratos con TVE (sobre todo en las grandes partidas que le reportaban las coberturas técnicas de los diferentes eventos) ¡AY LA BODA DE SU MAJESTAD FELIPEVI!
Ahora TVE recupera el mítico ’59 segundos’ para el prime time de La 1 con Gemma Nierga como presentadora. TVE busca de nuevo que en vez de los políticos la voz la tengan las sucursales mediáticas, edulcoradas con la presencia de algún tonto útil, (¿OS SUENA? Público, eldiario.es, infolibre…) en La Clave era habitual la presencia de verdaderas autoridades en la materia a DEBATIR. El 59 segundos de Barroso, Contreras, Ferreras & Friends, se pretendió lo contrario, sustituyendo a auténticos especialistas por periodistas, a los que solo les faltaba representante artístico o carné del partido (comentario que no comprendería Sheldon Cooper).
Ya hemos visto que en la nueva entrega de 59 segundos las claves del programa de Balbín, su brillantez, su cultura o la educación, tampoco han aparecido. En 2004 los amigos de la Moncloa utilizaron a TVE como un banco de pruebas, socializando perdidas y privatizando beneficios, de paso fogueaban a los futuros equipos de La Sexta, la mayoría sin experiencia en este tipo de formato de televisión. Mientras tanto la Susan Alexander (Ana Pastor) de Citizen Ferreras recibía clases aceleradas sin reparar en los gastos, para en un futuro no muy lejano ponerse delante de las cámaras.
La señora Caffarel puso a disposición de sus amigos los mejores equipos de TVE, pero la decisión de que el programa fuera puesto en parrilla a través de una productora motivó la desaprobación de parte del elenco de trabajadores de la cadena, acostumbrados al sistema de producción propia, y que consideraban que un programa así debía ser realizado en su totalidad por los responsables de la cadena pública. Xavier Fortes no abrió la boca, tampoco ahora, con el tiempo vimos como se convirtió en el “corre ve y dile” de Ferreras.
La espectacularización en la difusión de la información conlleva muchos riesgos para la veracidad y para la labor social que ésta tiene como alimento del sistema democrático. Los hilos de José Miguel Contreras han apostado de nuevo por entretener y agitar las emociones del público, en busca de la empatía, para ello no dudará en utilizar todas las técnicas del entretenimiento, entrando en el camino de la exageración informativa típica del infoentretenimiento, en busca de réditos comerciales (los suyos) y convirtiendo la información y los debates en mercancía.
La 1 ya no tiene el tirón político que tuvo en otros tiempos. Entonces ¿Qué se pretende ahora con la vuelta de un programa como 59 segundos? Llenar la bolsa. Hay dos tipos de programas informativos: los que buscan la audiencia a través del espectáculo y los que la buscan manteniendo el rigor periodístico y los principios éticos de la profesión. En los Principios generales de ética periodística promulgados por la UNESCO en 1980 ya se ponía en relación la necesaria tendencia a la objetividad en la narración de hechos y el derecho del público a la información, elemento básico para la comprensión del mundo: “La tarea primordial del periodista es la de servir el derecho a una información verídica y auténtica por la adhesión honesta a la realidad objetiva, situando conscientemente los hechos en su contexto adecuado, manifestando sus relaciones esenciales, sin que ello comporte distorsiones, utilizando toda la capacidad creativa del profesional, con el fin de que el público reciba un material adecuado que le permita formarse una imagen precisa y coherente del mundo, en la que el origen, la naturaleza y la esencia de los acontecimientos, los procesos y las situaciones sean comprendidos de la forma más objetiva posible”.

