
«El arte del Mosaico Florentino ha sido muy estudiado y documentado durante siglos y sin duda, para conseguir estas obras de arte hay que poner pasión»
La técnica del mosaico era ya utilizada en la antigua Mesopotamia, en las culturas acadia o sumeria como muestran algunos hallazgos entre los que destaca El Estandarte de Ur una caja con incrustaciones de lapislázuli, conchas y mármol datado entre los años 2900-3330 a. C.
En Grecia, en época helenística, se utilizó sobre todo en arquitectura como revestimiento de paredes, técnica que fue utilizada después por los romanos, fieles seguidores de la cultura helena, que la perfeccionan utilizándola tanto en villas privadas como en edificios públicos como las termas, profusamente decoradas con esta técnica. Además de los paneles de mármol como revestimiento, realizaron maravillosos mosaicos realizados con piezas pequeñas de vidrio, ónice o mármol llamadas teselas (opus tessellarum).

Los temas, aunque en un principio seguían patrones geométricos, fueron evolucionando con los años, realizando preciosos paneles con flores, animales, escenas mitológicas o de la vida cotidiana, que llegaron a ser verdaderos trabajos muy valiosos; muchos de ellos han llegado a nuestros días, sobre todo tras los descubrimientos de Pompeya y Herculano. Afortunadamente cada vez son más los hallazgos de estos mosaicos en todos los territorios que lograron conquistar; eran muy valoradas entonces y aún hoy cualquier hallazgo de este tipo nos sigue sorprendiendo.
Tras la separación del Imperio Romano entre Occidente y Oriente, el mosaico alcanzó gran esplendor en Bizancio, con la particularidad de cubrir algunas teselas con pan de oro, lo que los hacía más llamativos y vistosos.

En 1588, Fernando I de Médicis (1549-1609) creó la Galleria dei Lavori (Galería de los Trabajos), que más tarde se conocería como Opificio delle Pietre Dure (Fábrica de las Piedras Duras). Como buen representante de la rica e influyente familia toscana, mostró gran interés por las artes, esmerándose en buscar grandes artistas para crear obras de calidad, únicas y originales, es por ello que al reconocer la gran valía del arte del mosaico y con la intención de decorar de manera suntuosa la Capilla de los Príncipes en Florencia (Capilla Médici), mausoleo de la estirpe, decidió buscar a los mejores artesanos europeos para realizar los trabajos en dicha capilla con el arte de lo que se conoce como el Mosaico Florentino, llamado en italiano Commessi fiorentini, que procede del verbo latino committere, que significa unir, juntar.
En la capilla se emplearon mármoles y una riquísima variedad de piedras, jaspes, granito rojo, verde y amarillo, ágatas, pórfidos y alabastros procedentes de Sicilia, Córcega y otras partes de Italia.

No solamente se plantearán entonces los murales de mármol para las paredes, comienzan a realizarse verdaderas obras maestras como objetos de decoración, piezas para la Liturgia, muebles o joyas, empleando piedras semipreciosas de diversos colores.
Para realizar las magníficas piezas se dibujaba un diseño de lo que se quería representar en una plantilla de papel, se elegían las piedras adecuadas, se pegaban al papel y empezaba el proceso de corte con una precisión absoluta y de forma minuciosa con un alambre de hierro muy fino unido en sus extremos a un arco de madera de castaño; tras el lijado de las piedras que daban forma a la obra, se procedía a unir las piezas, aplanar la superficie con abrasivos y pulirla.

Esta técnica se conocía como “pintura sobre piedra” y el efecto conseguido es realmente así. Sorprende no solo por su belleza cromática y los contrastes de luces y sombras que también se consiguen, sino por el trabajo esmerado y perfecto y el resultado elegante y refinado que se aprecia al contemplar las piezas de cerca. Un trabajo extraordinario en el que se valora la gran precisión de los artesanos en todo el proceso, teniendo especial cuidado en ensamblar las piezas para no percibir las uniones que deben ser invisibles, algo que no sucede en el mosaico romano cuyas teselas son cuadradas y entre ellas se deja ver parte del cemento sobre el que se incrustan.
A partir de entonces el arte del mosaico en Florencia fue perfeccionándose y adquiriendo más popularidad, llegando a ser muy valorado dentro y fuera de las fronteras del Gran Ducado.

En 1737 la familia Médici, tras cuatrocientos años ostentando el poder en Florencia, queda sin descendencia y el poder pasa a la Casa Habsburgo-Lorena. La fabricación de obras de arte con esta preciada técnica continuó, siendo muy demandada por la monarquía y la aristocracia ya que las piezas realizadas eran altamente valoradas, exponiéndose en palacios y villas lujosas de toda Europa como en el maravilloso Palacio Real de Caserta (Reggia de Caserta) en la región italiana de Campania.
Tras la Unificación Italiana se realizaron importantes obras, algunas expuestas en el Museo del Opificio. Hubo cierto periodo de crisis durante el periodo monárquico, aunque siempre se ha trabajado esta técnica en los talleres artesanales en los que las creaciones se han ido adaptando a las distintas épocas; en este sentido las obras realizadas en el periodo Art Nouveau fueron muy solicitadas por la temática y tipología floral muy acorde con esta estética artística.

En las últimas décadas del siglo XIX además de la fabricación, se comenzó con trabajos de restauración no solo en Italia, también a nivel internacional.
El Museo del Opificio, creado en 1882 y remodelado en 1995 por Adolfo Natalini (1941-2020), es muy interesante. En él se hace un recorrido desde los orígenes de la creación de la técnica y los aportes de cada periodo además de poder apreciar todo el proceso de trabajo, desde la idea plasmada en el papel hasta la obra terminada; una visita que sumerge al visitante en la tradición y la historia en un ambiente lleno de belleza.
En los talleres se realiza una gran labor en varios campos, restauración privada y de los bienes histórico-artísticos, investigación y difusión.

Actualmente existen talleres artesanos dedicados a realizar estas piezas en los que se utilizan el mismo tipo de herramientas que al principio, por lo que sigue siendo un trabajo completamente artesanal. Son los descendientes de aquellos primeros talleres creados en el siglo XVI y en ellos se transmite con gran esmero la labor artesanal con un elevadísimo nivel de especialización.
Cabe mencionar el taller LASTRUCCI que siguiendo la tradición familiar hoy en día realiza unas magníficas obras de este arte florentino. Uno de sus creadores, Bruno Lastrucci aprendió en el taller de mosaico de Montici, propiedad del artista americano Richard Allmand Blow (1904-1983) que trabajó con importantes colegas de fama internacional cuyas obras se exponen en museos de todo el mundo.

El arte del Mosaico Florentino ha sido muy estudiado y documentado durante siglos y sin duda, para conseguir estas obras de arte hay que poner pasión.
Un trabajo minucioso, artesanal y muy preciado que como en tantas ocasiones pone de manifiesto la creatividad, la belleza y el buen trabajo de grandes artistas, autores del gran legado y patrimonio cultural en Occidente.

