Subnopop, música para un mundo desnortado. Por Teresita Ávila

 

¿Qué se hicieron las damas,

sus tocados, sus vestidos,

sus olores?

¿Qué se hicieron las llamas

de los fuegos encendidos

de amadores?

¿Qué se hizo aquel trovar,

las músicas acordadas

que tañían?

¿Qué se hizo aquel danzar,

aquellas ropas chapadas

que traían?

Jorge Manrique, (copla XVII) Coplas por la muerte de su padre.
Subnopop.

«La calle entera chilla tatuada y ofrece un menú diverso de mal gusto, de pintas desaseadas. Carencias que surcan riberas de aguas negras»

El medio es el mensaje, dijo Marshall McLuhan con razón. La forma supera al contenido en una pirueta efímera, como un chispazo eso sí, un fogonazo cegador. ¡Qué melancolía el recordatorio manriqueño del pasado esplendor, de aquellos ceremoniales cuyo horizonte consistía en la elevación —tan ligada a lo espiritual como material— e infusión de un respeto, de una aspiración a formar parte de esa escala ascendente! Y, aún más curiosa, la belleza que se resistía a sucumbir y brotaba perseverante en los tiempos liminares, cuando la certeza de saberse en la orilla del agotamiento, de las cenizas presentidas después de la derrota, era cuando sonaba más gallardo si cabe el canto de despedida entre los rescoldos y las ruinas. O tempora, o mores.

La indiferencia ha calado hondo y ha roto el hechizo, el embeleso de tantas posibilidades rechazadas antes de su parto. El triunfo de las vísceras hediondas se celebra y ocupa museos y exposiciones, por mucho que sugieran tenebrosos oficios de remotas ofrendas.  El futuro es vulgar, macarra y pretencioso. Y sus expresiones, que pretenden ser múltiples, solo revelan la unicidad del vacío. Se aprietan en torno a la centrípeta nadería que apunta directa al sumidero. El vuelo de la imaginación tomó tierra y se estrelló. La abundancia prometida resultó ser una fantasía sometida a la realidad del decrecimiento, a la pérdida, a la sustracción de recursos, e incluso a un empobrecimiento mental. Todo a un alto coste. Ironías de la vida, el discurso que aparentaba ser benefactor tomaba en realidad partido por un ropaje al que se le descosen las costuras a ojos vistas, se le cae a pedazos la dignidad y se llena de agujeros. La calle entera chilla tatuada y ofrece un menú diverso de mal gusto, de pintas desaseadas. Carencias que surcan riberas de aguas negras. Triste todo.

No sé cómo imaginaban ustedes, amables lectores, el futuro. Me había hecho ilusiones de que, como pertenecientes a la especie Homo sapiens, nos veríamos en una fulgurante posición, una Arcadia feliz donde prevalecerían la paz, la civilización, la justicia, la equidad, la compasión, la caridad por encima de la guerra, la barbarie, la injusticia, la parcialidad, la impiedad y el egoísmo. Un panorama desalentador se nos sirve, en cambio, en bandeja en el menú diario, en la cena y nos corta la digestión. Para ilustrarlo con un ejemplo, en cuanto gugleo «Guerra Mundial» ya hay varias noticias recientes en la web que abordan la posible escalada de un conflicto que arrase con todo. Oriente Próximo: un muy grave escenario de la actual Tercera Guerra Mundial (Okdiario); Así serán los terribles primeros minutos en una guerra nuclear (Diario de Ibiza); Pausa/Dónde podría empezar la III Guerra Mundial (y no es donde crees) (El Confidencial); Y el Diario de Ibiza insiste en el asunto ofreciendo una tabla de salvación: Estos son los 12 países más seguros si estalla una Tercera Guerra Mundial. Apañados estamos.

Don’t Look Up

La corrosiva y a la par divertida película Don’t Look Up [1] (distribuida por la compañía Netflix, inmersa en una demanda por derechos de autor) avisaba de la segura destrucción de nuestro planeta debido al impacto de un cometa gigante cuyo inequívoco itinerario lo conduce hacia aquí, en el plazo de seis meses. Nadie es consciente de lo que se avecina, solo una minoría. Y especialmente malparada se retrata a la clase política —obsesionada con sacarle rédito a lo inmediato y aferrarse como lapas a los privilegios— y a una prensa superficial que ha hecho del show business su prioridad.

En medio de estas incertidumbres y desolaciones, eventos simulados de diverso jaez —pandemias incluidas—, solo podemos entretenernos en la búsqueda de la banda sonora adecuada para esta movie distópica de la que somos protagonistas, o extras al menos. Así que me he dado una vuelta por You Tube para fisgonear qué tendencia sería la más adecuada y, voilà!, he hallado una mina: nada más y nada menos que una lista completísima de subnopop avanzado. No se me ocurre idea mejor que la de sumergirme y dejarme llevar por la corriente de aguas revueltas en las que convergen inarmónicamente lo hortera, lo insolente o desvergonzado, lo ocurrente —lo soez también—, habida cuenta de que ninguna gloria de clarines vendrá a deleitarnos en nuestro postrer momento, cuando las ojivas nucleares manchen estos cielos turbios, tanto como sus almas, las de los desgraciados que prosperan a costa de la ruina y de la muerte [2].

Ya lo predijo Simone Weil en La Ilíada o el poema de la fuerza que he conocido gracias a DDOOSS, Asociación de Amigos del Arte y la Cultura, de Valladolid. De ellos tomo prestado el fragmento que contiene el porqué de este laberinto sin salida, de los caminos errados por los que nos condujeron —ciegos guiando a ciegos— con algún asomo de esperanza de cuando en cuando.

A pesar de la corta embriaguez producida en el Renacimiento por el descubrimiento de las letras griegas, el genio de Grecia no ha resucitado en el curso de veinte siglos. Algo aparece en Villon, Shakespeare, Cervantes, Moliére, y una vez en Racine. La miseria humana es puesta al desnudo a propósito del amor en L’Ecole de Fenimes, en Médre; extraño siglo, por otra parte, en el cual, al contrario de la edad épica, sólo podía percibirse la miseria humana en el amor, mientras que los efectos de la fuerza en la guerra y en la política debían siempre estar envueltos de gloria. Quizá podrían citarse otros nombres. Pero nada de lo que han producido los pueblos de Europa vale lo que el primer poema conocido que haya aparecido en uno de ellos. Reconquistarán quizá el genio épico cuando sepan que no hay que creer nada al abrigo de la suerte, no admirar jamás la fuerza, no odiar a los enemigos ni despreciar a los desgraciados.

Es dudoso que esto vaya a ocurrir pronto.

 

 NOTAS_______

 [1] Demandan a Netflix y Adam McKay por violación de derechos de autor por ‘Don’t Look Up’ El autor William Collier, residente en Luisiana, afirma que el director y escritor ganador del Oscar plagió su novela, de la que McKay supuestamente obtuvo una copia hace más de una década.

[2] En lugar de moderar, de convertirse en un árbitro de la paz e impulsar un tratado que ponga fin al conflicto,

La UE ofrece un préstamo de 35.000 millones de euros para Ucrania utilizando los activos congelados de Rusia, según Von der Leyen

 

Teresita A.

Mi nombre tiene una historia detrás. La culpa no fue del cha-cha-chá -como cantaba Jaime Urrutia- sino de un "accidente burocrático". Nací en Logroño y pasé mi adolescencia en un lugar de cuyo nombre siempre me acordaré. Mis banderas son el humor cervantino y la retranca de Miguel Delibes -a quien tuve el honor de conocer, ya que soy autora de un libro cuya fuente exclusiva es su obra: Fórmulas de tratamiento en la narrativa de Miguel Delibes-. Las vocaciones -al contrario que las casualidades- existen y se persiguen, como los sueños. Y los míos siempre tuvieron en el foco darle a la tecla y escribir. Además, ejerzo como profesora en un instituto vallisoletano.

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