
«El episodio del Rapto de las Sabinas ha dado lugar a muchas leyendas y mitos que han sido representados no solo por pintores y escultores»
El Rapto de las sabinas constituye uno de los episodios más importantes de la historia de la fundación de Roma; episodio que tuvo lugar por iniciativa de Rómulo, uno de los gemelos fundadores de la gloriosa Roma.
La ciudad fue creciendo, sin embargo, debido a que la mayor parte de la población que se establecía en ella era masculina, latinos y otros pueblos itálicos, no había suficientes mujeres que aseguraran la continuidad de la estirpe. En un principio se pensó en buscar alianzas con los pueblos vecinos, pero no hubo éxito con esta iniciativa por lo que Rómulo decidió idear un plan para conseguir su objetivo recurriendo a la fuerza, encontrar mujeres para unirse con los latinos, procrear y asegurar la descendencia.
Así, durante las fiestas, de Las Consualias, dedicadas al dios Consus (protector de las reservas de grano) y creadas por Rómulo pensaron invitar a los vecinos sabinos y a otros pueblos vecinos, los mismos que anteriormente no habían aceptado la alianza.
Acompañando a su rey Tito Tacio, los sabinos acudieron a las fiestas en compañía de sus familias. Según el plan preconcebido, tras el inicio de los juegos, Rómulo debía hacer un movimiento con su manto que sería la señal para que sus hombres sacaran las espadas y comenzaran a raptar a las mujeres de los sabinos, obligando a los hombres a huir, lo que hicieron prometiendo venganza.
Según cuenta el gran historiador romano Tito Livio (¿?-17) sobre el Rapto de las sabinas, estos hechos no se realizaron con la idea de abusar sexualmente de las mujeres y causarles daño, sino que la intención era ofrecerles derechos civiles y de propiedad a través del matrimonio con los romanos. Fueron treinta las mujeres raptadas, todas ellas solteras y tan solo una casada llamada Hersilia, que se convertiría en la esposa de Rómulo.

Tal y como habían prometido los sabinos se produjo el enfrentamiento entre ambos pueblos; ante la crueldad de la guerra y el temor a que pudieran terminar asesinados tanto los sabinos, sus familiares, como los que ya eran sus maridos, las mujeres protagonistas de esta historia decidieron tomar parte y capitaneadas por Hersilia se interpusieron entre los hombres suplicando acabar con la masacre y pactar la paz, por lo que el episodio conocido como El Rapto de las Sabinas se transformó en una oportunidad de entendimiento, prosperidad para ambos pueblos y un estrecho vínculo que les beneficiaría.
Este episodio ha dado lugar a muchas leyendas y mitos que han sido representados no solo por pintores y escultores, también ha sido llevado al cine con varias versiones en los años sesenta e inspirando una de las películas más conocidas de los años cincuenta Siete novias para siete hermanos (1954).

Hay muchas representaciones pictóricas sobre el Rapto; una de ellas realizada por Francisco Pradilla (1848-1921), pintor excepcional al que, en mi opinión, quizá no se le ha dado la importancia debida. Su obra me interesó al conocer el gran cuadro (340×500 cm) titulado Juana La Loca, digno de un estudio minucioso en cuanto a la psicología de los personajes, el paisaje y una técnica extraordinaria.
Otra de sus magníficas obras es El Rapto de las Sabinas, que realizó para presentar a la Academia de España en Roma y optar a una de las plazas de pensionado, algo que logró además de la Medalla de Honor en la Exposición Mundial de París en 1878. Pradilla está considerado como el pintor aragonés más relevante después de Francisco de Goya; es muy interesante ver su evolución pictórica; su pincelada con los años se vuelve impresionista, como se aprecia en su último autorretrato.

En la obra de El Rapto, en el marco de un paisaje con un templo clásico, Pradilla representa escenas en varios planos en las que tienen lugar los hechos del mencionado episodio, siendo la escena principal la que muestra a tres figuras en el momento del rapto de una joven ante la desesperación de su madre que expresa su dolor al intentar alcanzarla. La influencia del cuadro del mismo nombre de Nicolás Poussin (1594-1665) expuesto en el Museo del Louvre impresionó al pintor y se asemeja al expuesto en París en aspecto como la figura del raptor y los ropajes de la mujer suplicando por su hija.

Jacques-Louis David (1748-1825) representará el acontecimiento de forma más caótica y con muchos más personajes, otra visión distinta, donde la tensión se capta hasta en la postura que adoptan los caballos y con la figura de Rómulo en primer plano portando el escudo dorado con la imagen de la Loba Capitolina y Hersilia, vestida de blanco que constituye el foco de atención de la composición, separando a Tito Tacio y Rómulo.

Otra versión pictórica sobre el famoso episodio romano la realizó uno de los pintores más conocidos en todo el mundo, Pablo Ruíz Picasso (1881-1973). En 1962 el gobierno ruso tras instalar bases de misiles nucleares apuntando a Estados Unidos, el presidente americano John Fitzgerald Kennedy (1917-1963) acudió al país caribeño y durante cinco días se produjo lo que se conoce como La Crisis de los Misiles que finalizó con la desmantelamiento de las bases en la isla. A partir de entonces el enfrentamiento entre Rusia y Estados Unidos provocó la Guerra Fría, periodo que tendría consecuencias en todo el mundo, ante la incertidumbre y el miedo de que pudiera producirse una nueva guerra con consecuencias devastadoras.

La preocupación por esta situación y la postura contraria a la guerra, llevaron a Pablo Picasso a pintar su versión sobre el Rapto de las sabinas con la que quiso reflejar precisamente eso, el miedo y el rechazo a la guerra.
En cuanto a la escultura sobre este tema cabe destacar la realizada por el escultor flamenco pero instalado en Florencia Jean de Bolougne (1529-1608), bautizado por los florentinos como Giambologna. La escultura, está situada bajo la arcada de la Loggia dei Lanzi, en la Plaza de la Signoria de Florencia, por expreso deseo de Francisco I de Médici (1541-1587) que quedó maravillado con la obra.
El grupo escultórico, realizado en un solo bloque de mármol, representa tres figuras entrelazadas mientras se produce el rapto; el romano con la espada, sujetando a la muchacha que intenta llevarse ante la horrorizada mirada de su padre, impotente y desesperado. La figura paterna es añadida en la parte inferior para compensar el conjunto y equilibrarlo; los cuerpos forman un todo que narra el episodio pero a la vez individualmente muestran la emoción que experimenta cada uno de ellos ante lo que está sucediendo, las miradas entre ellos están conectadas y crean un contraste con distintos volúmenes que se expanden en el espacio, aunque como crítica personal, los rostros no expresan el verdadero dolor en su máxima expresión que puede causar el hecho representado, sin embargo, como antes se menciona sí ocurre esto con los cuerpos.

El Rapto de Giambologna se enmarca dentro del manierismo, periodo que sigue al Renacimiento y que se caracteriza por el alargamiento de las figuras y la expresiones exageradas tanto en gestos y movimientos; el escultor utiliza lo que se conoce como la forma serpentinata (forma en espiral ascendente o de serpentina) con la particularidad de no tener un punto de vista único sino que está concebida por el autor para ser contemplada desde varios puntos de vista; al verla por todos sus lados se puede apreciar el movimiento ascendente y helicoidal del conjunto, con gran dinamismo y carácter dramático.
Algo más de nuestra historia en torno a la siempre fascinante historia de la grandiosa Roma.

