
«Sobre ruinas romanas y medievales, paseamos por la plaza de la Merced con historia sin descanso, romanticismo y belleza en la que se palpa la auténtica Málaga»
La céntrica y populosa Plaza de la Merced de la ciudad de Málaga fue donde los Reyes Católicos firmaron las capitulaciones y celebraron el primer acto de acción de gracias tras la toma de la ciudad en agosto de 1487. Tras el acto la comitiva real se dirigió a la desaparecida Puerta de Granada, integrada en las desaparecidas murallas para entrar en la ciudad y tomar posesión de ella; la zona por tanto era un arrabal de extramuros, en el que con la construcción de algunas casas se creó un amplio espacio que dio lugar a La Plaza del Mercado.
Se convirtió en plaza urbana desde 1489 al permitir los Reyes la instalación de un mercado que se celebraría una vez a la semana. En 1507 la Orden de los Mercedarios construyó en esta plaza su iglesia y convento bajo la advocación de Nuestra Señora de la Merced tras trasladarse desde una pequeña ermita cerca del actual santuario de la Victoria, lugar donde el rey Fernando el Católico (1452-1516) estableció su campamento durante los meses de conquista de la ciudad.

La Iglesia de la Merced dio nombre a la plaza, siendo reemplazado el edificio original en 1792 por otra construcción de mayores dimensiones que desafortunadamente fue saqueada y profanada y en parte destruida en los tristes sucesos de 1931, cuando se llevaron a cabo acciones irracionales que provocaron una terrible pérdida del patrimonio cultural en muchas ciudades españolas, archivos, iglesias, conventos, bibliotecas etc. Málaga fue enormemente perjudicada por estos hechos, fruto de una multitud irracional completamente desbordada. Varias cofradías que tenían sede en a Merced perdieron imágenes de gran valor y enseres profesionales siendo pasto de las llamas de la intolerancia, la iglesia fue demolida totalmente en los años sesenta.
La plaza albergó también hospederías y mesones como el situado en el solar del antiguo cine Astoria, el Mesón de Garci Fernández donde se recibía a los musulmanes que llegaban a la ciudad pero no podían instalarse dentro del recinto amurallado, situación que cambiaría tras la Rendición de Granada. Es en este solar donde hace muy poco tiempo se ha descubierto un importante hallazgo arqueológicos de varias épocas con enterramientos y restos cerámicos.
En el lugar donde se situaba el Convento de la Paz en el lateral norte de la plaza, se sitúan las conocidas Casas de Campos en cuya esquina hacia Lagunillas se encuentra la Casa Natal de Pablo Ruíz Picasso (1881-1973) donde vivió dos años para trasladarse a otro inmueble de la misma plaza, el número 17, antes de marchar a La Coruña en 1891.

Todo este lateral norte de la plaza fue construido por iniciativa de Antonio Casas Garín, ilustre e influyente personaje de la Málaga del siglo XIX. Los edificios dan singularidad a la plaza por su arquitectura armónica con bajos, tres pisos con balcones y áticos con ventanas. Diseñado por Rafael Moreno fue continuado por Jerónimo Cuervo (1838-1898), prestigioso arquitecto cuya aportación en la terminación de la fachada se asemeja a otros muchos inmuebles de la ciudad.
En el centro de la plaza se erige el Monumento al militar José María Torrijos y a sus cuarenta y siete compañeros fusilados en 1831 en las playas malagueñas de El Bulto, en la zona oeste de la ciudad, tras sublevarse contra el gobierno de Fernando VII (1784-1833). El irlandés Robert Boyd que también participó con el general por ser protestante está enterrado en el Cementerio Inglés de la ciudad.

El monumento se proyectó y construyó en 1842 y los restos de los fallecidos fueron trasladados desde el cementerio de San Miguel a la conocida plaza, entonces llamada Plaza de Riego, considerado como otro héroe de la libertad. Desde entonces este espacio urbano se ha erigido en abanderado del espíritu libertario, lugar simbólico del triunfo en la lucha por el cambio constitucional.
Sobre una cripta donde se encuentran los restos de los fusilados se alza un obelisco sobre dos cuerpos. Sobre el suelo el primer cuerpo con cartelas en bronce y uno superior en el que aparecen los nombres de los fusilados. El obelisco presenta coronas de laurel entrelazadas por sus cuatro caras también realizadas en bronce, una por cada una de los fallecidos; en su parte alta tiene una pieza desplazada como consecuencia del terremoto de 1884 que no se ha querido reparar.

Fue diseñado por el arquitecto municipal Rafael Mitjana (1869-1921) y se recaudaron fondos a través de donaciones y rifas por parte de los malagueños para contribuir a su construcción. En 1857 se formalizó su entorno rodeándolo con una verja que daba entrada al monumento funerario configurando el aspecto que presenta hoy en día.
La fachada frente a la que se encuentra la casa natal de Picasso se proyectó siguiendo la línea de las antiguas murallas. Desde que comenzó a construirse en la plaza se hallaron vestigios romanos, es muy probable que ese espacio fuera utilizado en época romana como foro, en cualquier caso, en toda la zona que rodea la emblemática plaza se han hallado restos de dicha época, sobresaliendo entre todos el Teatro romano, situado más hacia el sur, en otra en las calles que parte de la Plaza de la Merced, teatro escondido durante años con un edificio que se construyó a sabiendas que existían los restos romanos y que paradójicamente se llamó La Casa de la Cultura.
En uno de los laterales de la plaza, frente a la calle que se abre hacia el Teatro romano y la Alcazaba se construyó en 1913 el salón Victoria Eugenia que cerró sus puertas en 1968 y fue edificado de nuevo a finales del siglo XX, junto al cine Astoria y el Andalucía a sus espaldas, en la calle que va hacia el Santuario, esta zona constituyó un importante centro de reunión en los que el cine, con sus grandes carteles pintados a mano, era un entretenimiento fascinante.
A partir de este primer espacio abierto, la Plaza de la Merced fue creando vías a su alrededor creando el barrio de la Victoria cuyo nombre toma de la Patrona de la ciudad y que es conocido como el barrio del “Chupa y Tira”. El origen de ese nombre deriva del hecho que los vecinos que se asentaron en él pertenecían a la clase media malagueña a la que le gustaba aparentar ante la gente y la sociedad, para lo que había que sacrificar elevados gastos culinarios en casa, por lo que el plato base de las comidas era la típica y económica sopa de almejas con perejil que para comerla se chupaba el caldo con la concha a la vez que se titaba ya vacía.

En el siglo XVIII se ordenó la plantación de árboles en los cuatro lados de la plaza y un pequeño estanque en el centro y todo ello hizo que la plaza realmente comenzara a ser lugar de ocio para los ciudadanos. La plaza adquirió un estilo y personalidad propios tanto por la remodelación, la importancia de la iglesia de Santiago y el selecto vecindario que ocupó las calles cercanas, ésto la convirtió en un espacio urbano selecto en el que las relaciones sociales cobraban importancia.
En el siglo XX, con las ya bien diferenciadas clases sociales, la burguesía y clases más adineradas dejaron de frecuentar la plaza que empezó a tener un uso exclusivo para el pueblo, estableciéndose negocios populares donde el cante, el vino y el baile eran los protagonistas con largas tertulias que se hicieron cada vez más frecuentes.
En la actualidad, la Plaza de la Merced forma parte de un circuito cultural, cada vez más visitado por los turistas. Sobre ruinas romanas y medievales, una plaza con historia sin descanso, romanticismo y belleza en la que palpa la auténtica Málaga, una ciudad llena de vida, luz y alegría.
El magnífico pintor malagueño, Virgilio Galán Román (1931-2001) me contó hace años algunas anécdotas que vivió junto a otros pintores malagueños como José Guevara (1930-2017) o Gabriel Alberca (1934-2011) cuando visitaron a Picasso en París en 1957. En ese encuentro el famoso pintor malagueño les mencionó que él era del barrio del “Chupa y Tira” y recordó algunos episodios de su años en Málaga, entre ellos les hizo referencia a cómo recorría la barandilla situada sobre el banco que recorre todo el perímetro de la plaza haciendo equilibrio.
Quizá para alguien puede ser simplemente una curiosidad, sin embargo, a mi me llamó mucho la atención pues mi padre nos contaba siempre exactamente la misma historia, diversión que tenía junto a otros niños en la misma barandilla, por supuesto algunos años después, ya que también mi padre nació y vivió hasta su juventud en la histórica plaza malagueña, en la fachada frente a la que alberga la Casa Natal.

La Plaza de la Merced es por tanto para mi un lugar especial en el que siempre que la contemplo me invade inevitablemente el recuerdo de mi padre, fallecido hace dos años, que en sus paseos por Málaga siempre solía parar y sentarse en esos bancos, donde le gustaba recordar sus años de infancia. Alguna vez lo hicimos juntos… recuerdos, como a todos nos ocurre, que se llevan siempre en el alma.
Un lugar agradable en el que disfrutar de la bonita luz que a la hora del atardecer se deja ver tras el obelisco que la identifica.

