La Pintura de los días por MilaSoyyo y Álvaro dlH: Hoy «Charleston al anochecer»

¡MUY BUENOS DÍAS!

Hoy os traemos una obra de pintura que representa un lugar donde un diario hizo mella en sus protagonistas. ¡Sí!, os hablo de «El diario de Noah«, una historia de amor que se fraguó en aquellas calles de Charleston, una cuidad costera de Carolina del Sur, donde los fantasmas del pasado emergen encontrando el lado oscuro de la región, ya que fue el principal eje de comercio de esclavos. Podríamos adentramos en el Cementerio Unitario, el cual data de finales del Siglo XVIII. En este lugar dio comienzo la guerra  Civil Estadounidense, conflicto incitado por las distintas posturas ante la esclavitud, enfrentando a Norte y Sur entre 1861 y 1865.  

Podrás ver las plantaciones y sus casas tradicionales. Conocida como «la ciudad santa» debido a las numerosas iglesias que se encuentran en el lugar y alguna cosilla más. 

Cuento además con la participación de Álvaro dlH que nos ha escrito unos versos realmente maravillosos. Me ha dejado sorprendida y he de decir que cuando me dicen un… «espero llegar a la altura» pienso…»qué pequeña me quedo» y no obstante,  aquí seguimos ofreciendo lo que quisiéramos que fuese: Llegar a vuestros corazones aunque sea un poquito. ¡Vamos a ello!

Desmond O’Hagan. 1959, Wiesbaden, (Alemania). Se crio en Estados Unidos. Profesionalmente se dedica a la pintura desde hace  más de 35 años y actualmente reside en Denver, Colorado. Uso de óleo y pastel principalmente. Escenas urbanas, paisajes. Exposiciones en Estados Unidos, así como en Japón, China, Canadá y Francia. Maestro pastelista de la Pastel Society of America. En el año 2005, le incluyeron en el «Círculo de Maestros» de la Asociación Internacional de Sociedades de Pastel.

Desmond O’Hagan. «Charleston al anochecer» Óleo sobre lienzo.

«Charleston al anochecer» Por Álvaro dlH 

Calles que guardan huellas de antaño, 

colman el aire de historia y salitre frío; 

ventanas encendidas narran un extraño relato 

de luces y sombras que expira el río.

 

Se enciende un farol, luego otro, sin prisa,

rituales silentes sobre adoquines húmedos; 

trazos sueltos guardan una belleza imprecisa 

de un lugar que late en lo más profundo.

 

Los muros fluyen: gris, crema, oceánico

 y entre brochazos espesos se insinúa el pulso,

 un instante detenido, íntimo. urbano, 

así el crepúsculo surge, casi litúrgico.

 

Y mientras, las fachadas respiran al anochecer,

 recogen el murmullo del viento costero,

 traen promesas de encuentros por hacer

 y el latido líquido en su abrazo certero.

 

En las vetas del óleo, la ciudad asombra, 

un paso hacia el silencio, una vibración

 que pinta la nada con su propia zambra.

 

 Así veo un anochecer en Charleston, así creo que la pintó Desmond O’Hagan

«Charleston al anochecer» Por Mila Soyyo 

Charleston, entre sombras y campanas un murmullo sentí yo

y bajo farolas con o sin siglo, sus calles llevan ladrillo

de cicatrices rojizas, recordando pasos humildes

tan encadenados en aquél viviente pasado ¡Qué dolor!

 

Llega la marea besando las raíces de unos robles viejos 

gimiendo en silencio,  suplicando cerca, mirando entre dos,

la historia hace un eco continuo, semblante de musgo colgante

y unas cruces flotantes de aquellas iglesias que piden perdón. 

 

Suenan las campanas llorando recuerdos de barcos fantasmas 

trayendo los cuerpos, quitando los nombres en la plantación. 

 

¡Oh, tejados dulces! Con marcas tan hondas, cristal que ilumina

aquello divino, el pecado callado, un banco dorado, siento la luz.

 

Redención en las calles húmedas, 

 en el coro que agita tanta voz.

En la huella que pisa, hoy libre imborrable 

la memoria no olvida, deja aquél nubarrón.

 

Y mientras me dirijo al bar de la esquina

un suave viento siento conmigo, 

olor a incienso y aquél aroma es música en vivo

donde deduzco que los fantasmas dejan su sino, diciendo: 

 

Ciudad que se duele, arrullada se eleva y te canta

entre unas cadenas rotas y campanadas de amor y perdón.

***

Aquí pongo un punto y final, ya que de otra manera no acabaría nunca. Eso sí, no me marcho hasta que te de las gracias a ti, Álvaro dlH por tu extraordinaria composición. También tengo que agradecerte Manuel Artero, la confianza depositada en esta sección y la publicación de este artículo. 

Desde vuestra revista digital La Paseata os deseamos que tengáis un maravilloso día. Pensemos:  Aprendemos de nuestros errores para hacer un mundo mejor o seguimos regocijándonos por el mal que ha hecho otro sin ver el que estamos haciendo nosotros mismos. Va por ustedes, señores y señoras del gobierno ¡Humildad en las maneras y las formas! ¡Humildad de corazón! ¡Feliz jueves!

MMB 

Mila Soyyo

Nací en Madrid, hace ya unos años. Soy administrativa de profesión pero tengo claro que lo mío son los retos. Siempre aprendiendo, y disfrutando de todo lo que me gusta y me hace vibrar. De todo aquello en definitiva que consigue que sienta, de lo diferente, lo que no está escrito, lo que nadie espera y está ahí deseando que tu lo descubras... Y te aseguro por experiencia que llega.

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