El Jardín de las delicias. El Bosco. Por Susana del Pino

El Jardín de las delicias

«Con numerosos detalles y muy reflexionada, en la enigmática obra el Jardín de las delicias  se plasman los pecados y los vicios humanos»

    El Jardín de las delicias (220 x 389 cm) es una de las obras más enigmáticas del pintor de origen neerlandés Jheronimus van Aken, conocido como El Bosco (c. 1450-1516). Fue una de las obras más preciadas del monarca español Felipe II (1527-1598) y se supone que fue un encargo para la familia Nassau, dinastía de origen alemán establecida en Países Bajos.

  La obra es un tríptico en el que al cerrar las partes laterales aparece la representación del tercer día de la Creación, el principio de todo, cuando se creó el Paraíso al separar la Tierra de las aguas. 

El tercer día de la Creación.

  Lo que se puede apreciar con el tríptico cerrado está realizado en grisalla, una técnica pictórica que se realiza utilizando un solo color con diferentes tonos para resaltar los diferentes volúmenes, el pintor nos presenta la Tierra con mucha vegetación, tal y como se relata en el Génesis. En la parte superior izquierda aparece Dios sosteniendo un libro: las Escrituras que abriendo el tríptico se presentan al espectador, presentando así en la parte central, de mayor tamaño, El Paraíso terrenal, la humanidad entregada a la lujuria, en la parte izquierda el Paraíso tras la Creación y a la derecha El Infierno.  El pecado es el nexo de unión entre las tres obras del tríptico.

   El Bosco representa La Tierra como una superficie plana rodeada de agua ya que en su época aún se concebía así, pero no deja de ser curioso como el pintor la enmarca en una esfera redonda transparente. A cada lado aparecen dos inscripciones en latín del salmo 148 que dicen así: Ipse dixit et facta sunt que se traduce como Él mismo lo dijo y todo fue hecho eIpse mandavit et creata sunt”, Él mismo lo ordenó y todo fue creado. 

El Paraíso.

  La obra abierta es una explosión de color que suscita curiosidad y a la vez espanto. En la parte izquierda, el Paraíso se abre con un apacible paisaje de vivos colores donde aparece Dios (con la imagen que se identifica a la figura de Jesús) tras la creación de Eva, cuya mano sostiene en el momento en el que se la entrega a Adán que está sobre la hierba para que vivan en armonía, sin embargo, es sabido que tras pecar todo cambiará, algo que el pintor ha querido plasmar en el paisaje del fondo que  transmite cierta inquietud; a la izquierda de éste se encuentra El Árbol de la Vida, un drago, árbol exótico que El Bosco pudo haber conocido quizás por grabados, pero que se pensaba tenía propiedades curativas y se asociaba a la vida.

Los anfibios para poblar La Tierra. Detalle

  En la parte inferior derecha de la escena se abre un pozo del que van saliendo anfibios para poblar La Tierra; en la parte superior del cuadro, a la derecha, sobre una roca aparece el árbol del conocimiento del bien y del mal con una serpiente enroscada en su tronco; anfibios que salen del lago que aparece en la parte central se mezclan con bellos animales como un cisne, símbolo de la fraternidad, un conejo o una jirafa entre otros muchos. Los bestiarios (compendio de animales fantásticos con relatos e ilustraciones) y los libros de viajeros, como el que escribió el italiano Ciriaco d´Ancona (1391-1455) en el aparecían las ilustraciones de animales africanos como la jirafa o el elefante sirvieron de inspiración al pintor para plasmar tal variedad de animales, entre los que también se encuentra el unicornio. 

La Fuente. Detalle

  Lo que más llama la atención de esta parte de la composición quizás sea la fuente que aparece en el centro, alegoría a los ríos del Edén y que es el símbolo de la fertilidad y la vida. En la base de esta llamativa fuente, en una esfera, se abre un orificio dentro del cual aparece un búho que observa y que representa al ser humano que espera a ser condenado en contraposición al pavo real, situado detrás que simboliza la salvación.

   El Jardín de las delicias es la parte central que representa el mundo terrenal y da nombre a la obra. En ella personas totalmente desnudas hablan entre ellos gozando de los placeres de la vida, divirtiéndose y entregándose a las pasiones ajenos a todo y rodeados de elementos simbólicos.

El jardín de las delicias. Parte central

   La representación del desnudo en el siglo XV no se admitía, a excepción de figuras mitológicas, sin embargo, ante las nuevas ideas del Renacimiento y la aproximación de la cultura clásica que admiraba el cuerpo desnudo El Bosco se atrevería a pintar a los personajes completamente desnudos, aunque aludiendo a una intención moralista.

  Las figuras humanas se mezclan con animales que el pintor representa en diferentes tamaños, algunos de ellos exagerados al igual que ocurre con las frutas, la flora y la vegetación en general. Entre otros aparecen el madroño, que representa el placer fugaz; las cerezas que tienen cierto matiz fálico, la manzana que simboliza la tentación, las fresas o moras que son símbolos del amor. 

La esfera central. Detalle

  Todo es una exageración y gira en torno al erotismo, el exceso y la depravación con una actitud desenfrenada. En la parte central un lago en el que aparecen grupos de mujeres es rodeado por jinetes mezclados con otros animales que representan de nuevo pecados capitales como la lujuria. En la esfera central las parejas practican sexo como en otras partes de la composición.

  A la derecha del tríptico se representa el Infierno, denominado “Infierno Musical” por la gran cantidad de instrumentos de música que aparecen y que se utilizan para torturar a los que se dedican a la música profana, que son considerados pecadores. Se representan escenas verdaderamente atroces, valga como ejemplo la que representa una partitura sobre las nalgas de un hombre aplastado por un laúd. La figura del hombre-árbol representa al demonio.

El Infierno

    En este lugar no hay lugar para la esperanza, es aquí donde los pecadores reciben el castigo por los pecados, tema que El Bosco tratará en otra de sus obras, la original Tabla de los Siete Pecados Capitales, en la que aparecen dispuestos en un círculo central, rodeado éste por cuatro círculos que representan las Postrimerías (lo que espera al alma después de la muerte) y que igualmente resulta una obra singular. 

  En la representación del Infierno en el tríptico del Jardín de las delicias, varios elementos llaman la atención y no precisamente por su belleza, sino más bien por ser repugnantes; son escenas llenas de significado que encierran un papel moralizante, lleno de crítica e ironía. 

Los glotones aparecen desnudos. Detalle

  La figura situada a la derecha en primer plano es un horrible ser que come a los hombres avaros y los expulsa por el ano con lo que el pintor quiere representar el pecado de la avaricia; por otra parte, la envidia se representa con personas en agua helada y la gula dentro del tronco del hombre-árbol donde los glotones aparecen desnudos para ser servidos en la mesa con sapos y animales repugnantes.

    Los vicios castigados en la época se representan también de forma extraña, como es el caso del juego, en la parte inferior izquierda o la mala reputación y el desprestigio del que en ese momento gozaba la Curia eclesiástica, lo que el pintor de la Escuela flamenca representa con la figura de un cerdo que vestido de monja abraza a un hombre desnudo.

  Al fondo de la escena un voraz incendio devora las casas en un paisaje tenebroso y en el que las personas intentan salvarse, pero es el fin, la desesperación. 

Fragmento de El infierno

  A pesar de las críticas a la religión y a la Iglesia que se plasman en la obra, ésta representa las consecuencias, que, según la fe cristiana, origina la desobediencia a Dios; por otro lado, el tríptico puede ser el resultado del análisis de la mente y el comportamiento del ser humano. Sin duda, la interpretación es compleja y obedece a diversos criterios, pero en lo que los historiadores sí coinciden es en que constituye una obra maestra de la historia de la pintura, interesante para el estudio y que tras varios siglos continúa fascinando.

  Detrás de la pura apariencia, se plasman los pecados y los vicios humanos, sin duda una obra enigmática, atrayente y llena de simbolismo, con numerosos detalles y muy reflexionada. Cuando a finales del siglo XVI se trasladó a el Escorial fue denominado como…” una pintura de la variedad del mundo”.

                                                                                                         

                                                                                              

Susana del Pino

Malagueña y amante del arte, una de las pasiones de mi vida. Me gusta la belleza, la armonía y quiero siempre la verdad. Me siento afortunada y agradecida por muchas cosas, entre ellas haber viajado y conocido otras culturas que me han aportado tanto. Italia me fascina, nunca me cansaré de visitarla, siempre que regreso siento que una parte de mí se queda allí.

La vida es una oportunidad maravillosa para aprender, conocer, soñar, compartir, sentir... y siempre amar.

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