
«Esto va de pagar impuestos para pagar un “cupo catalán” que mantenga los privilegios de los que se están forrando con el cuento independentista»
Pretendía el Presidente del Consejo de Ministros muchas cosas en la reunión celebrada en Santander, pero… ninguna sucedió como él esperaba. La primera y principal era fomentar la división entre las comunidades autónomas regidas por el Partido Popular. Y pinchó en hueso. Sus palabras simplemente ya no llegan; ni siquiera llegan a los propios suyos que tampoco se le entregan con armas y bagajes en son de rendición. Y pasemos pues, a un somero deambular por la cita santanderina.
Para empezar: “El Palacio de la Magdalena” es un precioso sitio, en verano, pero a pesar de su belleza, casi pictórica y de documental de la televisión; en invierno lo podemos considerar un lugar inhóspito, frio y desabrido. Ya desde el minuto cero los asistentes se quejaban de ese frio húmedo de un lugar batido por el viento del norte, que junto a la sensación de humedad, se reflejaba en las fotos y videos que hemos visto. Ni el tratar de sonreír a la cámara o quitarse el abrigo para “la foto de familia”, consiguió enmascarar la frialdad del lugar y del clima.
Que les quede claro, a los genios de Moncloa, que el idílico lugar de esos cursos de verano, cursos que son más vacaciones pagadas para algunos de ellos, que un buen sitio para el cálido ambiente necesario para rebajar las frías posturas con las que se iba ya a la invernal reunión. Y si no, que le pregunten al presidente de Castilla La Mancha, el señor Emiliano García-Page, que se quejaba de incluso el frío que hacía en la sala de reuniones, con un: “ni un triste calefactor” para calentar sus extremidades inferiores.
Y con este frío ambiente, y la imagen sin sustancia ni composición amigable de la foto de familia, la presentación de los presidentes autonómicos, formados cual guardia pretoriana y distancias necesarias entre uno y otro, para que al pasar saludando el Rey y luego el presidente, la figura del primero no tapase la del segundo, que era lo que en realidad ponía en el protocolo la acción frente a palacio. Paseíto innecesario al sol mañanero, más frío que otra cosa, para las confraternizaciones y “presidentes al salón”, cual burladero de un festejo que no sirvió para nada.
Si se hubieran ahorrado el artificio de la puerta, para lucimiento del “inkiocupa de la Moncloa”, no tendrían que haber reducido el tiempo de cháchara de cada presidente a menos de diez minutos. Algo que no se cumplió, pues en diez minutos de parlamento no se pueden expresar los desastres de cada una de las regiones allí representadas. Desastres que no han venido solos, que no nos han caído del cielo, como pretende hacernos ver Sánchez; sino que han sido provocados por un sistema autonómico, muy guay desde fuera, pero muy traicionero desde dentro. No digo yo que la Constitución esté equivocada en el sistema, aunque lo esté, pero si digo que “la Constitución del 78”, está muerta porque la han matado, los que no la cumplen, los políticos, aunque eso sí exigen a los demás que la conozcamos y la cumplamos, o caeremos en las garras de la Justicia.
Lo cierto es que varios se pasaron de sus diez minutos, empezando por García-Page, al cual llamó al orden Sánchez, craso error por su parte, porque si lo que pretendía era separar y enfrentar a “los peperos”, no es la mejor política la de enfrentarse con los suyos. Y claro un helado hasta el tuétano manchego, que se quejaba desde antes del minuto cero y que iba a por todas las que pudiera, se convirtió en el primer encontronazo serio de la reunión. Los demás que se quejaban trataron de ajustarse, pero los que más tenían que decir: un Illa que quiso vendernos que el “cupo catalán” era bueno, en contra de la deslealtad de los demás, pinchó en hueso. No puedes tratar de convencer a los demás de que a cada catalán le perdonen los 1.000 euros de deuda que en este momento tiene con el Estado, mientras esos mil euros, más los que ya deben muchos los tienen que pagar los otros ciudadanos de este País.
En el otro bando, la mejor alocución de todas fue la de la señora Ayuso. Que con unas cuentas saneadas, sin deber nada más que lo técnicamente necesario, defendió que porqué cada madrileño iba a pagar los 800 euros que cubrirán el déficit de los manirrotos e irresponsables políticos separatistas y desafectos a esa Constitución de la que tanto hablan y tan poquito cumplen. Illa y Sánchez pretenden que quien con menos impuestos cumplen objetivos paguen la fiesta y de paso los demás no reciban nada. Porque en el fondo esto va de pagar impuestos, mejor dicho de confiscar los dineros que con tanto trabajo y esfuerzo los madrileños y los demás españoles conseguimos, para pagar un “cupo catalán” que mantenga los privilegios de los que se están forrando con el cuento independentista. Y ahí lo dejo.

