
«Los católicos debemos perder ese miedo y complejo que los amigos de Satanás quieren que tengamos. Debemos ser valientes, hablar claro y no arrugarnos»
Vive, se feliz, no piense en los demás, piensa en ti mismo, da igual lo que le pase a la gente, eso de ser católico e ir a la iglesia es de casposos, si eres católico di que eres no practicante, cree en Papa Noel y no en el nacimiento de nuestro señor Jesucristo.
Si no respetas lo que ellos, los seguidores de Satanás han vendido que tienes que respetar, eres un retrógrado, un antisistema, un verso suelto que hay que aislar.
Respeta todo, no protestes, sigue el camino que te marcamos y serás feliz, busca ser el primero en este mundo, abandónate a sus placeres monetarios y de otros modos, eso es lo principal. Desnaturaliza a las personas, crea géneros para que haya tal follón que nadie sepa ni quien es, separa, divide y así ellos vencen.
Y ante esto que podemos hacer los que somo apóstoles de Cristo, con nuestros pecados, pero poniéndose en sus manos, en las de Dios y la Virgen María.
Vivo en una sociedad que no me gusta, es una sociedad alejada actualmente de Dios. Mire hacia donde mire, veo que es mucho lo que hay que redimir: mucho que limpiar, mucho que cambiar, mucho que sanear. Ahí está el mundo de la infancia, de la juventud, de la vida matrimonial, de la ancianidad, el mundo de la educación, de la política, de la familia, etc., todos ellos con inmensos sectores de bautizados desnortados, viviendo de espaldas al Evangelio, produciendo, en consecuencia, frutos de muerte. No es necesario aportar datos.
Ante el estado actual de las cosas hay una pregunta inevitable, que los cristianos hemos venido repitiendo desde el día de Pentecostés: “¿qué tenemos que hacer, hermanos?” , pregunta que al hacérnosla hoy, en su dimensión social, se podría traducir por esta otra: ¿Cómo arreglar esto?.
Yo no sabría hacer una relación de todas las causas por las cuales hemos llegado a estar como estamos, y además, no me interesa demasiado, prefiero pensar en las posibles enmiendas.
Por otra parte tampoco es cuestión de dar soluciones concretas porque no creo que nadie tenga recetas mágicas para corregir tanto estrago, pero alguna vía de solución sí podemos vislumbrar.
Si no se trata de dar soluciones concretas para los problemas concretos, ¿de qué se trata entonces? Se trata de hacer un mundo nuevo, esta es la tarea.
¡Hacer un mundo nuevo! ¡Ahí es nada! ¡Menuda empresa! Ciertamente es un ideal que nos sobrepasa, pero no podemos aspirar a menos.
¿Por dónde se empieza? La respuesta nos la da la Iglesia: se empieza haciendo hombres nuevos, y la Iglesia no propone utopías. “La verdad es que no hay humanidad nueva si no hay, en primer lugar, hombres nuevos, con la novedad del bautismo y la vida según el Evangelio” .
¿Quiénes tienen que ser esos hombres nuevos? Nosotros, ¿Quién si no? Nosotros, que sabemos que Dios ama este mundo, nosotros que sabemos que Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él , nosotros, que somos los que hemos conocido y hemos creído el amor que Dios nos tiene.
San Pablo, en la Carta a los Romanos, escribió algo que a los cristianos nos debería espolear continuamente. Dice así: “Y no os ajustéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis distinguir lo que es voluntad de Dios, lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto” .
La cita admite pocas interpretaciones; dice lo que dice, que la renovación ha de venir por el modo de pensar. Por eso, antes de pararnos a ver qué podríamos hacer, hemos de considerar cómo debemos pensar.
Jesucristo distingue dos modos de pensar: como los hombres y como Dios. “¡Quítate de mi vista, Satanás, –le dice a Pedro- que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios!”.
¿Cómo queremos actuar bien si pensamos mal? Pues a nosotros se nos ha dado, por participación, la capacidad de pensar como Dios piensa. El primer fruto operativo de la vida de gracia es este: pensar como Dios.
Dicho así parece hasta irreverente, pero no hacemos sino repetir las palabras de San Pablo: “Nosotros tenemos la mente de Cristo” , les dice a los corintios.
Estamos llamados a decir la verdad y a vivir en la verdad, que es lo único que puede hacernos libres . Vivimos en un mundo de figuras de cartón, que rinde culto a las apariencias y a la mentira. Muchos de los problemas de esta sociedad nuestra dejarían de serlo si los cristianos ejerciéramos nuestra misión profética.
Hablar bien y decir la verdad es una manera de evangelizar.
No es la única, ya sé que evangelizar es hablar expresamente del misterio pascual de Jesucristo, a través del cual se nos muestra el amor que Dios nos tiene, pero ejercer nuestra misión profética hablando del bien y de la verdad acerca de los asuntos de este mundo no es extraño a la evangelización.
Esta tarea es primordialmente nuestra, de los laicos. El gran problema es que estamos ausentes del mundo de la cultura, de la ciencia, del deporte, de la política, etc.
En una conferencia dada en Murcia hace unos meses el cardenal Poupard se lamentaba de esto precisamente. ¿Dónde están hoy los cineastas cristianos, los poetas cristianos, los diseñadores de moda cristianos…? .
Los católicos debemos perder ese miedo y complejo que los amigos de Satanás quieren que tengamos. Debemos ser valientes, hablar claro y no arrugarnos. Como decía San Juan Pablo II, no tengáis miedo. Tenemos que decir la verdad, aunque volvamos a ser doce.
Aquí estamos de paso, perder unos años para ganar la vida eterna merece la pena. Satanás has perdido y lo sabes.

