
«La movida entre Íñigo y Elisa ha conseguido desviar la atención de lo principal captando cierta atención pública en España»
La movida entre Íñigo y Elisa ha conseguido desviar la atención de lo principal captando cierta atención pública en España, girando su tema en torno a la denuncia por agresión sexual presentada por la actriz contra el exdiputado y portavoz de Sumar y por tanto, de la superfeminista de chichinabo Yolanda Díaz.
Los hechos, según la denuncia, ocurrieron en septiembre de 2021 tras un evento público al que asistieron los dos por separado, seguido de una fiesta a la que Mouliaá invitó a Errejón porque según la muy pobre lo admiraba muchísimo. En la curiosa versión de Mouliaá, se describen tocamientos y besos sin consentimiento en una habitación cerrada a cal y canto a saber por quien y posteriores intentos de magreo no consentido en casa de Íñigo. O sea, que ella lo invito a la fiesta posterior al evento y una vez en ella, él la invitó a relajarse juntos yéndose sólitos a su casa y ella acepto. De verdad que no voy a entrar en analizar como están de amuebladas las lindas cabecitas de algunas cenicientas que confían en los príncipes azules y tal porque me daría la risa y muchísima pena al mismo tiempo. Del mismo modo, tampoco voy a entrar a desarrollar el asunto de sobre lo que esta rellena la cabeza de algunos que obviamente no piensan con el cerebro sino con el nardo, así que volvamos al asunto.

La denuncia provocó una ola de reacciones impresionantes como era de esperar, llevando a Errejón a anunciar su inesperada retirada de la política en octubre de 2024, y digo inesperada porque para esta gente estar imputado no parece ser un problema para seguir chupando del frasco, aunque como el asunto iba de faldas y se mezclaron con que si presuntamente consumía unido todo ello a comportamientos extraños según gente que revoloteaba a su alrededor y, sobre todo porque que estuvo liado con Rita Maestre, pues qué más queremos.
Posteriormente, el lío ha sufrido varios desarrollos judiciales con altibajos: inicialmente fue archivado provisionalmente debido a la baja por maternidad de la abogada de Mouliaá y después se reabrió tras el correspondiente recurso de la defensa de Errejón, quien sostiene poéticamente que la denuncia es «falsa». Ambos por fin, declararon ayer por separado y en tiempos diferentes, marcando así el largo proceso judicial al que probablemente asistamos hasta ver si tal o pascual.
Este caso ha generado un debate muy morboso por el protagonista masculino de la trama, no solo por su trayectoria como perroflauta burgués sino por el dichoso asunto del consentimiento, la ideologizada violencia de género, y la presupuesta (que no esperada) responsabilidad de los líderes políticos, destacando las dificultades y las falsas y aprovechadas sensibilidades por lo contradictorio del asunto y el marcó legal, el cual gracias a las feminazis locas del coño de turno, está más liado que la madeja de un gato a la hora de proceder a una denuncia por agresiones sexuales.
El asunto de estos dos figurantes además, ha puesto bajo palio de nuevo a los partidos políticos y sus mecanismos internos de coña para abordar tales acusaciones, cuestionando la transparencia y la ética en la política española contemporánea, cosa que al menos un servidor tiene bien claro que desde luego luce por su ausencia.

Así que llegado a estos términos aquí finaliza mi crónica de hoy sobre estos dos fulanitos los cuáles me interesan menos que el futuro de Joe Biden, es decir nada de nada pero bueno, como lo de la Fiscal Superior de Madrid dejando literalmente en bragas a su jefe, el fiscal “Alvarone” aún siendo como poco igual de morboso y cutre es más aburrido y seguro que interesa menos, uno que se debe a la rabiosa actualidad no ha podido más que echar si es posible unas paladas más de tierra sobre la tumba política de otro indeseable que al menos ya no tenemos que aguantar, políticamente hablando claro porque a mí y supongo que a la mayoría de ustedes, como si se la machaca con una puerta.
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Feliz día de San Antonio Abad.
Españazuela a 17 de enero de 2025.

