
«Las diferencias entre la estrategia de Trump y la de Sánchez y la izquierda española, reflejan un debate amplísimo sobre el futuro de la política en el mundo»
Mientras Donald Trump es la respuesta a un planeta en plena crisis existencial, la Izquierda española simplemente es un engranaje útil para quienes generan dicha situación. En un mundo tan podrido, la figura del magnate norteamericano se erige como un faro de luz, pragmatismo y resistencia frente al absurdo wokismo imperante en la política y en los medios de comunicación, aunque de estos hablaremos mañana. Decía que el wokismo / progresismo ha perdido el rumbo y la razón de ser, aunque en un artículo de opinión nada menos que en la propia BBC, hace unos días ya los diferenciaba siendo este un acto cobarde y una recogida de cable de lo más hipócrita. En nuestra Nación, Pedro Sánchez y la izquierda española sobreviven a su propia espiral populista desconectada de las verdaderas preocupaciones de la ciudadanía y eso provoca que solo los verdaderos conservadores es decir, los patriotas, recibamos a Trump como agua de mayo pues es de nuevo necesario que la primera potencia del mundo occidental marche con rumbo fijo libre de tibios y moderados volviendo a manos de un líder carismático.
Donald Trump a pesar de sus controversias, ha demostrado que no se amedrenta ante las convenciones establecidas. Su política exterior, protegerá los intereses nacionales de EE.UU., desde un necesario enfoque proteccionista muy celebrado por la mayoría de los trabajadores estadounidenses. No descubro nada nuevo si recordamos que la economía bajo Trump experimentó un importante crecimiento, con cifras de desempleo que alcanzaron mínimos históricos antes de la pandemia, evidenciando su capacidad innata para fomentar un entorno favorable para los negocios y el empleo.
Además, Trump ha sido un extraordinario defensor sin paliativos de la libertad de expresión y ha cuestionado el poder de ciertos tecnócratas progres y las empresas tecnológicas de su propiedad (las añoradas por Sánchez y la UE), promoviendo un debate sobre cómo las débiles democracias liberales europeas y la propia América deberían funcionar en la era digital. Su batalla cultural contra la «izquierda woke radical» nos ha conmovido a muchos que hemos sentido como nuestras ideas han sido silenciadas por la corrección política, la cancelación sistemática y el progresismo extremo. ¿Qué les voy a contar, verdad? Hoy vivimos en la Españazuela de Sánchez y de la extrema izquierda española la cual, aunque más desconectada y dividida que nunca arrasan con todo mientras disfrutan del poder a la sombra de los corruptos socialistas.
El felón y su coalición izquierdista en España se han desviado absolutamente de los principios tradicionales de la socialdemocracia ochentera. Bajo su liderazgo, el PSOE ha formado alianzas con quienes han desafiado la unidad constitucional, comportándose como un caudillo populista, más interesado en retener el poder y trincar que en abordar las necesidades de las clases más desfavorecidas a las que con una mano los da y con la otra los quita. La izquierda española, ha perdido su conexión con la clase trabajadora, enredándose en debates culturales y cuestiones identitarias que no resuelven problemas concretos como el acceso a la vivienda, el empleo o la calidad de vida. Estos partidos son incapaces de presentar un proyecto económico claro y sostenible, aunque son ideales para generar polarización incrementando con sus desmanes y desvaríos la falta de unidad en los temas fundamentales. Llegado a este punto, preguntarse si realmente representan los intereses de la mayoría de los españoles es de tolais.
Por todo esto, un enfoque realista de los problemas es lo que se necesita en vez de tanto idealismo desconectado de la realidad. Por eso mientras Trump aboga por políticas que muchos consideran centradas en la seguridad nacional y el bienestar económico inmediato, Sánchez y la izquierda española naufragan en un idealismo estúpido que nunca se traduce en políticas efectivas. La gestión de la pandemia, la crisis migratoria, y las controversias sobre la reforma educativa y la libertad de expresión en España son ejemplos claros de esta desconexión.

Recientemente nos quedamos perplejos ante la sensación de «alivio» que transmitió la izquierda tras la decisión de Sánchez de continuar como presidente, después de amenazar con dimitir, lo cual demuestra que dependen de la persona más que del proyecto político que finge representar. Por esto en este contexto sin pies ni cabeza, la reelección de Donald Trump es una nueva oportunidad para replantear las políticas globales desde una perspectiva más pragmática y menos ideológica. Cuanto bien le haría la guerracivilista izquierda española a España si aprovecharan el disgusto de la llegada de Trump para provocar un movimiento de reflexión profunda echando a Sánchez. Personalmente creo que es el momento propicio si quieren volver a los principios fundacionales de la socialdemocracia más centrada, aunque sea para fingir como siempre estar preocupados en el bienestar de la clase trabajadora y en políticas que aspiren a mejorar la vida de la gente pero, me huelo que seguirán atrapados en una retórica que para muchos, parece más enfocada en mantener el poder que en servir al pueblo como comentábamos ayer hablando sobre las crisis internas en el PSOE.
En fin que no los entretengo más, y que ya lo iremos viendo aunque las diferencias entre la estrategia de Trump y la de Sánchez y la izquierda española, reflejan un debate amplísimo sobre el futuro de la política en un mundo cada vez más complejo, donde decisiones prácticas y liderazgo fuerte son más cruciales que nunca aunque, al menos no me negarán que ver a la izquierda política y mediática berrear porque de nuevo viene el coco, no tiene precio ¡Jejeje!
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Feliz día de Santa Inés y San Fructuoso.
Españazuela a 21 de enero de 2025.

